lunes, 15 de septiembre de 2014

En defensa del federalismo




Miguel A. Megias

El Observatorio Venezolano de las Autonomías nació, hace ya unos tres años, como una iniciativa para auspiciar el estado federal y las autonomías municipales. Así al menos se declara en este blog, en la página titulada “Declaración de principios”:

“El Observatorio ... es una ONG (Organización No Gubernamental) cuyo propósito fundamental es el estudio y divulgación de temas relacionados con las autonomías políticas, el federalismo como forma de gobierno y mecanismo de distribución del poder. "

Tan preciados principios son tratados, desde sus diversas vertientes, por nuestros colaboradores y columnistas. Debemos insistir, ante los partidos políticos, ante otros grupos de opinión y ante el público que nos lee y nos sigue, que el federalismo pudiera bien ser el nuevo principio bajo el cual llevemos a Venezuela a un destino mejor. Propiciar las autonomias regionales es un buen antídoto contra el centralismo y los males que este acarrea.

Y este comentario viene a colación porque hay en Europa, en este momento, dos movimientos que tienden hacia un federalismo más o menos pronunciado. El primero, es el caso español -y mas concretamente, el caso catalán. Algunos partidos españoles, principalmente el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), urgen al gobierno central a renovar los principios que han regido a la España en democracia, desde la muerte de Franco y a raíz de la promulgación de la Constitución de 1978. Las fuerzas políticas, como salida ante le inminencia de un referendum para votar la independencia de Cataluña, ofrecen reescribir la carta magna para transformar “la España de las autonomías (comunidades autónomas)” en “la España Federal”.

Las diferencias entre gobierno autonómico y gobierno federal son sutiles y no se detallarán en este breve recuento. De hecho, hay escritores que afirman que “España ya es un estado Federal, con algunas inconsistencias (falta un senado territorial, por ejemplo)”. Tal pareciera que las comunidades autónomas tienen suficientes rasgos de independencia como para no requerir de mayor autonomía. Y sin embargo... la raíz del problema, como en muchos otros conflictos, está en la distribución de los ingresos, en los impuestos y en el disfrute local de los beneficios que las regiones generan.

Ahora se presenta un nuevo caso de federalismo en ciernes, esta vez en el Reino Unido de la Gran Bretaña. ¡Los escoceses quieren su independencia, al igual que los catalanes! La principal diferencia entre estos dos pueblos, en su lucha contra el centralismo, radica que en Escocia se llegó a un acuerdo negociado con la Gran Bretaña. En cambio, en España se declara que la celebración del referendum es “ilegal” y llevarla a cabo sería un desacato a la ley y por tanto, sus resultados serían nulos (en el supuesto que ganara el SI). Y se corre el riesgo, además, de que el propulsor de la independencia, el president Artur Más, pueda ir a prisión por desacato al Tribunal Constitucional.

El caso de Escocia es digno de estudio. Según Rafael Ramos, corresponsal de El País (España) en Londres “Pase lo que pase en el referéndum escocés del jueves, en Gran Bretaña ha nacido una revolución, la "revolución del tartán(1)". Es, en cierto modo, la versión británica de los indignados, de Beppe Grillo y Podemos, adaptada a la manera poco estridente de hacer las cosas que tiene este país. Es una revuelta de las regiones pobres del país contra Londres y el sudeste rico, de los votantes contra la clase política, una demanda generalizada de descentralización y poderes autonómicos, un grito contra el fundamentalismo financiero y el tipo de capitalismo salvaje que ha surgido de la globalización.”

Y agrego yo: de esa revuelta, “la revolución del tartán”, puede que surja un nuevo estado, Escocia, como nación independiente. O puede que no, ya que las opiniones de los ciudadanos están divididas y muy igualadas. Los indecisos, como en otras partes del mundo, serán los que decidan los resultados.

Amigos venezolanos: debemos tomar nota de lo que acontece en democracias más maduras que la nuestra. Tanto los catalanes como los escoceses reclaman y exigen trato justo de estados centralizadores y potencialmente “dominadores” del escenario local. Su lucha no ha sido fácil, está llena de obstáculos y dificultades pues quienes ejercen el poder raramente se despojan del mismo. Un buen demócrata es aquel que entiende que tiene límites, que sus derechos sólo llegan al punto en que tropiezan con la “nariz ajena”.

En los tiempos convulsos en que nos ha tocado vivir en este ex-paraiso tropical que fuera una vez Venezuela, poco o nada se debate sobre autonomías y federalismo. Mi impresión es que los principales partidos políticos (habrá alguna excepción, seguramente) tienen, al igual que el gobierno actual, vocación centralista. Desean el poder, ese es su objetivo, claro está, como en todos los partidos políticos del mundo. Pero un poder centralista, que no desean compartir con estados y municipios. Aunque no lo digan públicamente, en su ADN está llegar al poder para gobernar desde el centro, con sede en Caracas, y dejarle algunas migajas de la renta petrolera para que los estados y municipios la usufructen.

Cambiar ese esquema de cosas ha sido -y sigue siendo- la meta que nos hemos trazado desde este Observatorio. Si, como dice el gobierno, el petróleo es ahora “de todos”, ese “todos” debe incluir, principalmente a municipios y estados. Un gobierno central que sólo tenga atribuciones en cuanto al mantenimiento de la Fuerza Armada, las relaciones con el exterior y las regulaciones que sean necesarias para el buen funcionamiento de la nación, debe dejar en manos de los demás órganos de poder (estadal, munipal) todos los demás temas incluyendo educación, salud y seguridad (ver la imagen al inicio del artículo). 

Achicar el estado central y aumentar el poder de los municipios y estados, esa es la misión que qusiéramos alcanzar, desde luego por medios lícitos, democráticos y, aquí si viene bien la palabra, “por métodos revolucionarios”.

Para leer el artículo de Rafael Ramos, haga click aquí.

Nota: el "tartán" es la tela a cuadros usada en Escocia para la confección del kilt, el atuendo clásico de los escoceses, similar a una falda.