domingo, 22 de octubre de 2017

La oposición no emocionó y tampoco convenció


Nelson Acosta Espinoza

Los resultados de las recientes elecciones de gobernadores deberían llamar la atención a la dirección política de la oposición. Desde luego, que esta es una afirmación obvia. Se pudiera calificar como una verdad de Perogrullo. Debemos suponer, entonces, que sus técnicos y analistas deberían estar abocados al analice de esos resultados. A intentar producir explicaciones que den cuenta o expongan con un cierto grado de certeza lo acontecido el día 15 de Octubre.

Sobre el tema han surgido diversas hipótesis. Una de la más generalizada es la que asume que se cometió un fraude de naturaleza electrónica. A esta explicación habría que añadir la que plantea los desplazamientos y reubicaciones. Y, para completar el cuadro, se añade el número de abstencionistas. Para estos analistas, la combinación de estas variables arroja luz para desentrañar las causas que darían cuenta de los resultados electorales del 15Oct.

En un cierto sentido y, de cara al futuro, el sector democrático se debate en torno a dos opciones políticas. Por un lado, se encuentran (a mi entender esta fracción constituyen la mayoría opositora) los que plantean no rendirse e insisten en la búsqueda de una salida electoral y política. En el otro extremo, se ubican quienes piensan en abandonar la participación electoral en su totalidad. Vale decir, abstenerse en las venideras elecciones municipales e, incluso, las presidenciales.

En fin como podemos observar no existe un acuerdo en relación a las causas que explique esta derrota electoral. Desde luego, las variables apuntadas en el párrafo anterior añaden ciertos “contenidos de verdad” en relación a lo acontecido en las pasadas elecciones de gobernadores. Sin embargo, pienso que estas razones son insuficientes y no dan cuenta, en forma satisfactoria, por la derrota electoral que sufrió el campo democrático en los comicios pasados.

Parece apropiado, entonces, formular algunas interrogantes y, desde luego, intentar responderlas. Por ejemplo, una de naturaleza teórica ¿la economía es suficiente para inducir la construcción de identidades políticas estables en el tiempo? En otras palabras, ¿cómo en una situación de escasez extrema; inflación que superará el 1200% y padeciendo la contracción económica mas severa en nuestra historia los candidatos del PSUV lograron obtener una victoria tan aplastante? ¿En otras palabras, ¿las “razones objetivas” son suficientes para obtener un triunfo electoral?

Entiendo que son interrogantes complejas. Un intento de esbozo de respuestas a las incógnitas anteriores, por ejemplo, pudiera ubicarse en la presencia de un “marco cognitivo” en el liderazgo opositor que le impidió comprender apropiadamente el papel que juega la subjetividad en la construcción de opciones políticas.

Los demócratas, a diferencia de los chavistas, apelaron a explicaciones de naturaleza racional. En otros términos, en la construcción de sus relatos políticos el destinatario del mismo no fue el sujeto primordial.

Voy a detenerme y hacer referencia brevemente a un conjunto de investigaciones y autores que abordan el papel de las emociones y de las percepciones en el lenguaje político y su repercusión política y electoral. Frank Luntz, autor del libro “Palabras que funcionan: No es lo que tú dices, es lo que la gente escucha”. Drew Westen “El cerebro político: El papel de la emoción en la decisión del destino de la nación” y George Lakoff “No pienses en un elefante”, entre otros. Todos ellos enfatizan un principio básico de la comunicación política. Proponen la necesidad de conocer y comprender bien la percepción final del elector respecto a la propuesta política. Esto último es tan importante, o quizá más importante, que el contenido de la oferta discursiva. En otras palabras, lo novedoso y que rompe con cierto racionalismo programático, es el concepto que postula, a mi juicio acertadamente, que el acento debe colocarse en la recepción y no en la emisión del mensaje. Una premisa de esta naturaleza implica, desde luego, una renovación en la construcción relato y en la forma de aproximarse el hecho electoral.

En fin, los demócratas están en la obligación de analizar estos nuevos desarrollos y colocarlos al servicio del diseño de sus estrategias comunicacionales. El chavismo, en las elecciones de gobernadores, dio muestra de un “aggornamiento” de su tecnología clientelar, distribucionista y populista. Desde luego, acompañado de un relato altamente emotivo y patriotero.

No son sencillas las tareas que deberá asumir la oposición de cara al futuro. Entre otras, tiene la imperiosa necesidad de reformularse y asumir las nuevas tecnologías que se derivan del avance de la neuropolitica. Adicionalmente sería apropiado elaborar un nuevo relato que interpele emocionalmente a toda la población.

Unidad y una nueva narrativa son las claves del éxito a futuro.

La política tiene que ser así.


El chavismo y sus metódicos retoques electorales


Gloria M. Bastidas*
Las elecciones regionales celebradas en Venezuela el pasado domingo 15 de octubre estuvieron manchadas por graves irregularidades. Por eso la imagen que nos muestra el Consejo Nacional Electoral (un mapa pintado de rojo: el color de la revolución) luce apócrifa. Digámoslo de esta manera: El chavismo ganó por efecto del photoshop. Los números que han puesto al gobierno a alzarse con la victoria de 18 de las 23 gobernaciones en liza están intervenidos por las poderosas manos del Big Brother, que todo lo sabe, como en la novela 1984 de George Orwell. Y que todo lo inventa. Observamos una imagen que en apariencia suena verdadera pero nos choca su halo postizo. Su falta de espontaneidad. El régimen logra el quórum porque los ciudadanos van sin garantías a un proceso electoral viciado. Para empezar: el árbitro es un apéndice del Partido Socialista Unido de Venezuela. ¿Ello qué significa tratándose de un régimen despótico y con sed de totalitarismo? Significa muchas cosas.

Significa que la oposición no tiene acceso al padrón electoral. La data es una caja negra: ello se presta para la usurpación del voto. Significa que 48 horas antes de la elección, por ejemplo, 700 mil electores que suelen votar en zonas donde tradicionalmente arrasa la oposición fueron transferidos por el CNE de su habitual centro de votación a otro sitio. La triquiñuela se llama el “ratón loco”: la gente se desconcierta por la jugada de última hora. Muchos desisten de votar porque los reubican en barriadas peligrosas o porque, sencillamente, les resulta complicado desplazarse hacia el nuevo centro, alejado de su zona de residencia. Significa que las condiciones para participar son cada vez más adversas: el Big Brother afina su técnica de maquillaje de la foto en la medida en que su popularidad se va erosionando.

¿Qué significa que las elecciones se hayan celebrado con un CNE parcializado? Significa que se eliminó el uso de tinta indeleble: un pequeño “detalle” que facilita que se produzca el voto múltiple: un elector puede sufragar varias veces. Significa que 900 mil personas fueron afectadas en su derecho al voto porque las máquinas supuestamente estaban averiadas. Algunos al final pudieron votar. Otros, no. La cuenta no está clara. Pero eso suma al photoshop. Significa que no se eliminaron de la boleta, como prevé la Ley Orgánica de Procesos Electorales, la tarjeta de quienes, en un principio, eran candidatos de la oposición pero que luego declinaron en favor del candidato de la Mesa de la Unidad Democrática. Este “descuido” del CNE arrojó 200 mil votos nulos, según la cuenta que saca el politólogo John Magdaleno. Votos que hubieran ido a las arcas de la oposición. ¿Qué importancia tiene un factor como éste? Citemos este dato: Nicolás Maduro le ganó a Henrique Capriles las elecciones presidenciales de abril de 2013 por 223 mil 599 votos. No es una nimiedad: las tretas que urde el CNE pueden llegar a definir quién gana una presidencial. Y en las regionales, sin duda, esto inclinó la balanza hacia el PSUV. El photoshop da dividendos. Ha habido una sumatoria de detalles. Todos ellos, juntos, nos remiten a la perspectiva del fraude.

Sabemos que la realidad es distinta a la que muestra el CNE: el rostro se llena de arrugas con el paso de los años: Ley biológica. Igual pasa con los gobiernos que lo hacen mal: envejecen de ineficacia y los ciudadanos se lo cobran el día de las elecciones: Ley politológica. Pero el Big Brother escribe su propio relato: se coloca al margen del escrutinio popular. Interviene la imagen. La retoca. La maquilla. La contamina de perfección. El photoshop chavista ha sido urdido de manera profesional. No se limita al día del acto electoral. El fraude es estructural. Fue gestado en cámara lenta y el 15 de octubre llegó a su clímax. Entonces nos topamos con unas cifras mágicas que colocan en la cima de la popularidad a un régimen que tiene 80 por ciento de rechazo. ¿Cómo es que un gobierno detestado por la mayoría se alza con el 78 por ciento de las gobernaciones? La respuesta: por la alquimia de números que el árbitro es capaz de fabricar.

Si no había condiciones, ¿por qué la oposición acudió a las urnas? El antecedente inmediato que tenía a la mano la MUD era el de las parlamentarias celebradas en diciembre de 2015. En esa contienda la alternativa democrática obtuvo, pese a todo el ventajismo del régimen, pese a que luchaba contra el Big Brother, 110 curules. El PSUV logró 55. ¿Qué ha pasado desde entonces? Que la élite chavista tuvo la certeza, no ya la presunción, de que podía perder. Y afinó la técnica del photoshop, que la venía practicando desde antes, pero que ahora se hizo más impúdica: introdujo, por ejemplo, la jugada perversa del “ratón loco”, copiada de la Nicaragua de Daniel Ortega. Suprimió, como dijimos, la tinta indeleble. Sacó a sus bandas armadas para boicotear el proceso. No, esta vez la dictadura ha ido más lejos: el CNE incluso le fabricó 2.066 votos al candidato del PSUV en el estado Bolívar, el general Justo Noguera, para que ganara. Robo a mano armada. Andrés Velásquez, el candidato de la MUD, tiene las actas que certifican su triunfo. Todas. ¿Puede el chavismo coronar un triunfo como el que anuncia el CNE cuando, según cálculos del FMI, la inflación llegará a 652 por ciento al cierre de 2017 y cuando el Producto Interno Bruto experimentará una contracción de 12 por ciento al finalizar este año? El relato no suena verosímil. Hay algo que no cuadra en esta felicidad matemática.

Ningún demócrata apela a cartas tan sucias. Los demócratas compiten. Los demócratas se baten en el ring sin el auxilio de dopajes que les proporcionen una victoria falsa. Los dictadores acuden al photoshop.

*(Caracas, 1963) Analista política. Periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

sábado, 14 de octubre de 2017

Nota luctuosa

 

El día martes 10 de los corrientes falleció en la ciudad de Valencia Miguel Ángel Megìas cofundador del Observatorio Venezolano de las Autonomías (OVA).

Miguel Megías fue profesor de la Universidad de Carabobo. Ejerció esta actividad con espíritu creador. Fue un estudioso versátil que exploró con éxito diversas tecnologías y áreas del conocimiento científico. Un innovador dotado de un espíritu creativo que invirtió en las diversas actividades en las que se desempeñó.

Ingeniero electricista con postgrado de la Universidad de Miami; premio nacional de innovación tecnológica; autor de un número significativo de adelantos en su campo de especialidad y dotado de un espíritu innovador que aplicó en todas las aéreas de su quehacer cotidiano.

Miguel, igualmente, fue un apasionado de la vida y ejerció su tránsito por ella con el mismo espíritu creador que aplico a la ciencia y tecnología.

A continuación reproducimos la nota escrita por el profesor Luis García, En ella se refleja la versatilidad y creatividad de este gran amigo que fue Miguel Ángel Megias.

Miguel Angel Megias

 

Luis Garcia
A veces el dolor que produce la pérdida de alguien tiene componentes circunstanciales, fortuitos que hacen peor el pesar, ese insoportable dolor y pueden hasta despertar un cierto sentimiento de culpa, porque pareciera asomarse alguna intención. Me dijeron de la muerte de Miguel Megías teniendo como fuente a alguien que no es del mundo académico, pensé, tal vez como iluso herido, que no era cierto. Además yo lo hacía en España, y no entendí como podía dar esa noticia, acompañada del silencio del mundo académico, esa fuente. Ya estaba herido por otra noticia, esta sí indudable, sin posibilidad alguna de ilusión de error, porque la daba el hermano del involucrado: había leído la nota en la que Nelson Acosta anunciaba la muerte de Rafael Acosta, a quien me uní muy estrechamente durante mucho tiempo, hasta involucrar a su padre en su relación conmigo. La noticia me hizo, a pesar de ser muy poco asiduo a esto de las redes sociales, a escribir una de verdad muy breve pero muy sentida nota sobre Rafael. Siento pesar, dolor, mucho dolor, culpa propia y hasta ajena en este caso de Miguel. Por eso me voy a extender.

Conocí a Miguel en un callejón de un espacio que había en la avenida Bolívar, un día que regresábamos a Valencia del IVIC junto con mis más estrechos amigos: Roel Sánchez y el Musiu Lazdins, a hacer lo que nos gustaba: inventar (todavía nos gusta -creo hablar por los tres-), porque un poeta loco, muy loco: el poeta Alcides, nos invitó a conocer a un Profesor de Ingeniería que inventaba cosas como las que a nosotros nos gustaba inventar. En ese callejón había una fiesta hippie en la que Miguel estaba probando un sistema de control de luces que funcionaba a partir de la música que se interpretaba. Además acababa de producir, dirigir y filmar, si no me equivoco con Nelson Arrieti, "Estallido", con aquella escena en que al poeta Alcides le explotaba una bomba en la boca inmensamente abierta con la que acostumbraba "El Conde Blue" (Alcides), igual que Miguel y Arrieti, decir y hacer todo lo que decían y hacían por la libertad; era un homenaje a lo que había ocurrido en Venezuela, en el mundo universitario con "La renovación", proceso que se incubó por varios años desde la Facultad de Ciencias y Letras y Filosofía de la Central. Yo había oído hablar de "La Renovación" en el IVIC, por mis compañeros estudiantes de Ciencias de la Central, bastante antes de oír de Daniel Cohn-Bendit o de Alain Krivine.

Después estuve muy cerca de Miguel, cuando la Apuc se convirtió en mecanismo de facilitación para que los profesores adquirieran lo último que había en PCs, de las que no puedo recordar su nombre probablemente por la asociación tan estrecha que en mi mente tienen esas computadoras y el amigo hoy ido (seguramente Asdrúbal Romero si las recuerda). Miguel organizó cursos para los profesores en la APUC y allí me enseño a manejar Ventura; el amor compartido por la precisión matemática nos cautivó y creo que somos (éramos, me he quedado solo) los únicos que con todos los avances en autoedición seguimos fieles a Ventura. Igual compartíamos conversaciones entre nosotros o con otros sobre los avances tecnológicos, cuando conversaba con Danilo Tasoni en el Ymica sobre los Gophers y hacia donde iba todo eso, o con Aldo Bianchi y Asdrúbal y el IEEE. Después igual nos acercamos cuando mi maestro Efraín Inaudi Bolívar (quien había sido mi instructor de Obstetricia 1 antes de irse a Uruguay a hacer esa cosa rara para nosotros en 1967 que era la Perinatología, y Alberto Sosa y sus colaboradores, intentaron colocar a la Universidad de Carabobo en la vanguardia mundial al integrar equipos trasdisciplinarios para resolver problemas que instituciones de punta a nivel mundial todavía no habían podido resolver: la muerte súbita del recién nacido. Le perdí la pista un tiempo a Miguel; sabía más de sus hijos a medida que crecían y de la madre de ellos, Dafny Giannitsopulos, poeta amiga. Lo reencontré cuando Miguel, una vez más, dio muestra de su disposición a hacer posible proyectos de otros como si fueran suyos: contribuyendo con la publicación de los jubilados y luego con el Observatorio Venezolano de las Autonomías en el que, una vez más, Miguel hace mucho más de lo que seguramente le pidieron, porque, si era posible, Miguel lo intentaba. Nos hablábamos con frecuencia, la última vez fue cuando por razones de salud de uno de mis hijos en 2016 anduve por Alemania y el estaba ya en España, me invitó a que nos encontrásemos en Valencia, España, para analizar bien lo de los Bitcoins y ver cómo podíamos hacer algo con eso. No pudimos hacerlo.

Miguel como me duele no haberme despedido de tí, seguramente habríamos hablado del hippismo, de "Estallido", de Alcides, del Taxímetro, del Monitor Fetal, de cómo impedir la muerte súbita durante el sueño de bebés recién nacidos, de como la APUC había logrado que muchos profesores pudiéramos adquirir nuestras primeras 286 y 386, y hacer tanta Academia con ellas, de como una pequeña empresa en Valencia podía colocarnos a la vanguardia ensamblando computadoras y facilitando el acceso a las PC, de como ya no se imprimía a 300 sino a 600 dpi y ahora a 4.600, de cómo Ventura "1", o "1,1", o "1,2" o "2" hacía avanzar el diseño gráfico, y ahora cuesta decidir que aplicación utilizar por su poder, de como un pequeño centro comercial podía publicar un periódico y así hacer conocer sus ofertas, lo que ahora se hace con las redes; y de tantas cosas más Miguel.

No entiendo porque me enteré tan mal de tu muerte, me culpo de no haberlo creído, me culpo de no saber que estabas en Venezuela, y no sé si culpar por no haber sentido el eco de la manifestación de dolor hasta hacer saltar el silencio, de una Universidad a la que le diste tanto y en la que le distes a tantos.

TODOS A VOTAR El DOMINGO PROXIMO

domingo, 8 de octubre de 2017

Elecciones de gobernadores: ¿Oportunidad para construir una nueva hegemonía?


Nelson Acosta Espinoza

Bien, en circunstancias especiales se celebrarán el próximo domingo las elecciones de gobernadores. Califico así a este acontecimiento, habida cuenta de las diversas irregularidades que han presidido la convocatoria de este evento electoral. Por mencionar algunas, recordemos a los alcaldes y magistrados presos y perseguidos y, desde luego, al significativo número de jóvenes que permanecen detenidos. 

Es en el marco de estas circunstancias restrictivas que se llevarán a cabo estas elecciones de gobernadores. Desde luego, a todo evento es necesario participar y, así, mostrar el rechazo al gobierno socialista de Nicolás Maduro. En otras palabras, expresar el descontento con el gobierno a través de sufragar por los candidatos a las gobernaciones de la oposición. Sostengo que esta es una oportunidad para acentuar la agonía de esta forma de dominación política.

Debo advertir que con esta posición no se está desmereciendo los atributos de los diversos candidatos que participarán en esta contienda. Sus “charreteras” son bien merecidas. Sugiero, si, que las pongan al servicio de la confrontación con el gobierno central y, desde luego, irradien las nuevas ideas que servirán de base para la construcción futura del país.

Esta última observación es vital. ¿En qué sentido? Lo que se intenta trasmitir es lo siguiente. Hemos llegado al agotamiento de un modelo cultural y político que ha prevalecido en el país a lo largo del siglo XX y los inicios del XXI. En otras palabras, no solo el régimen se encuentra en agonía terminal, sino la forma de hacer política que ha prevalecido a lo largo de este periodo histórico.

Voy a intentar teorizar sobre este aspecto. Espero poder expresarme sin desviaciones teóricas e intelectuales. Veamos, si lo puedo lograr. ¿Cómo se podría caracterizar el momento actual? Bien la ciencia política la definiría como una situación donde existe déficit de hegemonía y, en consecuencia, exceso de dominación. Ahora bien, ¿cómo interpretamos esta afirmación?

En principio señalemos lo siguiente. Hegemonía y dominación constituyen variables de la ecuación del poder. Cuando se ejerce la primera, desaparece la segunda. Una fuerza política es hegemónica cuando es capaz de enlazar armoniosamente su propuesta con el “sentido común de las masas”. En otras palabras, un proyecto es hegemónico cuando articula los procesos culturales, particularmente los de la vida cotidiana, con su ejercicio del poder.

En la historia política venezolana Acción Democrática logró hegemonizar el naciente dispositivo democrático. En sus inicios, esta agrupación procesó apropiadamente la dimensión cultural de la vida política. En otras palabras, trascendió la idea de partido y adquirió la consistencia de un sentimiento. A tal punto que ser venezolano y adeco llegó a evocarse mutuamente. De ahí su poder y al mismo tiempo sus debilidades. Con el transcurso del tiempo se burocratizó y perdió esa conexión con el alma popular, dejando al descubierto un espacio político que aún no ha sido hegemonizado. Ahí reside, en mi criterio, unas de las aristas fundamentales de nuestra crisis política. Déficit de hegemonía, exceso de dominación.

Por su parte, el socialismo del siglo XXI es dominante, pero no es hegemónico. No ha podido transformarse en un sentimiento de alcance nacional. Todo lo contrario, su estrategia intentó dividir a la población en dos grupos mutuamente excluyentes. Ejerce la dominación mediante políticas implementadas desde el aparato estatal. La de AD, en sus inicios, fue una revolución construida desde abajo, la del PSUV es instrumentado desde la cúspide del petroestado. La combinación de coerción y represión viste su ejercicio de dominación.

¿Cómo construir la nueva hegemonía? ¿Cuál ha de ser su sujeto histórico? ¿Qué discurso será capaz de interpelarlo? Preguntas vitales. Las respuestas, de ser adecuadas, constituirán la base de la nueva democracia en Venezuela. 

Un punto de partida: prestar atención a la Venezuela profunda y sustentar “lo que se va a decir para ser escuchado y lo que hay que escuchar para poder hablar”.

Espero que los candidatos demócratas asuman este humilde consejo.

Sin duda, la política es así.





Nuevo comportamiento político.



Luis Ugalde.
La frustración y la agonía del dominante régimen dictatorial son irreversibles. Cuanto más se prolongue, más doloroso será el final para todos, incluso para el propio partido de gobierno. Lo mejor que puede hacer Maduro es renunciar y abrir la puerta a la reconstrucción democrática con una transición pacífica y negociada.

Pero no solo el régimen está en agonía terminal, sino que una forma de hacer política durante décadas requiere de inmediata sepultura. No nos referimos al chavismo, sino al país entero que desde el siglo XIX ha hecho y tolerado (con honrosas excepciones) una “cultura política” muy negativa. Por ejemplo, en las recientes primarias de los demócratas podemos decir que 90% del comportamiento fue excelente, pero hubo un 10% que indignó al país y nos recordó lo peor del pasado prechavista. Hace falta un nuevo comportamiento político en los partidos, en la sociedad civil, en sus empresarios, organizaciones, universidades…

Erradicar la tolerancia con el cáncer de la corrupción. El desastre es tal que hay que arrancar de raíz la monstruosa corrupción de la cúpula chavista (la mitad del millón de millones de dólares se lo robaron entre la corrupción e ineptitud, con beneplácito de sus seguidores). Desde hace siglos prevalece la idea de que al llegar al poder es de inteligentes y vivos repartirse el botín, sin escrúpulos morales. Corrupción aceptada por los simpatizantes con tal de que repartan y dejen robar. El poder es para disfrutarlo; lo del poder como servicio queda para los mítines y los discursos patrios. Es absurdo –piensan– que el poder se deba someter a la Constitución y a la voluntad de los ciudadanos. Si además se tiene la fuerza de las armas, se rechaza toda forma de control institucional.

Combatir la ilusión de la riqueza rentista. Ha hecho un inmenso daño la falsa idea de que somos un país riquísimo y que nuestro problema no es producir más, sino que el gobierno reparta la abundancia existente. Ese fue el éxito inicial y la ruina del chavismo. Solo hay riqueza consistente cuando sale de la producción y talento de los venezolanos porque se dan la mano la educación formadora y la empresa productiva.

Eliminar el clientelismo que coloca en cargos a sus seguidores sin exigir capacidad; como lo vemos en incompetentes fracasados que en dos años han ocupado cuatro ministerios.

Los nuevos (y renovados) líderes políticos no se pueden quedar en protestar como opositores y repartir el botín al llegar al poder, poniendo los intereses del partido por encima del bien del conjunto del país.

Diálogo, negociación y democracia. Venezuela no puede rescatar la democracia sin diálogo entre todos los ciudadanos y sin negociar los puntos estratégicos imprescindibles para salir de la actual dictadura. Por eso los demócratas no pueden ir a la negociación como vergonzantes, de noche y a escondidas. El problema no está en participar, sino en saber qué exigir y qué defender como absolutamente irrenunciable. Sería una verdadera vergüenza que el diálogo para restablecer la democracia y la Constitución empezara reconociendo la constituyente creada por esta dictadura para matar la democracia y la Constitución vigente. Evidentes y previas a toda negociación son algunas exigencias constitucionales:

1) Pleno reconocimiento de la AN elegida y de sus responsabilidades constitucionales, la separación de los poderes públicos y su renovación constitucional. 2) Libertad de presos y exiliados políticos. 3) Estricto cumplimiento de la agenda electoral conforme a la Constitución. 4) Apertura a la ayuda humanitaria internacional en medicinas y alimentos por la grave emergencia nacional.

En estos puntos básicos tenemos pleno apoyo de medio centenar de países democráticos del mundo; y, si los difundimos y defendemos con claridad y coraje público, los convertiremos en la bandera movilizadora de todos los venezolanos demócratas.

Formación humana, dinámica empresarial y producción económica. Para que Venezuela sea reconstruida hay que cambiar el modelo económico y promover la iniciativa emprendedora, libre y ciudadana con cuantiosas inversiones nacionales e internacionales, con todas las garantías jurídicas. Pero el comportamiento empresarial no ha de ser lo que fue (y es) en muchos casos de seudoempresarios recostados en el rentismo estatal incompetente. Necesitamos un empresariado convencido de su responsabilidad e importancia estratégica en el combate de la pobreza, que es imposible sin generar oportunidades de buen trabajo productivo para 14 millones de venezolanos. Ello exige, por otro lado, una profunda transformación de todo el sistema educativo orientándolo hacia la creación de la riqueza con el talento y la formación humana honesta. La empresa no puede seguir entendiéndose como el campo de batalla que enfrenta como enemigos al capital y al trabajo, sino donde ambos se complementan y benefician en la lucha contra la pobreza, el atraso y la improductividad parasitaria.

¿Y los militares? Deben sacar las consecuencias de algo que está a la vista y repudiar esa política de reparto del botín que ha hundido a Venezuela y en la que algunos de ellos han sido los principales actores y beneficiarios. Eso sin mencionar el narcotráfico que ha envilecido todo.

La masiva votación del 15 de octubre será un paso adelante para obligar a la salida democrática del gobierno dictatorial.

sábado, 30 de septiembre de 2017

¿Cuál es el sentido político de las elecciones de gobernadores?


Nelson Acosta Espinoza
Parece apropiado dedicar esta columna a reflexionar sobre la actual situación política en el país, con especial atención sobre las venideras elecciones de gobernadores. Es importante subrayar que al auscultar esta realidad observaremos dos vertientes que se retroalimentan mutuamente. Por un lado, tenemos la crisis que atraviesa el país y que afecta a casi la totalidad de la población. Conflicto este  de naturaleza sistémica que impone la necesidad de proponer una salida que rompa de manera definitiva con el pasado reciente. ¿Qué significado podemos atribuir a esta afirmación? Y, desde luego, ¿cómo se puede relacionar la respuesta a esta interrogante con los comicios de gobernadores?. Estos son dos de los aspectos involucrado en las próximas elecciones. Es vital conectar ambos lados de esta moneda. La elección de gobernadores debería implicar el cuestionamiento del gobierno central y, lo que es más importante, de sus políticas.

En fin, hay que despejar unas preguntas sencillas, por ejemplo, ¿cuál es el objetivo principal de estas elecciones? ¿A qué meta superior deberían estar subordinadas? ¿Cómo podrían conectarse con el sentimiento radical de cambio presente en la población? En otros términos, ¿cuál sería el relato apropiado para interpelar con éxito a los ciudadanos que sufren este desastre económico, social y cultural?

Desde luego son interrogantes complejas que requieren respuestas que van más allá del inmediatismo electoralista. Las venideras elecciones de gobernadores pudieran ser una excelente oportunidad para cuestionar radicalmente al gobierno y proponer opciones políticas que apunten hacia un nuevo horizonte político que rompa con las practicas del pasado. El electoralismo, vale decir, el uso de las herramientas del mercadeo electoral, no son útiles, en estas circunstancias, para el logro del objetivo estratégico implícito en estos comicios. Serian rentables si se subordinaran al propósito estratégico de exponer las fallas del chavismo y de difundir las nuevas opciones políticas que sustituirán al viejo régimen.

¿Se está aplicando este sentido de pedagogía política en las campañas electorales regionales? Desafortunadamente, tengo la impresión, de que no se está aprovechando esta oportunidad para una comunicación política a servicio de un objetivo estratégico definido. Las viejas prácticas electoralistas se están imponiendo, y, en un sentido, se “olvidan” del objetivo final: el cuestionamiento del socialismo del siglo XXI y sus desastrosas políticas económicas.

¿Cuál sería el propósito fundamental? Sin la menor duda la respuesta es favorecer el cambio político. En consecuencia, se hace imprescindible conectar la conducta electoral con ese objetivo primordial. De no ser así se corre el riesgo de producir cierto desafecto en la población votante. En otras palabras, las elecciones regionales deberían estar subordinadas a este objetivo. Dicho sea de paso. Es eso lo que anhela la población. Si se logra establecer esta conexión las regionales serán unas elecciones exitosas, tanto en el plano electoral y como en el político.

Hay otros aspectos a considerar. El probable desconocimiento de los gobernadores opositores y su probable subordinación a la ANC. Igualmente, el vaciamiento de competencias a través de normas que dicte la ANC y, desde luego, la posibilidad de la designación de autoridades regionales para superponerlas a los gobernadores electos de la oposición.

Este es un escenario altamente probable. De ahí en la necesidad de resaltar la responsabilidad POLITICA de los futuros gobernadores de la oposición y la necesidad de transformarse en voceros de los procesos descentralizadores y federalistas como alternativa al estado socialista. Desde luego, esta propuesta puede sonar abstracta y desligada de los sucesos políticos del día a día. Hay un cierto sentido de verdad en esta apreciación. Sucede y, hay que admitirlo, que los actores políticos no la asumen y tampoco la traducen en consignas que lleguen e interpelen a la población.

Si no se elabora un nuevo relato político que sustituya el viejo esquema democrático y el de la restauración bolivariana estaremos deslizándonos en círculos: de ningún lado hacia ninguna parte.

No tengo la menor duda, la política podría ser así

EL CRETINISMO ABSTENCIONISTA

Fernando Mires

La palabra cretino suena como un insulto.Y claro que lo es en ciertas ocasiones. Pero no nos veamos la suerte entre gitanos. En política es un término usual. La política, al venir de la guerra, es antagónica y agónica, controversial e inamistosa. En todo caso no es un lugar para ganar amigos. La lucha política está plagada de insultos y descalificaciones, y a veces asoman con fuerza en los debates parlamentarios de los países más democráticos del mundo.

No obstante hay que saber diferenciar: el insulto político, cuando es aplicado a una persona en particular, no es político; es simplemente una ofensa personal. En cambio, cuando es aplicado a un grupo, a una tendencia, a un partido, a una ideología o a una postura, el insulto pierde su procacidad sin perder su carácter político. Es un insulto, pero es un insulto político. Por ejemplo: si digo “el marxismo es una estupidez”, no quiero decir que mi amigo Juan que es marxista, sea una estúpido. Y así lo entiende Juan.

Pero la palabra cretino no es solo un insulto. Es una calificación política que tiene cierta escuela. Karl Marx por ejemplo, usaba constantemente el concepto de “cretinismo parlamentario” para referirse a quienes hacían del parlamento el centro de la política. En su 18 de Brumario, por ejemplo, leemos lo siguiente: “Hay que estar verdaderamente muy afectado por esta enfermedad tan particular que desde 1848 golpea a todo el continente, es decir, el cretinismo parlamentario, que relega a un mundo imaginario a aquellos que la sufren y les quita toda inteligencia, todo recuerdo, toda comprensión del rudo mundo exterior”. Lenin, que no era un marxista demasiado ortodoxo, le devolvió la mano a Marx y en su libro “El izquierdismo, enfermedad infantil de comunismo” calificó de cretinos a esos izquierdistas que, para no legitimar al orden burgués, no aceptaban sufragar en las elecciones parlamentarias de los países de Europa.

En la acera del frente, la del conservativismo militante, sucedía exactamente lo mismo. De Maistre (“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”) y Donoso Cortés no se quedaron en chicas para calificar a los defensores de la democracia parlamentaria, llamados por ellos, cobardes, indecisos y pusilámines. El filósofo de la extrema derecha alemana, Carl Schmitt (admirador confeso de Lenin) fue más lejos: calificó a los parlamentarios y parlamentaristas de “papagayos” (al menos los cretinos son seres humanos)

En términos políticos, menos que un insulto, el concepto de cretinismo, al ser ya parte de una larga tradición, ha terminado por convertirse en una metáfora destinada a designar a quienes se niegan a aprender de las experiencias y hacen todo lo contrario a lo que indica el sentido común, es decir, a quienes creen en mitos y en fantasías irrealizables, a los que asumen posturas infantiles o emocionales, moralistas o épicas, carentes de madurez y reflexión.

En ese sentido he calificado a los grupos políticos organizados que defienden el abstencionismo en Venezuela, como a cretinos políticos. Algunos de ellos, los más ignorantes, es decir los que ni siquiera saben que la palabra cretinismo tiene una connotación política despojada de una designación clínica ya en desuso, lo han tomado como una ofensa personal. Problema de ellos. Uno no tiene por qué hablar siempre de acuerdo al nivel de las supinas ignorancias.

El abstencionismo políticamente organizado –no las personas que por razones A o X no desean votar- vale decir, esa tendencia convertida en movimiento y que, siguiendo la lógica de la dictadura venezolana está llamando abiertamente a la abstención, es, para quien escribe estas líneas, una expresión de cretinismo político en su fase más avanzada de desarrollo.

Cretinismo político es romper con una tradición política que ha rendido frutos, contra Chávez (plebiscito del 2007) y contra Maduro (6D.) Cretinismo político es imaginar que una dictadura se legitima con votos. Cretinismo político es creer que la comunidad democrática internacional va a apoyar a una oposición que se niega a participar en elecciones. Cretinismo político es oponer las manifestaciones de calle como alternativa a la lucha electoral, como si esta última tuviera lugar en los dormitorios. Cretinismo político es soñar con un golpe de estado democrático. Cretinismo político es esperar que Trump se juegue la vida por los venezolanos, Cretinismo político es entregar al enemigo gobernaciones que son fáciles de ganar. Cretinismo político es negar una opción sin ofrecer ninguna otra. Cretinismo político es que, cuando justamente todas las encuestas te muestran que la dictadura se encuentra en abierta minoría, tú te retiras de las elecciones. Cretinismo político es hacer justamente lo que la dictadura quiere que tú hagas, boicotear las elecciones, el único espacio en donde esa dictadura no puede ganar. Y no por último, cretinismo político es dividir a la oposición, a la única que existe, justo en los instantes en los cuales la unidad es más importante que nunca.

La tradición política no se equivoca. Hay seres humanos que, siendo muy inteligentes, no saben pensar, escribió Hannah Arendt (“La Condición Humana”.) No saber pensar políticamente, aunque en otra materias seas un genio, es en cierto modo un síntoma de cretinismo político. Cretinismo político, al fin, es no saber pensar de acuerdo a tus intereses articulados con los de los demás en el marco de un espacio político común.

domingo, 10 de septiembre de 2017

¿Elecciones de gobernadores?


Nelson Acosta Espinoza
La oposición celebrará primarias este domingo 10 de septiembre. Se escogerán 19 candidatos a gobernador en estas elecciones internas. En los estados Nueva Esparta, Vargas, Anzoátegui y Carabobo no se llevarán a cabo estos comicios. La MUD, vía consenso, eligió a sus aspirantes en estas regiones. En fin, se habilitarán 977 centros de sufragio conformados por 3110 mesas de votación para 14 millones 835 mil electores.

Sin la menor duda este evento reafirmará la esperanza en una solución democrática a la actual crisis. El solo hecho de que la oposición celebre primarias implica una apuesta fuerte por una salida electoral al actual aprieto político. Sin embargo, existen peligros que deben ser enfrentados: la abstención es uno de esos riesgos. De producirse, se estimularía la idea de que el sentimiento opositor ha perdido fuerza; igualmente, reforzaría la visión oficialista de acuerdo a la cual la MUD apuesta por salidas no institucionales y de fuerza.

Sin lugar a dudas, la celebración de estas primarias trasmitirá un mensaje positivo a la población y fortalecerá la unión de los diversos actores políticos que participan en este evento. No debemos pasar por alto el hecho de la heterogeneidad de esta alianza y la diversidad de voces y apuestas que hacen vida al interior de esta coalición.

Hasta aquí un descripción del evento del domingo 10 de los corrientes. Sin embargo, parece apropiado formular algunas interrogantes sobre el contexto político dentro del cual se llevará a cabo estas primarias y las próximas elecciones de gobernadores.

En otras palabras, parece apropiado preguntarse sobre la naturaleza actual del régimen político chavista. Los recientes acontecimientos de naturaleza política apuntan hacia un reforzamiento del sesgo autoritario del madurismo. ¿Qué debemos entender por esta afirmación? ¿No expresaba el madurismo desde su inicio una conducta autoritaria? ¿Estamos en presencia de un totalitarismo político? Y, de ser así ¿tiene sentido participar en las venideras elecciones de gobernadores?

Desde luego, no es fácil dar respuestas a estas interrogantes. Igualmente, en el marco de esta incertidumbre conceptual y práctica resulta complicado el diseño de tácticas y estrategias políticas. Algunos estudiosos del tema, por ejemplo, conceptualizan estas coyunturas como regímenes híbridos. Otros analistas, en mi opinión más acertados, utilizan al calificativo de autoritarismo competitivo. Los más radicales lo adjetivan con el término de totalitarismo hegemónico.

Lo cierto es que el país se encuentra frente a una encrucijada. Las venideras elecciones de gobernadores van a decidir, hasta cierto punto, el camino que recorrerá la sociedad venezolana. Son dos las opciones: totalitarismo o recomposición democrática. Ante esta disyuntiva, la dirección política de la oposición tiene una gran responsabilidad política. Debe saber manejarse en diversos escenarios (electorales, institucionales, internacionales, la calle) y acumular fuerzas, sin discriminaciones, de la totalidad del entorno político.

Una estrategia de esta naturaleza tiene a su favor algunos elementos sustantivos. Entre otros, ausencia del líder carismático, crisis fiscal del petro estado y, en consecuencia, dificultad para financiar lealtades políticas.

En otras palabras, existen condiciones objetivas y subjetivas propicias para desafiar al gobierno. Las votaciones, a mi juicio, deberían asumirse como una trinchera para enfrentar al chavismo y construir un nuevo sentido democrático en la población. Lo sustantivo no es ganar las elecciones en cada estado (electoralismo). Estos comicios, disculpen lo redundante, han de asumirse como una oportunidad para enfrentar al oficialismo y echar las bases de una nueva forma de ejercer la democracia.

Los candidatos que serán seleccionados el domingo 10 de septiembre deberían estar conscientes de la particularidad política de este contexto histórico. Excusen si es excesiva esta afirmación. Lo cierto es que existe una real posibilidad de inducir una fractura en la coalición dominante. O, en forma más precisa, una derrota cultural, política y electoral al madurismo. Y, de ser así, se estaría iniciando la capitulación del totalitarismo hegemónico en ciernes.

Esperemos que la dirección política democrática asuma en estos términos las venideras elecciones de gobernadores.

Sin duda alguna, la política debería ser así.