domingo, 19 de noviembre de 2017

¿La oposición hace “oposición” al gobierno?


Nelson Acosta Espinoza

Gobierno y oposición, nuevamente, intentarán llevar a cabo negociaciones con la finalidad de construir una salida a la crisis política que vive Venezuela. Santo Domingo será el escenario donde se llevará a cabo este encuentro entre las partes en conflicto. Las expectativas en torno el resultado de estas negociaciones no son muy optimistas. En principio, los fracasos anteriores hacen pensar que el resultado de este nuevo encuentro, lejos de facilitar una salida razonable a la crisis, pudiera profundizar aún más la grave situación política, económica y social que padecen los venezolanos.

En esta ocasión pareciera que el gobierno tiene interés en iniciar negociaciones. Desde su óptica, este sector posee algunas ventajas de naturaleza estratégica. Viene de derrotar a la oposición en las últimas elecciones de gobernadores. Y, en los próximos comicios municipales, se espera resultados que pudieran ser favorables a los candidatos del oficialismo. Igualmente, existe la necesidad de contar con cierto reconocimiento de la comunidad internacional. El gobierno afanosamente intenta acceder a los mercados internacionales con la finalidad de obtener financiamiento. Desde la óptica del oficialismo, esta ronda de negociaciones pudiera servir para alcanzar la legitimidad necesaria para acceder a los circuitos financieros internacionales.

La oposición, por su parte, no se halla en su mejor momento. De hecho se encuentra dividida. Por un lado, se tiene un bloque compuesto por AD, UNT y AP y, en el otro extremo, están situados PJ y VP. Es razonable pensar que los resultados de las elecciones el 6D profundizarán esta división y, desde luego, impondrán la necesidad de intentar un acuerdo con el gobierno que garanticen condiciones apropiada para la participación en las elecciones presidenciales. En otras palabras, esta nueva cita en Santo Domingo es vital para la oposición venezolana. En ella intentará alcanzar cambios en las condiciones de naturaleza electoral bajo la veeduría internacional.

Lo anterior fue una descripción apresurada de la coyuntura. Existen interrogantes que es necesario dilucidar para obtener una visión apropiada de lo que acontece en el país. Vamos a intentar formular y dar repuestas a algunas de esas incógnitas.

Un aspecto a tomar en cuenta tiene que ver con el discurso opositor. Formulemos algunas interrogantes. ¿El relato opositor expresa una diferencia sustantiva con el oficialista? ¿Logra alcanzar a los sectores populares de la población? ¿Los altos niveles de abstención en los sectores medios no expresan un rechazo al discurso opositor? En fin, ¿ha construido la oposición venezolana una narrativa que se diferencie sustantivamente a la que caracteriza al oficialismo?

Bien, amigo lector, entiendo que son complejas y provocadoras estas interrogantes. De hecho, son susceptibles a interpretaciones erróneas. En fin, voy a intentar diseñar una repuesta. Tarea nada fácil. Lo que viene, advierto, es un ejercicio simplificador con la intención de arrojar un poco de luz que derrumbe algunas penumbras de naturaleza política.

Una primera observación. Las dificultades de la narrativa opositora es resultado de su parecido sustantivo con el relato oficialista. Desde luego esta aseveración, a los ojos de muchos, puede parecer una blasfemia. ¿Qué intentó señalar? Veamos.

Hoy día un conjunto de investigaciones han llegado a la conclusión de que el cambio social implica obligatoriamente el cambio de marco cognitivo. Pero, ¿qué es un marco cognitivo? En forma sencilla se pueden definir como estructuras mentales que dibujan nuestro modo de ver el mundo. En otras palabras, conforman lo que los científicos cognitivos denominan el inconsciente cognitivo, “…estructuras de nuestro cerebro a la que no podemos acceder conscientemente, pero que conocemos por sus consecuencias, nuestro modo de razonar y lo que se entiende por sentido común”.

Puede parecer aventurado y, un tanto abstracto, pero considero que en lo básico oposición y gobierno comparte el mismo marco cognitivo. Más allá de repudiar las políticas gubernamentales, la oposición tiene una visión de naturaleza distributiva acerca del oficio de gobernar. Estructura narrativa que ha prevalecido en el país a todo lo largo del siglo XX y lo recorrido en esta centuria. Las diferencias entre estos actores políticos es de énfasis: distribuir y asistir predomina sobre producir. Las narrativas opositoras y gubernamentales, (inconscientemente en el caso de la oposición), operan con los mismos marcos que definen la manera de ver el mundo en ambos actores.

Desde el año 36 los grupos políticos se mueven al interior de la misma estructura discursiva. Las diferencias han sido de énfasis. El chavismo reivindicó y profundizó el discurso distribucionista de los demócratas.

Lo señalado suena extraño y un tanto abstracto. En forma sencilla lo que se intenta subrayar es la necesidad de elaborar un nuevo relato político que sustituya al vigente y muestre los pasos para alcanzar un futuro distinto. Una narrativa que tenga la capacidad de interpelar a la población desde nuevos marcos y, en consecuencia, constituya el nuevo sujeto político protagonista de la democracia ciudadana.

Desde luego llevar a cabo esta tarea no es fácil. Las divisiones que en plano electoral se están sucediendo constituyen una señal de las dificultades para salirse de las ataduras del viejo marco cognitivo.

Sin embargo, seamos optimistas. Es posible que a corto plazo seamos testigos del surgimiento de una opción política que rompa definitivamente con la vieja narrativa.

Sin duda, la política es así.-












Retornemos a los Fundamentos



Asdrúbal Romero

En estos tiempos de tanto desconcierto, sostengo que puede ser útil retornar a la revisión de los fundamentos que, a nivel de los países democráticos más desarrollados, se consideran las bases imprescindibles para alcanzar la idoneidad de la dinámica política que transcurre en ellos. Quizás, esta es mi hipótesis: podamos encontrar en dicha revisión parte de las causas que nos han traído hacia este escenario de severo desencuentro de las fuerzas opositoras y los ciudadanos –intra e inter-.

Cuando las cosas no andan bien, el equipo no gana, se dice en el argot beisbolero: “let’s go back to basics” –retornemos a los fundamentos-. Uno de ellos, cuando hablamos de procesos políticos, es el de la necesaria existencia y cohabitación de partidos cuyo funcionamiento sirva de soporte a una democracia siempre perfectible. Que los partidos son indispensables para el funcionamiento de la democracia es una verdad tan de Perogrullo, que algunos la utilizan para intentar acallar cualquier crítica que se le haga a los partidos bajo la acusación de ejercicio nocivo de la “Antipolítica”.

Los partidos políticos son necesarios, sí, pero no cualquier tipo de partidos. Las democracias exitosas han sido bien estudiadas. También los partidos políticos que les dan sustento a ellas. En un foro organizado en el contexto de la celebración de la FILUC, “Para seguir leyendo al País”, a raíz de una pregunta que se me hiciera en mi carácter de panelista, proponía que los estudiosos de las Ciencias Políticas acometieran una investigación. Que diseñaran un instrumento contentivo de todos aquellos rasgos deseables de funcionamiento que debieran ser satisfechos por los partidos políticos, que en nuestro ámbito nacional afirman estar comprometidos con un cambio de régimen y la construcción a futuro de una moderna democracia. En cada uno de estos ítems, una escala que permitiera medir cualitativamente el grado de cumplimiento por parte del partido bajo escrutinio del factor de deseabilidad en cuestión. Reconozco que es un proyecto ambicioso porque debería involucrar el examen de todos nuestros partidos, si ellos accedieran, extendido hacia todos los ámbitos regionales. El objetivo: obtener un ranking de aptitud de estas organizaciones, de cara al desafío que constituirá reconstruir una democracia donde los ciudadanos se sientan representados en los partidos.

El tema de la representatividad es fundamental. Desde hace muchos años, se ha reconocido, a nivel de toda Latinoamérica, que el principal obstáculo para la concreción de una agenda de democracia orientada hacia la ciudadanía es la crisis de representatividad de sus partidos políticos. Según el Latinobarómetro: en 2008 el 77% de los electores tenía ninguna o baja confianza en los partidos. En Venezuela, esta crisis hizo su erupción en la década de los 90 dando paso a la emergencia de esta pesadilla de la cual todavía no sabemos cómo salir. A muchos se les ha olvidado y recargan toda la culpa del surgimiento del fenómeno político del Chavismo en la “Antipolítica”.

En mi opinión, este es un argumento sobre simplificador de la realidad de aquel entonces. Una posición extrema que se contrapone a otra también extrema, y sobre simplificadora, que le achaca toda la responsabilidad a los partidos. Hoy día, vemos como esta confrontación maniquea entre el blanco y el negro reitera su presencia en el debate político. Se ha generado toda una corriente de opinión que les endilga toda la responsabilidad de la debacle electoral del 15 de octubre a los abstencionistas y a los ciudadanos que no sólo se dejaron, supuestamente, seducir por ellos sino que, además, tampoco se movilizaron a participar en las protestas de las semanas anteriores con la cuantía requerida. En simultáneo, otros tantos generadores de opinión recargan la tinta de la culpabilidad sobre los errores, incoherencias y traspiés de los líderes de los partidos aglutinados hasta ese evento alrededor de la MUD. Se me podrá acusar de un cómodo eclecticismo, pero es mi más sincera y profunda convicción que las dos corrientes no son disyuntivas, como algunos pretenden, sino contributivas en el sentido de que ambas aportan con su verdad parcial a la explicación de lo que ha venido aconteciendo en el mayoritario flanco opositor. Todos, partidos y ciudadanos, le hemos añadido ingredientes y condimentos a este caldo indigesto que no terminamos de hallar la forma de cómo digerirlo.

En ese “todos” debemos incluir a los cómodos ciudadanos que no terminan de entender que este descomunal problema que afrontamos es de todos y que ya basta de exonerarse de responsabilidades asignándole exclusivamente a los partidos la titánica tarea de resolverlo. Pero también hay que incluir a todas las fuerzas políticas. A las que salieron derrotadas pero que, sintiéndose arropadas por el argumento extremo de señalar como única causa de su derrota al abstencionismo, continúan en una endemoniada dinámica hacia adelante como si nada hubiese ocurrido. No han dado muestras de haberse detenido a pensar si su problema pudiera ser el de haber perdido la conexión con sus supuestos representados. Hablan de Unidad, Unidad, Unidad…, pero tampoco dan muestras de haber hecho esfuerzos en la dirección de cómo recomponerla. Y también son responsables, las otras fuerzas que ubicadas en la otra esquina del maniqueo boxeo blanco versus negro, pierden representatividad al no percibir los ciudadanos de a pie claridad ni concreción en la prometida ruta alternativa que nos conducirá al cielo –porque sí, ese día que hayamos salido del Régimen me sentiré como en el cielo-. Critican a los otros de haber acabado con la “calle” pero tampoco se muestran ellos con la potencialidad de organizar “su calle”, quizás porque tengan miedo de que a ellos sus supuestos representados tampoco les acompañen.

En definitiva, que estamos todos quedando muy mal como país. ¡Todos! Y que en este trágico escenario del desencuentro, parece evidenciarse, de nuevo, una crisis de representatividad de los partidos. ¿Qué hacer? “Let’s go back to basics”. Los partidos deberían hacerse un profundo examen de conciencia sobre si lo están haciendo bien como partidos. ¿Están trabajando en la consolidación de una organización celular que les proporcione cobertura geográfica a sus iniciativas estratégicas, más allá de lo mediático? Esto es fundamental de cara al reto de convertirse en un auténtico partido moderno. Estoy consciente de la dificultad de avanzar en este aspecto en el contexto específico del país como lo tenemos y las severas restricciones de financiamiento, pero aún con todas las limitaciones no se debería perder el norte de hacer todo lo que se pueda, y donde se pueda, para ir ganando terreno en esta dirección. Si al menos se hubiese avanzado en el ámbito de los bastiones opositores, otro gallo hubiese cantado el 15O.

¿Se está trabajando en la estructuración y fortalecimiento de los organismos funcionales? Esto es básico de cara a la instalación de mecanismos de articulación con la sociedad civil. Se necesitan urgentemente las fracciones partidarias de jóvenes, gremios profesionales, educadores, organizaciones obreras, universitarias, etc. Cada una de ellas haciendo política en su ámbito natural. ¿Cómo está funcionando la democracia interna? ¿Existe confrontación de ideas en el partido y se respeta su diversidad? ¿Se producen documentos sobre estas discusiones? ¿Se trabaja en el diseño de una visión estratégica compartida por todos los miembros del partido? ¿Cómo anda la formación de los dirigentes del partido a todos los niveles?

¿Se trabaja en el diseño de una narrativa política y los diversos instrumentos de comunicación para poderla permear hacia todos los ciudadanos en sus diversos niveles de formación? ¿Disponemos de mecanismos para elegir a los mejores para el ejercicio de las funciones públicas que el partido vaya a asumir? ¿Se han incorporado mecanismos meritocráticos para la designación de los representantes? ¿Se han creado las condiciones para que intelectuales, empresarios, en general ciudadanos con trayectoria en otros ámbitos no políticos pero con inquietudes, puedan incorporarse con cierta comodidad a las labores del partido?

Podríamos continuar postulando interrogantes como esta, pero no se trata de diseñar en este artículo el instrumento al cual hicimos referencia. Estamos conscientes, lo reitero una vez más, de que los positivos de las respuestas a todas estas interrogantes apuntan hacia un ideal muy difícil de construir habida cuenta de las nefastas circunstancias. ¿Pero al menos se tiene claro el norte de hacia dónde deben enfocarse las actividades del partido y se ha comenzado a trabajar en cada una de las áreas? Porque el quid de la cuestión es el siguiente: Tenemos por delante el formidable reto de reconstruir al país; y lo queremos hacer en democracia; necesitamos para ello de partidos idóneos con visión de modernidad. No se vale eso de que ahora tengamos partidos mediocres, chucutos, que luego, cuando lleguemos al poder, los vamos a reconvertir de la noche a la mañana en los partidos que se requieren en esa visión del gran país del futuro que pretendemos vender. En consecuencia: la gran pregunta que deberían hacerse al interior de todos nuestros partidos es si ellos ya se están preparando para funcionar como los partidos de esa vigorosa democracia que nos venden como en un sueño. A lo mejor, al calor de estas respuestas, a preguntas que quizás ahora parezcan como inoportunas, podamos conseguir algunas claves de por qué la representatividad de los partidos vuelve a estar siendo tan comprometida.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Construir una nueva narrativa política


 
Nelson Acosta Espinoza
Bien, nos encontramos en las semanas finales del año 2017 y a días para la celebración de las elecciones municipales. En esta ocasión, un sector político de la MUD (Acción Democrática, Vanguardia Popular y Primero Justicia) ha decidido no participar en estos comicios. Por otro lado, independientes y miembros de otras agrupaciones políticas han inscrito sus nombres como candidatos a presidir alcaldías en algunas regiones del país. En fin, el sector democrático, no ha asumido una posición unitaria en relación a estos sufragios. Ante esta circunstancia, no sería una sorpresa que el oficialismo gane la mayoría de las alcaldías del país.

En otros artículos he intentado reflexionar sobre la dificultad de los sectores políticos democráticos para leer en forma apropiada la presente coyuntura política. Sin ánimo de exagerar, en los pasados comicios, este sector se auto impregnó de una exagerada confianza. Se esperaba que la desastrosa situación económica y social que padecen los venezolanos actuara como catalizador de la voluntad del voto contrario al oficialismo. Circunstancia esta que operó como obstáculo para evaluar correctamente la capacidad operativa y fraudulenta del sector oficialista. Salvo algunas excepciones (Táchira, una de ellas) la campaña electoral se llevó a cabo en los términos tradicionales que han caracterizado estos eventos electorales. Su narrativa estuvo impregnada de un cierto racionalismo ingenuo que no alcanzó a tocar el corazón de los electores. Por ejemplo, el alto nivel de abstención pudiera ser explicado, parcialmente, como una conducta de sectores decepcionados que no fueron interpelados apropiadamente por la propaganda de los candidatos democráticos.

Desde luego, la situación descrita es mucho más compleja. Existen otros eventos que ayudan a comprender estos resultados. Sin embargo, en esta ocasión me voy a detener en una de estas variables que se ubica en el centro de un razonamiento que podría dar cuenta de lo acontecido y lo que está por acontecer electoralmente. Me refiero a una sobrevaloración de las circunstancias de naturaleza económica. Lo que habitualmente, en la jerga académica, se denomina reduccionismo económico. En forma breve, podemos definir esta opción como un criterio o formulación política que concede al factor económico primacía sobre los de cualquier otra índole. Irónicamente, esta desviación generalmente es observada en la conducta política de actores de procedencia marxista.

En fin, la dirección política de la oposición otorgó un alto valor a las circunstancias económicas que caracterizan la actual situación del país. Se esperaba que la combinación de inflación, alto costo de la vida, depreciación del salario, deterioro de la calidad de vida, delincuencia, corrupción, entre otras variables, conformaran un contexto favorable a las invocaciones políticas del sector opositor. En consonancia a este precepto, su narrativa electoral se posó sobre este supuesto y no abordó en forma apropiada las condiciones de naturaleza subjetiva y las particularidades de naturaleza regional. En otras palabras, no fue “mercadeada” apropiadamente la oferta electoral en el plano subjetivo. Es apropiado señalar que esta explicación requeriría ser enriquecida por otras variables que juegan en la dilucidación de lo acontecido en las pasadas elecciones. En un próximo escrito abordaremos esas circunstancias.

En el año 2018 se producirá las elecciones presidenciales. Las recientes experiencias electorales deberían verse como un aviso de lo que no se debe hacer en el plano electoral. Es imprescindible que la dirección política democrática haga un esfuerzo de autocritica y revise los criterios sobre los cuales se conformó la pasada unidad.

Un punto de partida podría ser despojarse de la tentación economicista. Entender que la crisis por sí sola no va a producir los cambios de subjetividad que se requiere para alcanzar la victoria en las presidenciales. Es imperativo, entonces, construir una narrativa alterna a la oficialista que interpele emocionalmente a los ciudadanos. La combinación de crisis económica y la subjetividad apropiada, a mi juicio, constituye la llave adecuada para poner fin definitivo a este desastre del socialismo del siglo XXI.

La política, sin duda alguna, es así.




¿Cómo terminará la función?


SIMON GARCIA.
Si no resultara un agravio a los amigos que han decidido no votar, escribiría un artículo que se titulara “Tu abstención es necesaria”. El predicado no requiere vueltas: potenciar un triunfo del gobierno y asestar una derrota mortal a la oposición.

Si los 2 millones 200 mil votantes que abandonaron a la MUD en octubre por negligencia cívica, malestar y decepción con su desempeño o insatisfacciones morales contribuyeron a que el fraude llegara más allá de su tradicional catálogo de trampas, no hay que tener una bola de cristal para ver lo que hará el gobierno con la decisión angustiada y desesperada de contingentes opositores que prefieren apartarse de la batalla electoral. Tienen sus razones, pero el costo ´será alto.

Todo indica que las direcciones de partidos con peso optan por esperar la derrota sin intentar evitarla o minimizarla. La cercanía de elecciones presidenciales incentiva anticipar los deslindes por candidaturas, pero no justifica dinamitar sus relaciones y ahondar sus divisiones. En tales circunstancias califico la decisión de participación de AP y UNT de heroica, no por adjudicarles virtudes, que las tienen igual que AD, PJ y VP, sino para subrayar sus empeños afanosos de nadar bajo un vendaval y contra la corriente.

El patriotismo de partido inclinará a los militantes de las organizaciones que no presentaron candidatos al ausentismo. Los comisarios del CNE en los Centros de Votación y los efectivos del plan república adoctrinados en la ideología roja actuarán el 10 de diciembre contra una línea defensiva desguarnecida. Los ciudadanos, de la MUD y fuera de ella, que vayan a votar por candidatos de oposición, tendrán que sacar músculo que hoy no tienen. A menos que las comunidades cercanas a los centros y la propia sociedad civil tomen en sus manos la resistencia al fraude, serán avasallados.

Buena parte de mis amigos que no van a ir a votar no son abstencionistas de doctrina o de interés político particular, tipo Vente. Se toman un taima en la lucha y concentran su energía en ajustar cuentas dentro de la oposición, afincándose en reclamos a un líder o un partido o que se jure que nadie se juramentará ante la moribunda Constituyente. 

No parecen ver las consecuencias políticas injustas y dañinas para el país y para la lucha de la sociedad democrática contra un Estado autocrático. La peor es inflar las posibilidades de perpetuación de Maduro.

Más acá de la nariz la conflictividad entre los partidos de la exMUD podría llegar incluso a bloquear toda iniciativa para recomponer alguna forma de acción conjunta en determinados espacios, conservando autonomía para desarrollar políticas competitivas en otros.

Se producirá una fuerte pulsión a convertir la desesperanza en la retirada hacia una vida sin mundanal política y tomará posición hegemónica la idea de que no hay salida. 

Quedaremos guindando de la fílmica irrupción del séptimo de caballería para poner en huida a los bandidos, en una de superhombres e indios.

Pero, la pregunta permanecerá, en medio de incertidumbres y tensiones, ¿quién se quedará en la cabina de proyección cuando termine esta función?

sábado, 4 de noviembre de 2017

Hacia la construcción de una nueva hegemonía política


Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores, el país se encuentra en una situación complicada. Pareciera que existe un desajuste entre la vida cotidiana y el sistema político. O, expresado en otros términos, la política no enuncia en su justa dimensión lo que acontece en la vida diaria de los ciudadanos. Por el contrario, esta dimensión de la vida colectiva va a contrapelo de la cotidianidad ciudadana. En otras palabras, los venezolanos enfrentan la crisis más profunda en su historia republicana. Y, sin embargo, no existe aún un relato que dé cuenta de esta situación y proponga una salida efectiva que permita superar este impase histórico. Quizá, esta ausencia constituya el signo inequívoco de la naturaleza de la crisis que soporta la nación.

Entiendo que estas afirmaciones son un tanto contundentes y, en cierto sentido, su generalidad no permite adentrarse con precisión en lo sucedido en los últimos acontecimientos políticos y electorales. Sin embargo, este distanciamiento me parece apropiado. Hay que tratar de discernir el sentido histórico de estos eventos para poder explicar sus resultados.

Formulemos algunas interrogantes. Quizá las respuestas a estas dudas permitan comprender la situación límite que padece la nación. Por ejemplo, ¿cómo esclarecer los últimos resultados electorales? ¿El ventajismo y otras argucias proporcionarían repuesta a esta interrogante? ¿Por qué los sufridos votaron por los responsables de su sufrimiento? ¿La elección de gobernadores, por ejemplo, abrirá sendas para la solución de los gravísimos problemas económicos, sociales y políticos nacionales? ¿Cómo explicar que en el marco de la crisis más profunda que ha vivido el país, sus responsables salgan victoriosos en esta contienda electoral?

Desde luego son preguntas complejas que apuntan a dos situaciones distintas. Por un lado, a la coyuntura. Vale decir, a lo que sucedió empíricamente. Por el otro, a su significación de naturaleza histórica. En el primer caso, ya se han elaborado los respectivos análisis y despejado algunas de las interrogantes formuladas al inicio de este breve escrito. En general los observadores coinciden en apuntar dos variables que explicarían estos resultados. Primero, el ventajismo clientelar utilizado por el oficialismo. Sin rubor alguno manipularon las necesidades de la población a través de los “puntos rojos” electorales, los “carne de la patria” y las bolsas CLAP. En otro ángulo, es necesario anotar la falta de vuelo estratégico de la oposición. Carencia esta que se evidenció en sus profundas diferencias y desconfianza que minaron la capacidad operativa de este grupo político. Desafortunadamente, en la actualidad, lo descrito tiende a profundizarse. Se observa una división alimentada a través de descalificaciones mutuas que desprestigian a este grupo opositor ante la opinión pública.

Ahora bien, ¿cuál es el sentido histórico de estos eventos? ¿Qué ponen en evidencia? Bien intentemos esbozar algunas reflexiones a partir de estas dos interrogantes. En mi opinión el país se encuentra bajo el imperativo que implica el cierre de un periodo histórico. Me refiero al lapso que se inició en el año 36 y que comienza dar muestra de agotamiento a finales de la década de los años setenta. Sobrevive artificialmente gracias a los aumentos sucesivos de la renta petrolera e inicia su clausura con el llamado socialismo del siglo XXI. En otras palabras, más allá de la actual coyuntura lo que se está poniendo sobre el tapate es el fin de una época y los síntomas del inicio de otra etapa histórica. Desde luego, para colocar el cierre definitivo al pasado se requiere de actores colectivos que comprendan esta peculiaridad histórica y, en consecuencia, elaboren el o los relatos que vayan construyendo un nuevo sujeto político sobre el cual apuntalar el futuro político del país.

Sin lugar a dudas, este es un proceso lento y complejo. Sin embargo, soy optimista. Estos últimos acontecimientos pueden servir de acicate para apresurar el surgimiento de estos nuevos relatos y sujetos políticos que inicien la construcción de una nueva hegemonía política en el país.

No tengo dudas, la política tiene que ser así.

MORIR VOTANDO.


SIMON GARCIA.
La ausencia de pedagogía política ha hecho estragos. Los partidos toman decisiones sin ocuparse de justificarlas ante el público. Dirigen sin crear conciencia.

AD, VP y PJ, el triangulo estrella de la oposición, decidió saltar a la abstención.Las direcciones de UNT y AP se niegan a seguir el camino que ellos señalan.

UNT y AP, tomaron una decisión heroica: buscar el respaldo de los ciudadanos para compensar la falta de unidad y sacar fuerza de ellos para defender la institución del voto. Hay que tener coraje para quedarse solos. Si logran convencer y emocionar a sociedad civil, le ganarán a la trampa. Y la gente, tomando la campaña en sus manos, le hará sonar una campana a sus dirigentes.

Algunos opositores buscan desviar la atención de esta crucial disyuntiva y llaman a organizar primarias para seleccionar un líder único y candidato presidencial. Se entusiasman quienes tienen aspiraciones de que el dirigente que apoyan sea el seleccionado. Y a su vez dicen que es anodino elegir el Alcalde que rige la vida de comunidades locales porque es irrelevante para el cambio político. Menudo invento!

La no participación se basa en el descubrimiento tardío de que el gobierno no proporciona condiciones justas a los procesos electorales. Debería añadirse que también las impone en otras actividades de la sociedad. El régimen nunca ha actuado obedeciendo a la Constitución sino asegurando la perpetuación de la “revolución”. A esa ventaja, característica esencial de su vocación totalitaria, no renunciará el poder actual.

Fundamentar la abstención en la existencia de condiciones injustas es un punto de partida erróneo. Ello implica armar otra voltereta hacia el desconcierto cuando esos partidos decidan dentro de pocos meses, participarcon similares condicionesen las anticipadas presidenciales de 2018. El régimen mantendrá hasta el final todos sus corta fuegos contra la democracia.

El gobierno nos lleva al modelo cubano sin partidos, elecciones libres y donde la gente votasin elegir. Y en la oposición, sin advertirlo, pavimentamos ese objetivo: renunciar al voto y decretar cerrado el camino electoral.

UNT y AP encabezan una rebelión cívica, llaman a la resistencia democrática a los electores. Apuestan a salir de Maduro por vía electoral: la clave es la votación masiva que la misma oposición obstaculiza cuando se abstiene.

A los ciudadanos les corresponde vencer el fraude. En una elección que tiene triple importancia: elegir la figura institucional más vinculada a la atención de los problemas cercanos a la gente; escoger la vía para salir del régimen y alcanzar espaciospara apalancar la lucha por el cambio político, desde abajo y descentralizadamente.

Si se le otorga una victoria a los abstencionistas se producirá un grave retroceso en la cultura democrática, se incrementará la desesperanza y crecerá la desconfianza en todos los partidos y líderes de la oposición.¿Quieren mejor desenlace para la perpetuación de Maduro en el poder?

Que nadie se frote las manos porque participar sin unidad es cuesta arriba. Nunca la lucha por la libertad ha sido cómoda, sin riegos, pérdidas, derrotas y sacrificios. Que nadie se alegra si llegan a doblar las campanas, porque lo estarán haciendo no sólo por los que vayan a votar.

jueves, 26 de octubre de 2017








Universidad de Carabobo
Cátedra sobre Descentralización y Federalismo "RAMÓN J. VELÁSQUEZ"

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO

CONVERSATORIO:
FEDERACIÓN, DESCENTRALIZACIÓN Y PERSPECTIVA DE CAMBIO DEMOCRÁTICO

Fecha: 31/10/2017
Hora: 6:00pm.
Salón: Juan Rulfo

PRESENTADOR:

Dr: Gustavo Hidalgo

MODERADOR:

Dr. Nelson Acosta Espinoza.

PONENTES:
Dr. Gustavo Correa
Dr. Argenis Urdaneta

domingo, 22 de octubre de 2017

La oposición no emocionó y tampoco convenció


Nelson Acosta Espinoza

Los resultados de las recientes elecciones de gobernadores deberían llamar la atención a la dirección política de la oposición. Desde luego, que esta es una afirmación obvia. Se pudiera calificar como una verdad de Perogrullo. Debemos suponer, entonces, que sus técnicos y analistas deberían estar abocados al analice de esos resultados. A intentar producir explicaciones que den cuenta o expongan con un cierto grado de certeza lo acontecido el día 15 de Octubre.

Sobre el tema han surgido diversas hipótesis. Una de la más generalizada es la que asume que se cometió un fraude de naturaleza electrónica. A esta explicación habría que añadir la que plantea los desplazamientos y reubicaciones. Y, para completar el cuadro, se añade el número de abstencionistas. Para estos analistas, la combinación de estas variables arroja luz para desentrañar las causas que darían cuenta de los resultados electorales del 15Oct.

En un cierto sentido y, de cara al futuro, el sector democrático se debate en torno a dos opciones políticas. Por un lado, se encuentran (a mi entender esta fracción constituyen la mayoría opositora) los que plantean no rendirse e insisten en la búsqueda de una salida electoral y política. En el otro extremo, se ubican quienes piensan en abandonar la participación electoral en su totalidad. Vale decir, abstenerse en las venideras elecciones municipales e, incluso, las presidenciales.

En fin como podemos observar no existe un acuerdo en relación a las causas que explique esta derrota electoral. Desde luego, las variables apuntadas en el párrafo anterior añaden ciertos “contenidos de verdad” en relación a lo acontecido en las pasadas elecciones de gobernadores. Sin embargo, pienso que estas razones son insuficientes y no dan cuenta, en forma satisfactoria, por la derrota electoral que sufrió el campo democrático en los comicios pasados.

Parece apropiado, entonces, formular algunas interrogantes y, desde luego, intentar responderlas. Por ejemplo, una de naturaleza teórica ¿la economía es suficiente para inducir la construcción de identidades políticas estables en el tiempo? En otras palabras, ¿cómo en una situación de escasez extrema; inflación que superará el 1200% y padeciendo la contracción económica mas severa en nuestra historia los candidatos del PSUV lograron obtener una victoria tan aplastante? ¿En otras palabras, ¿las “razones objetivas” son suficientes para obtener un triunfo electoral?

Entiendo que son interrogantes complejas. Un intento de esbozo de respuestas a las incógnitas anteriores, por ejemplo, pudiera ubicarse en la presencia de un “marco cognitivo” en el liderazgo opositor que le impidió comprender apropiadamente el papel que juega la subjetividad en la construcción de opciones políticas.

Los demócratas, a diferencia de los chavistas, apelaron a explicaciones de naturaleza racional. En otros términos, en la construcción de sus relatos políticos el destinatario del mismo no fue el sujeto primordial.

Voy a detenerme y hacer referencia brevemente a un conjunto de investigaciones y autores que abordan el papel de las emociones y de las percepciones en el lenguaje político y su repercusión política y electoral. Frank Luntz, autor del libro “Palabras que funcionan: No es lo que tú dices, es lo que la gente escucha”. Drew Westen “El cerebro político: El papel de la emoción en la decisión del destino de la nación” y George Lakoff “No pienses en un elefante”, entre otros. Todos ellos enfatizan un principio básico de la comunicación política. Proponen la necesidad de conocer y comprender bien la percepción final del elector respecto a la propuesta política. Esto último es tan importante, o quizá más importante, que el contenido de la oferta discursiva. En otras palabras, lo novedoso y que rompe con cierto racionalismo programático, es el concepto que postula, a mi juicio acertadamente, que el acento debe colocarse en la recepción y no en la emisión del mensaje. Una premisa de esta naturaleza implica, desde luego, una renovación en la construcción relato y en la forma de aproximarse el hecho electoral.

En fin, los demócratas están en la obligación de analizar estos nuevos desarrollos y colocarlos al servicio del diseño de sus estrategias comunicacionales. El chavismo, en las elecciones de gobernadores, dio muestra de un “aggornamiento” de su tecnología clientelar, distribucionista y populista. Desde luego, acompañado de un relato altamente emotivo y patriotero.

No son sencillas las tareas que deberá asumir la oposición de cara al futuro. Entre otras, tiene la imperiosa necesidad de reformularse y asumir las nuevas tecnologías que se derivan del avance de la neuropolitica. Adicionalmente sería apropiado elaborar un nuevo relato que interpele emocionalmente a toda la población.

Unidad y una nueva narrativa son las claves del éxito a futuro.

La política tiene que ser así.


El chavismo y sus metódicos retoques electorales


Gloria M. Bastidas*
Las elecciones regionales celebradas en Venezuela el pasado domingo 15 de octubre estuvieron manchadas por graves irregularidades. Por eso la imagen que nos muestra el Consejo Nacional Electoral (un mapa pintado de rojo: el color de la revolución) luce apócrifa. Digámoslo de esta manera: El chavismo ganó por efecto del photoshop. Los números que han puesto al gobierno a alzarse con la victoria de 18 de las 23 gobernaciones en liza están intervenidos por las poderosas manos del Big Brother, que todo lo sabe, como en la novela 1984 de George Orwell. Y que todo lo inventa. Observamos una imagen que en apariencia suena verdadera pero nos choca su halo postizo. Su falta de espontaneidad. El régimen logra el quórum porque los ciudadanos van sin garantías a un proceso electoral viciado. Para empezar: el árbitro es un apéndice del Partido Socialista Unido de Venezuela. ¿Ello qué significa tratándose de un régimen despótico y con sed de totalitarismo? Significa muchas cosas.

Significa que la oposición no tiene acceso al padrón electoral. La data es una caja negra: ello se presta para la usurpación del voto. Significa que 48 horas antes de la elección, por ejemplo, 700 mil electores que suelen votar en zonas donde tradicionalmente arrasa la oposición fueron transferidos por el CNE de su habitual centro de votación a otro sitio. La triquiñuela se llama el “ratón loco”: la gente se desconcierta por la jugada de última hora. Muchos desisten de votar porque los reubican en barriadas peligrosas o porque, sencillamente, les resulta complicado desplazarse hacia el nuevo centro, alejado de su zona de residencia. Significa que las condiciones para participar son cada vez más adversas: el Big Brother afina su técnica de maquillaje de la foto en la medida en que su popularidad se va erosionando.

¿Qué significa que las elecciones se hayan celebrado con un CNE parcializado? Significa que se eliminó el uso de tinta indeleble: un pequeño “detalle” que facilita que se produzca el voto múltiple: un elector puede sufragar varias veces. Significa que 900 mil personas fueron afectadas en su derecho al voto porque las máquinas supuestamente estaban averiadas. Algunos al final pudieron votar. Otros, no. La cuenta no está clara. Pero eso suma al photoshop. Significa que no se eliminaron de la boleta, como prevé la Ley Orgánica de Procesos Electorales, la tarjeta de quienes, en un principio, eran candidatos de la oposición pero que luego declinaron en favor del candidato de la Mesa de la Unidad Democrática. Este “descuido” del CNE arrojó 200 mil votos nulos, según la cuenta que saca el politólogo John Magdaleno. Votos que hubieran ido a las arcas de la oposición. ¿Qué importancia tiene un factor como éste? Citemos este dato: Nicolás Maduro le ganó a Henrique Capriles las elecciones presidenciales de abril de 2013 por 223 mil 599 votos. No es una nimiedad: las tretas que urde el CNE pueden llegar a definir quién gana una presidencial. Y en las regionales, sin duda, esto inclinó la balanza hacia el PSUV. El photoshop da dividendos. Ha habido una sumatoria de detalles. Todos ellos, juntos, nos remiten a la perspectiva del fraude.

Sabemos que la realidad es distinta a la que muestra el CNE: el rostro se llena de arrugas con el paso de los años: Ley biológica. Igual pasa con los gobiernos que lo hacen mal: envejecen de ineficacia y los ciudadanos se lo cobran el día de las elecciones: Ley politológica. Pero el Big Brother escribe su propio relato: se coloca al margen del escrutinio popular. Interviene la imagen. La retoca. La maquilla. La contamina de perfección. El photoshop chavista ha sido urdido de manera profesional. No se limita al día del acto electoral. El fraude es estructural. Fue gestado en cámara lenta y el 15 de octubre llegó a su clímax. Entonces nos topamos con unas cifras mágicas que colocan en la cima de la popularidad a un régimen que tiene 80 por ciento de rechazo. ¿Cómo es que un gobierno detestado por la mayoría se alza con el 78 por ciento de las gobernaciones? La respuesta: por la alquimia de números que el árbitro es capaz de fabricar.

Si no había condiciones, ¿por qué la oposición acudió a las urnas? El antecedente inmediato que tenía a la mano la MUD era el de las parlamentarias celebradas en diciembre de 2015. En esa contienda la alternativa democrática obtuvo, pese a todo el ventajismo del régimen, pese a que luchaba contra el Big Brother, 110 curules. El PSUV logró 55. ¿Qué ha pasado desde entonces? Que la élite chavista tuvo la certeza, no ya la presunción, de que podía perder. Y afinó la técnica del photoshop, que la venía practicando desde antes, pero que ahora se hizo más impúdica: introdujo, por ejemplo, la jugada perversa del “ratón loco”, copiada de la Nicaragua de Daniel Ortega. Suprimió, como dijimos, la tinta indeleble. Sacó a sus bandas armadas para boicotear el proceso. No, esta vez la dictadura ha ido más lejos: el CNE incluso le fabricó 2.066 votos al candidato del PSUV en el estado Bolívar, el general Justo Noguera, para que ganara. Robo a mano armada. Andrés Velásquez, el candidato de la MUD, tiene las actas que certifican su triunfo. Todas. ¿Puede el chavismo coronar un triunfo como el que anuncia el CNE cuando, según cálculos del FMI, la inflación llegará a 652 por ciento al cierre de 2017 y cuando el Producto Interno Bruto experimentará una contracción de 12 por ciento al finalizar este año? El relato no suena verosímil. Hay algo que no cuadra en esta felicidad matemática.

Ningún demócrata apela a cartas tan sucias. Los demócratas compiten. Los demócratas se baten en el ring sin el auxilio de dopajes que les proporcionen una victoria falsa. Los dictadores acuden al photoshop.

*(Caracas, 1963) Analista política. Periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

sábado, 14 de octubre de 2017

Nota luctuosa

 

El día martes 10 de los corrientes falleció en la ciudad de Valencia Miguel Ángel Megìas cofundador del Observatorio Venezolano de las Autonomías (OVA).

Miguel Megías fue profesor de la Universidad de Carabobo. Ejerció esta actividad con espíritu creador. Fue un estudioso versátil que exploró con éxito diversas tecnologías y áreas del conocimiento científico. Un innovador dotado de un espíritu creativo que invirtió en las diversas actividades en las que se desempeñó.

Ingeniero electricista con postgrado de la Universidad de Miami; premio nacional de innovación tecnológica; autor de un número significativo de adelantos en su campo de especialidad y dotado de un espíritu innovador que aplicó en todas las aéreas de su quehacer cotidiano.

Miguel, igualmente, fue un apasionado de la vida y ejerció su tránsito por ella con el mismo espíritu creador que aplico a la ciencia y tecnología.

A continuación reproducimos la nota escrita por el profesor Luis García, En ella se refleja la versatilidad y creatividad de este gran amigo que fue Miguel Ángel Megias.

Miguel Angel Megias

 

Luis Garcia
A veces el dolor que produce la pérdida de alguien tiene componentes circunstanciales, fortuitos que hacen peor el pesar, ese insoportable dolor y pueden hasta despertar un cierto sentimiento de culpa, porque pareciera asomarse alguna intención. Me dijeron de la muerte de Miguel Megías teniendo como fuente a alguien que no es del mundo académico, pensé, tal vez como iluso herido, que no era cierto. Además yo lo hacía en España, y no entendí como podía dar esa noticia, acompañada del silencio del mundo académico, esa fuente. Ya estaba herido por otra noticia, esta sí indudable, sin posibilidad alguna de ilusión de error, porque la daba el hermano del involucrado: había leído la nota en la que Nelson Acosta anunciaba la muerte de Rafael Acosta, a quien me uní muy estrechamente durante mucho tiempo, hasta involucrar a su padre en su relación conmigo. La noticia me hizo, a pesar de ser muy poco asiduo a esto de las redes sociales, a escribir una de verdad muy breve pero muy sentida nota sobre Rafael. Siento pesar, dolor, mucho dolor, culpa propia y hasta ajena en este caso de Miguel. Por eso me voy a extender.

Conocí a Miguel en un callejón de un espacio que había en la avenida Bolívar, un día que regresábamos a Valencia del IVIC junto con mis más estrechos amigos: Roel Sánchez y el Musiu Lazdins, a hacer lo que nos gustaba: inventar (todavía nos gusta -creo hablar por los tres-), porque un poeta loco, muy loco: el poeta Alcides, nos invitó a conocer a un Profesor de Ingeniería que inventaba cosas como las que a nosotros nos gustaba inventar. En ese callejón había una fiesta hippie en la que Miguel estaba probando un sistema de control de luces que funcionaba a partir de la música que se interpretaba. Además acababa de producir, dirigir y filmar, si no me equivoco con Nelson Arrieti, "Estallido", con aquella escena en que al poeta Alcides le explotaba una bomba en la boca inmensamente abierta con la que acostumbraba "El Conde Blue" (Alcides), igual que Miguel y Arrieti, decir y hacer todo lo que decían y hacían por la libertad; era un homenaje a lo que había ocurrido en Venezuela, en el mundo universitario con "La renovación", proceso que se incubó por varios años desde la Facultad de Ciencias y Letras y Filosofía de la Central. Yo había oído hablar de "La Renovación" en el IVIC, por mis compañeros estudiantes de Ciencias de la Central, bastante antes de oír de Daniel Cohn-Bendit o de Alain Krivine.

Después estuve muy cerca de Miguel, cuando la Apuc se convirtió en mecanismo de facilitación para que los profesores adquirieran lo último que había en PCs, de las que no puedo recordar su nombre probablemente por la asociación tan estrecha que en mi mente tienen esas computadoras y el amigo hoy ido (seguramente Asdrúbal Romero si las recuerda). Miguel organizó cursos para los profesores en la APUC y allí me enseño a manejar Ventura; el amor compartido por la precisión matemática nos cautivó y creo que somos (éramos, me he quedado solo) los únicos que con todos los avances en autoedición seguimos fieles a Ventura. Igual compartíamos conversaciones entre nosotros o con otros sobre los avances tecnológicos, cuando conversaba con Danilo Tasoni en el Ymica sobre los Gophers y hacia donde iba todo eso, o con Aldo Bianchi y Asdrúbal y el IEEE. Después igual nos acercamos cuando mi maestro Efraín Inaudi Bolívar (quien había sido mi instructor de Obstetricia 1 antes de irse a Uruguay a hacer esa cosa rara para nosotros en 1967 que era la Perinatología, y Alberto Sosa y sus colaboradores, intentaron colocar a la Universidad de Carabobo en la vanguardia mundial al integrar equipos trasdisciplinarios para resolver problemas que instituciones de punta a nivel mundial todavía no habían podido resolver: la muerte súbita del recién nacido. Le perdí la pista un tiempo a Miguel; sabía más de sus hijos a medida que crecían y de la madre de ellos, Dafny Giannitsopulos, poeta amiga. Lo reencontré cuando Miguel, una vez más, dio muestra de su disposición a hacer posible proyectos de otros como si fueran suyos: contribuyendo con la publicación de los jubilados y luego con el Observatorio Venezolano de las Autonomías en el que, una vez más, Miguel hace mucho más de lo que seguramente le pidieron, porque, si era posible, Miguel lo intentaba. Nos hablábamos con frecuencia, la última vez fue cuando por razones de salud de uno de mis hijos en 2016 anduve por Alemania y el estaba ya en España, me invitó a que nos encontrásemos en Valencia, España, para analizar bien lo de los Bitcoins y ver cómo podíamos hacer algo con eso. No pudimos hacerlo.

Miguel como me duele no haberme despedido de tí, seguramente habríamos hablado del hippismo, de "Estallido", de Alcides, del Taxímetro, del Monitor Fetal, de cómo impedir la muerte súbita durante el sueño de bebés recién nacidos, de como la APUC había logrado que muchos profesores pudiéramos adquirir nuestras primeras 286 y 386, y hacer tanta Academia con ellas, de como una pequeña empresa en Valencia podía colocarnos a la vanguardia ensamblando computadoras y facilitando el acceso a las PC, de como ya no se imprimía a 300 sino a 600 dpi y ahora a 4.600, de cómo Ventura "1", o "1,1", o "1,2" o "2" hacía avanzar el diseño gráfico, y ahora cuesta decidir que aplicación utilizar por su poder, de como un pequeño centro comercial podía publicar un periódico y así hacer conocer sus ofertas, lo que ahora se hace con las redes; y de tantas cosas más Miguel.

No entiendo porque me enteré tan mal de tu muerte, me culpo de no haberlo creído, me culpo de no saber que estabas en Venezuela, y no sé si culpar por no haber sentido el eco de la manifestación de dolor hasta hacer saltar el silencio, de una Universidad a la que le diste tanto y en la que le distes a tantos.

TODOS A VOTAR El DOMINGO PROXIMO

domingo, 8 de octubre de 2017

Elecciones de gobernadores: ¿Oportunidad para construir una nueva hegemonía?


Nelson Acosta Espinoza

Bien, en circunstancias especiales se celebrarán el próximo domingo las elecciones de gobernadores. Califico así a este acontecimiento, habida cuenta de las diversas irregularidades que han presidido la convocatoria de este evento electoral. Por mencionar algunas, recordemos a los alcaldes y magistrados presos y perseguidos y, desde luego, al significativo número de jóvenes que permanecen detenidos. 

Es en el marco de estas circunstancias restrictivas que se llevarán a cabo estas elecciones de gobernadores. Desde luego, a todo evento es necesario participar y, así, mostrar el rechazo al gobierno socialista de Nicolás Maduro. En otras palabras, expresar el descontento con el gobierno a través de sufragar por los candidatos a las gobernaciones de la oposición. Sostengo que esta es una oportunidad para acentuar la agonía de esta forma de dominación política.

Debo advertir que con esta posición no se está desmereciendo los atributos de los diversos candidatos que participarán en esta contienda. Sus “charreteras” son bien merecidas. Sugiero, si, que las pongan al servicio de la confrontación con el gobierno central y, desde luego, irradien las nuevas ideas que servirán de base para la construcción futura del país.

Esta última observación es vital. ¿En qué sentido? Lo que se intenta trasmitir es lo siguiente. Hemos llegado al agotamiento de un modelo cultural y político que ha prevalecido en el país a lo largo del siglo XX y los inicios del XXI. En otras palabras, no solo el régimen se encuentra en agonía terminal, sino la forma de hacer política que ha prevalecido a lo largo de este periodo histórico.

Voy a intentar teorizar sobre este aspecto. Espero poder expresarme sin desviaciones teóricas e intelectuales. Veamos, si lo puedo lograr. ¿Cómo se podría caracterizar el momento actual? Bien la ciencia política la definiría como una situación donde existe déficit de hegemonía y, en consecuencia, exceso de dominación. Ahora bien, ¿cómo interpretamos esta afirmación?

En principio señalemos lo siguiente. Hegemonía y dominación constituyen variables de la ecuación del poder. Cuando se ejerce la primera, desaparece la segunda. Una fuerza política es hegemónica cuando es capaz de enlazar armoniosamente su propuesta con el “sentido común de las masas”. En otras palabras, un proyecto es hegemónico cuando articula los procesos culturales, particularmente los de la vida cotidiana, con su ejercicio del poder.

En la historia política venezolana Acción Democrática logró hegemonizar el naciente dispositivo democrático. En sus inicios, esta agrupación procesó apropiadamente la dimensión cultural de la vida política. En otras palabras, trascendió la idea de partido y adquirió la consistencia de un sentimiento. A tal punto que ser venezolano y adeco llegó a evocarse mutuamente. De ahí su poder y al mismo tiempo sus debilidades. Con el transcurso del tiempo se burocratizó y perdió esa conexión con el alma popular, dejando al descubierto un espacio político que aún no ha sido hegemonizado. Ahí reside, en mi criterio, unas de las aristas fundamentales de nuestra crisis política. Déficit de hegemonía, exceso de dominación.

Por su parte, el socialismo del siglo XXI es dominante, pero no es hegemónico. No ha podido transformarse en un sentimiento de alcance nacional. Todo lo contrario, su estrategia intentó dividir a la población en dos grupos mutuamente excluyentes. Ejerce la dominación mediante políticas implementadas desde el aparato estatal. La de AD, en sus inicios, fue una revolución construida desde abajo, la del PSUV es instrumentado desde la cúspide del petroestado. La combinación de coerción y represión viste su ejercicio de dominación.

¿Cómo construir la nueva hegemonía? ¿Cuál ha de ser su sujeto histórico? ¿Qué discurso será capaz de interpelarlo? Preguntas vitales. Las respuestas, de ser adecuadas, constituirán la base de la nueva democracia en Venezuela. 

Un punto de partida: prestar atención a la Venezuela profunda y sustentar “lo que se va a decir para ser escuchado y lo que hay que escuchar para poder hablar”.

Espero que los candidatos demócratas asuman este humilde consejo.

Sin duda, la política es así.





Nuevo comportamiento político.



Luis Ugalde.
La frustración y la agonía del dominante régimen dictatorial son irreversibles. Cuanto más se prolongue, más doloroso será el final para todos, incluso para el propio partido de gobierno. Lo mejor que puede hacer Maduro es renunciar y abrir la puerta a la reconstrucción democrática con una transición pacífica y negociada.

Pero no solo el régimen está en agonía terminal, sino que una forma de hacer política durante décadas requiere de inmediata sepultura. No nos referimos al chavismo, sino al país entero que desde el siglo XIX ha hecho y tolerado (con honrosas excepciones) una “cultura política” muy negativa. Por ejemplo, en las recientes primarias de los demócratas podemos decir que 90% del comportamiento fue excelente, pero hubo un 10% que indignó al país y nos recordó lo peor del pasado prechavista. Hace falta un nuevo comportamiento político en los partidos, en la sociedad civil, en sus empresarios, organizaciones, universidades…

Erradicar la tolerancia con el cáncer de la corrupción. El desastre es tal que hay que arrancar de raíz la monstruosa corrupción de la cúpula chavista (la mitad del millón de millones de dólares se lo robaron entre la corrupción e ineptitud, con beneplácito de sus seguidores). Desde hace siglos prevalece la idea de que al llegar al poder es de inteligentes y vivos repartirse el botín, sin escrúpulos morales. Corrupción aceptada por los simpatizantes con tal de que repartan y dejen robar. El poder es para disfrutarlo; lo del poder como servicio queda para los mítines y los discursos patrios. Es absurdo –piensan– que el poder se deba someter a la Constitución y a la voluntad de los ciudadanos. Si además se tiene la fuerza de las armas, se rechaza toda forma de control institucional.

Combatir la ilusión de la riqueza rentista. Ha hecho un inmenso daño la falsa idea de que somos un país riquísimo y que nuestro problema no es producir más, sino que el gobierno reparta la abundancia existente. Ese fue el éxito inicial y la ruina del chavismo. Solo hay riqueza consistente cuando sale de la producción y talento de los venezolanos porque se dan la mano la educación formadora y la empresa productiva.

Eliminar el clientelismo que coloca en cargos a sus seguidores sin exigir capacidad; como lo vemos en incompetentes fracasados que en dos años han ocupado cuatro ministerios.

Los nuevos (y renovados) líderes políticos no se pueden quedar en protestar como opositores y repartir el botín al llegar al poder, poniendo los intereses del partido por encima del bien del conjunto del país.

Diálogo, negociación y democracia. Venezuela no puede rescatar la democracia sin diálogo entre todos los ciudadanos y sin negociar los puntos estratégicos imprescindibles para salir de la actual dictadura. Por eso los demócratas no pueden ir a la negociación como vergonzantes, de noche y a escondidas. El problema no está en participar, sino en saber qué exigir y qué defender como absolutamente irrenunciable. Sería una verdadera vergüenza que el diálogo para restablecer la democracia y la Constitución empezara reconociendo la constituyente creada por esta dictadura para matar la democracia y la Constitución vigente. Evidentes y previas a toda negociación son algunas exigencias constitucionales:

1) Pleno reconocimiento de la AN elegida y de sus responsabilidades constitucionales, la separación de los poderes públicos y su renovación constitucional. 2) Libertad de presos y exiliados políticos. 3) Estricto cumplimiento de la agenda electoral conforme a la Constitución. 4) Apertura a la ayuda humanitaria internacional en medicinas y alimentos por la grave emergencia nacional.

En estos puntos básicos tenemos pleno apoyo de medio centenar de países democráticos del mundo; y, si los difundimos y defendemos con claridad y coraje público, los convertiremos en la bandera movilizadora de todos los venezolanos demócratas.

Formación humana, dinámica empresarial y producción económica. Para que Venezuela sea reconstruida hay que cambiar el modelo económico y promover la iniciativa emprendedora, libre y ciudadana con cuantiosas inversiones nacionales e internacionales, con todas las garantías jurídicas. Pero el comportamiento empresarial no ha de ser lo que fue (y es) en muchos casos de seudoempresarios recostados en el rentismo estatal incompetente. Necesitamos un empresariado convencido de su responsabilidad e importancia estratégica en el combate de la pobreza, que es imposible sin generar oportunidades de buen trabajo productivo para 14 millones de venezolanos. Ello exige, por otro lado, una profunda transformación de todo el sistema educativo orientándolo hacia la creación de la riqueza con el talento y la formación humana honesta. La empresa no puede seguir entendiéndose como el campo de batalla que enfrenta como enemigos al capital y al trabajo, sino donde ambos se complementan y benefician en la lucha contra la pobreza, el atraso y la improductividad parasitaria.

¿Y los militares? Deben sacar las consecuencias de algo que está a la vista y repudiar esa política de reparto del botín que ha hundido a Venezuela y en la que algunos de ellos han sido los principales actores y beneficiarios. Eso sin mencionar el narcotráfico que ha envilecido todo.

La masiva votación del 15 de octubre será un paso adelante para obligar a la salida democrática del gobierno dictatorial.