sábado, 20 de enero de 2018

Maduro: “Con la iglesia has topado”



Nelson Acosta Espinoza
Estamos viviendo en tiempos tensos, por no decir peligrosos. Basta posar la mirada en cualquiera de las dimensiones que conforman la unidad social y cultural del país para constatar la profundidad y peligrosidad de la presente coyuntura. En forma lenta, pero continuada, se está desmoronando el universo material y simbólico dentro del cual se desenvuelve la vida cotidiana de los ciudadanos del país. Los acontecimientos relacionados con la denominada operación Gedeón, que dio caza al ex inspector del Cicpc Oscar Pérez, expresa dramáticamente estas mutaciones que se han venido sucediendo en nuestro cuerpo social.

Acorde con esta situación, recientemente los obispos de Barquisimeto y San Felipe, Antonio López Castillo y Víctor Hugo Basabe, respectivamente, solicitaron a la Divina Pastora su ayuda para poner fin a la dramática situación de pobreza que azota a la población. Durante las homilías en las respectivas misas que presidieron durante la visita 262 de la Divina Pastora a Barquisimeto, los obispos criticaron la situación que vive el país, lo que ocasionó vítores por parte de los millones de asistentes a estas ceremonias. Como era previsible, las declaraciones de los prelados encendieron las críticas de Nicolás Maduro, quien pidió investigar a los obispos por sus palabras de “odio” contra el gobierno.

Es evidente que Maduro, para utilizar la frase cervantina, “con la iglesia se ha topado”. La raíz de este “tropiezo” la podemos ubicar en las circunstancias terribles por las cuales atraviesa la población. En el plano político, igualmente, enuncia un potencial conflicto con una de las instituciones de mayor credibilidad en el país y que ha puesto el dedo sobre las circunstancias objetivas que apremian a la población.

No es la primera vez que un “tropiezo” de esta naturaleza sucede en la historia del país. Basta con recordar el conflicto entre esta institución y el gobierno de Guzmán Blanco entre 1870 y1888 que llegó a su cúspide con la expulsión de tres obispos del territorio nacional (Juan Hilario Bosset, Silvestre Guevara y Lira y Manuel Antonio Baralt). Juan Vicente Gómez, igualmente, confrontó a esta institución a propósito de la expulsión de Salvador Montes de Oca, arzobispo de Valencia. El “tropiezo” más significativo, desde el punto de vista de nuestra contemporaneidad política, fue el acontecido el 1 de mayo de 1957. En esa ocasión fue leída en todas las iglesias de Venezuela una pastoral del arzobispo de Caracas, monseñor Rafael Arias Blanco. Este hecho ayudo a precipitar la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Retomemos lo subrayado en el primer párrafo de este corto escrito. Es indiscutible la naturaleza orgánica de la crisis que atraviesa la nación. Ello me permite sustentar que el momento es, primordialmente político, y no electoral. Acorde con esta lógica, la población demanda aproximaciones integrales que se exprese en un relato que dé cuenta de sus vicisitudes y ofrezca alternativas objetivas para el futuro. Opciones que vuelvan a emocionar a la población y combata el sentimiento pesimista y abstencionista que existe en densos sectores de la ciudadanía. Más que electoral, insisto, el momento es de naturaleza política y de desprendimiento de las identidades corporativas.

Creo que la institución eclesiástica así lo ha entendido. Su prioridad es la gente que sufre: “el pueblo de Dios”. Lo acontecido en la procesión de la Divina Pastora así lo atestigua. Es un ejemplo a seguir. Esperemos que lo actores políticos integrados en la MUD lo entiendan y actúen en concordancia con las necesidades del “pueblo de Dios” y no a partir de las urgencias electorales y aspiraciones de sus respectivos líderes.

En fin, sin lugar a dudas, Maduro se “ha topado con la iglesia”

La política es así.



domingo, 14 de enero de 2018

Ugalde y Hausmann: Dos visiones de la crisis


Nelson Acosta Espinoza         

El año ha comenzado a dar sus primeros pasos. Sin embargo, el terreno sobre el cual avanzan los ciudadanos es el mismo que trillaron en tiempos recientes. Esta última afirmación si se quiere es benévola. Lo justo y más apropiado a la realidad seria señalar que estamos confrontando una escalada en el deterioro de las condiciones de vida. La progresión es total. Alcanza la totalidad de las dimensiones que conforman el modo de vida de los venezolanos. Nunca en la historia del país habíamos experimentado una crisis de carácter integral como la que nos acorrala en la actualidad. Esta circunstancia, quizás, ayuda a explicar la perplejidad que observamos en la conducta de los factores políticos que hacen oposición en el país. Titubeo y vacilación que no les permite llevar a cabo un diagnostico apropiado de la coyuntura y, desde luego, generar las iniciativas políticas apropiadas.

Recientemente dos ilustres personajes de la vida pública han puesto a la consideración del país propuestas para enfrentar y salir de la trágica situación en la que se encuentra la nación. Me refiero a los escritos del economista Ricardo Hausmann y el padre Luis Ugalde. Parece importante subrayar que nos referimos a dos actores públicos prestigiosos y de una honestidad intelectual a toda prueba. Es precisamente estas condiciones lo que otorga peso y valor a sus consideraciones. Haussman y Ugalde son formadores de opinión respetados en el país. De ahí que sus apreciaciones y propuestas tengan una gran repercusión en los diagnósticos y elaboración de políticas para enfrentar la profunda crisis en la cual estamos sumido los venezolanos.

“El día D para Venezuela” así tituló Ricardo Hausmann su escrito del 2 de enero del presente año. El punto de partida de su análisis es una descarnada descripción de la crisis y las pocas opciones a la mano para enfrentarla con éxito. Sostiene que a pesar de su magnitud y del masivo apoyo diplomático internacional la oposición se encuentra en una situación de mayor debilidad que en el mes de julio del año pasado. “. Desde entonces, el gobierno ha instalado una Asamblea Constituyente inconstitucional con plenos poderes, ha cancelado el registro electoral de los tres principales partidos de oposición, ha destituido a alcaldes y diputados legítimamente elegidos, y se ha robado tres elecciones”.

Ante estas circunstancias plantea considerar la siguiente proposición. Destitución de Maduro por iniciativa de la Asamblea Nacional; y, a partir de esta decisión (vacío de poder), la asamblea nombraría de forma constitucional a un nuevo gobierno, “…el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela...”

En otro extremo se ubican las consideraciones del padre Luis Ugalde contenidas en su escrito del 11 de enero.  ¿Voto para perpetuar la dictadura?.  Sin embargo, en cierto sentido ambos concuerdan en la apreciación de la coyuntura. Ugalde afirma, coincidiendo con Hausmann, que el oficialismo está decidido a perpetuarse en el poder mediante la celebración de elecciones fraudulentas y favorecidas por la conducta de un liderazgo político que “luce ausente de las angustias socioeconómicas, dividido y sin rumbo unitario y contundente”

Sin embargo, y a pesar de estas observaciones, Ugalde apuesta por la política y advierte sobre lo erróneo y peligroso que implica conductas y propuestas enmarcada dentro de la antipolítica. Advierte que estas narrativas conducen a visualizar la salida de la crisis mediante la acción de un mesías dictatorial. Por el contrario, es partidario del candidato único; diálogo y negociación con apoyo internacional para exigir condiciones electorales para la salida democrática y la reconstrucción nacional.

Desde luego, he presentado un apretado resumen de las propuestas de estas dos figuras públicas. Espero que esta comprimida síntesis no haya malinterpretado sus sugerencias. Ha sido mi intención subrayar que estas posiciones marcan las fronteras al interior de las cuales se mueve la opinión política institucionalizada en el país. Y, en cierto sentido, su contenido contradictorio manifiesta el relativo desconcierto que existe al interior de la oposición política y sus dificultades para interpelar a la mayoría de venezolanos que se ubican en el bando opositor a este socialismo del siglo XXI.

Más allá de sus contenidos, me atrevería a subrayar que su importancia radica en que comienza a “pensarse” la situación del país desde otros horizontes y, esta acción, podría estimular la formulación de iniciativas políticas apropiadas para poder salir de esta crisis.

Sin lugar a dudas, la política es así.












África en América Latina La guerra por el recurso y la tragedia venezolana

Héctor E. Schamis*


Una buena parte de mi aprendizaje sobre Venezuela ha tenido lugar gracias a mis frecuentes intercambios con Ibsen Martínez y la regular lectura de sus textos, varios de ellos en este mismo periódico. Un tema es recurrente en sus escritos, casi una obsesión, me animo a decir: el petróleo, siempre la variable explicativa de su propio Macondo, esa Venezuela Saudita donde la mismísima categoría “tiempo” parece inexistente. Como en Macondo, precisamente, un pueblo sin historia.

Habiendo trabajado sobre la economía política del desarrollo, mi afinidad con este tema no podría ser más directa e inmediata. Es que el Macondo petrolero de Ibsen es una genial acuarela literaria de lo que, en un dialecto intelectual diferente, llamamos “la maldición del recurso”. Son narrativas gemelas.

Esta literatura, fundamental en economía política, habla de países que funcionan en base a exportar recursos naturales. Nos dice que dichas economías crecen durante shocks de precios favorables, pero con las clásicas distorsiones de la “enfermedad holandesa”. El exceso de divisas aprecia el tipo de cambio real, afectando la competitividad del sector industrial y desplazando el grueso de la inversión hacia el sector exportador. De este modo, la renta exportadora se usa para financiar importaciones de manufacturas. Cuando los precios internacionales caen, y siempre caen, se desacelera el crecimiento.

En consecuencia, en estos países la economía crece por debajo de su potencial, modestamente en el largo plazo y con visibles desequilibrios sectoriales y regionales, resultado de pronunciados ciclos de boom and bust. Típicamente, ello invita políticas fiscales inconsistentes, sumando otro desequilibrio: de presupuesto. El final de este camino los encuentra en medio de una gran crisis macroeconómica y una masiva destrucción de activos. Tanta riqueza los ha hecho pobres.

La política, a su vez, refleja, al mismo tiempo que exacerba, estos ciclos. Diversas facciones se disputan las rentas a efectos de distribuir beneficios entre sus clientes políticos, un escenario propicio para sistemas de dominación patrimonialistas. Un corolario de esto es un aparato estatal de tenue densidad institucional, propicio para un jefe del ejecutivo con autoridad discrecional sobre la política económica.

Con un Aureliano Buendía sentado sobre oro negro, entonces, la democracia es improbable. La Venezuela del Punto Fijo, democrática mientras el resto de América Latina estaba bajo dictaduras militares, constituía una anomalía teórica. Era democrática no por su riqueza petrolera sino a pesar de ella. Uno no encuentra semejante extravagancia en el Golfo Pérsico, continuando con la metáfora Saudita. Evidentemente, Chávez llegó determinado a corregir dicha rareza.

Por supuesto que Noruega—donde dos tercios de la canasta exportadora son en gas y petróleo—es la excepción a la regla, aunque en gran medida por el beneficio de una excepcional secuencia histórica. Es que Noruega descubrió la democracia casi un siglo antes de descubrir petróleo. El tiempo puede ser una variable relevante.

Pero si la economía de recursos naturales está asociada a desequilibrios macroeconómicos y al autoritarismo, también lo ha estado al conflicto prolongado y la guerra civil. Uno tras otro, los estudios empíricos confirman una robusta asociación entre una economía dependiente de exportaciones de recursos naturales y la violencia interna en países de bajo ingreso per cápita. El factor precipitante puede ser el petróleo, como en Sudan y Congo; pero también diamantes, como en Sierra Leone; oro y cobre, como en el Congo Democrático; cacao y café, como en Liberia; fosfatos, como en Marruecos; o bien sustancias ilícitas, como el opio en Afganistán.

Lo común a todos es que la volatilidad de los ciclos económicos en un sistema político de carácter patrimonial incentiva a las facciones a obtener la propiedad del recurso. La erosión de la legitimidad y autoridad del Estado magnifica esta tendencia. Irremediablemente, dichos grupos cumplen funciones cuasi estatales: control del territorio (léase, definir y hacer cumplir derechos de propiedad) y el cobro de tributos (léase, extorsión), claro que sin detentar el monopolio absoluto de la coerción y generando entonces competencia entre sí y mayor fragmentación.

Es decir, generando violencia. El rango de la misma puede ir de la violencia anómica, como es el caso del crimen urbano, hasta una declarada guerra por el recurso dirigida y financiada por warlords—contrabandistas, extorsionadores, traficantes, terroristas o una combinación de todo lo anterior—en ejercicio de una proto-soberanía. Ante la ausencia de autoridad política centralizada, el Estado, una cierta secesión ocurre de facto.

Una vez que la violencia se dispara, ello desencadena una fatal reversión del desarrollo. A medida que el conflicto escala, el ingreso se contrae, la mortalidad crece, las enfermedades se propagan, el crimen se desborda. El hambre se esparce y el consumo de proteínas colapsa. Toda una generación puede estar privada del desarrollo neuronal necesario para el aprendizaje. Las pérdidas en capital humano son irrecuperables.

Los efectos de estos conflictos no reconocen fronteras. Se cuentan en epidemias, refugiados y en la propagación de actividades ilícitas. Todo lo cual supone costos crecientes para los países vecinos en defensa, salud pública y seguridad. El control de fronteras, narcotráfico y lavado de dinero requiere mayores presupuestos en toda la región contigua al conflicto. Una carrera armamentista también es plausible, la violencia engendra más violencia.

He obviado a Venezuela deliberadamente en la segunda parte de esta columna, en la esperanza que el lector haya hecho el paralelo en su mente. Ocurre que, entre sus muchos crímenes, el chavismo ha instalado la guerra por el recurso en América Latina y el Caribe, un tipo de amenaza que la región tendrá que enfrentar por décadas. La Venezuela Saudita ha traído África a América Latina. Su tragedia le pertenece a todo el hemisferio.

*El Pais, 14 enero, 2018

sábado, 6 de enero de 2018

Oposición y gobierno: ¿enemigos complementarios?


Nelson Acosta Espinoza
Bien amigos lectores, comienza un nuevo año. Oportunidad apropiada para expresar buenos deseos y militar dentro de una óptica optimista. Sin embargo, entiendo que la realidad conspira contra esta pretensión. Basta asomarse a las predicciones elaboradas por expertos en diversos campos para alimentar sentimientos de naturaleza pesimista

A pesar de esa circunstancia, me voy atrever a formular un vaticinio positivo para este año que se inicia. Esperemos que los distintos actores políticos (oposición y gobierno) abandonen la lógica que tiende a negar humanidad a los contendores en la lucha política. Cuando esto sucede, vale decir, los bandos se niegan la humanidad recíprocamente, tiene lugar lo que la etnóloga francesa Germaine Tillion (1907-208) denominó “enemigos complementarios”. En otras palabras, los actores en pugna promueven una visión que los posiciona, no como adversarios sino como enemigos y, en consecuencia, buscan su mutua destrucción.

Desde luego esta última afirmación requiere una aclaración. Ha sido el chavismo el que inicialmente desarrollo un relato político que escindía la sociedad venezolana en polos irreconciliables: patriotas vs escuálidos. Sin embargo, me voy atrever a señalar que esta lógica dicotómica, a lo largo del tiempo, se impuso con fuerza en la narrativa de los bandos en pugna. En otras palabras, invadió el campo de enunciación de los actores que hacen vida política en el país. Es en este sentido que hacemos uso del concepto de “enemigos complementarios”. Probablemente esta circunstancia ayuda a explicar las dificultades que ha tenido el sector democrático para elaborar una estrategia que le permita sortear con éxito la trampa implícita en definir el ámbito de lo político en términos de enemigo/amigo.

Esta circunstancia, por otra parte, ayuda a explicar la ausencia de confianza de la población en los procedimientos de naturaleza electoral. Los estudiosos de este comportamiento lo han definido como desafección democrática: sentimiento subjetivo de cinismo y de falta de confianza en el proceso político, los políticos y las instituciones democráticas.

Es fundamental apuntar que esta desafección ataca por igual al chavismo-madurismo y a la oposición democrática. Sin embargo hay un aspecto positivo. Se está creando la posibilidad para que el campo de lo político se abra a nuevas opciones que pudieran interpelar a sectores insatisfechos de la población alineados indistintamente en ambos bandos.

Vale la pena, entonces, formular las siguientes interrogantes: ¿Cómo interpretar esta última aseveración? ¿Se encuentran los destinatarios de estas narrativas huérfanos? ¿Aún no ha surgido su reemplazo discursivo´? ¿Opera la oposición democrática con claves narrativas del pasado? ¿Existe la posibilidad de desarrollar una nueva gramática política que dé cuenta de las nuevas circunstancias que están emergiendo?

Recuperemos el optimismo presente en la apertura de este artículo. Después de todo estamos iniciando un año nuevo. Reitero, entonces, la afirmación con la cual iniciamos este breve escrito. El sector democrático de la oposición tiene oportunidad de recuperar y hegemonizar el espacio cultural y político del país. Esta es una tarea, desde luego, que trasciende el ámbito estrictamente electoral. Máxime si se quiere evitar el resurgimiento de apuestas populistas de cualquier signo.

En este sentido, es necesario colocar la atención en la ejecución de dos tareas. Primero, superar la trampa implícita en la idea de “enemigos complementarios• Vale decir, superar los engaños de las narrativas dicotómicas (escuálidos-chavistas; izquierda-derecha; ricos-pobres; etc.) en las cuales ha estado sumida la oposición a lo largo de las últimas décadas. En segundo lugar y, como consecuencia de la primera premisa, habría que elaborar un relato de naturaleza transversal con el propósito de construir una nueva mayoría que ejerza la dirección política e intelectual de la Venezuela por venir.

¿Qué implica asumir un esquema de naturaleza transversal? Veamos. Por un lado, tomar de la totalidad de espectro político (sin complejos) las propuestas más beneficiosas para los ciudadanos y, por el otro, potenciar el alcance de la narrativa democrática sobre una diversidad de actores.

En fin, poner en práctica una apuesta de este signo permitiría ir al encuentro de la gente con independencia de sus distintas identidades ideológicas. De esta manera se abriría el camino hacia la construcción de un nuevo orden de naturaleza democrática. Y se saldría al paso a iniciativas de naturaleza aventurera.

No tengo dudas, la política debería ser así.




2018, año electoral decisivo Reflexiones para la MUD



Humberto García Larralde
No es menester insistir en la tragedia por la que estamos pasando para enfatizar la imperiosa necesidad de cambiar el gobierno en 2018. Las evidencias son demasiado contundentes, tanto de nuestras vidas personales como por informaciones recibidas a diario sobre muertes por hambre y/o por no conseguir medicamentos, del deterioro de los servicios públicos, la hiperinflación y el desabastecimiento, sin mencionar los arrebatos despóticos del presidente contra los venezolanos. Lamentablemente, este calvario habrá de agudizarse el año venidero si no conquistamos un significativo cambio político.

Los que hoy ocupan el poder les importa un bledo la suerte de sus compatriotas, más si esta interfiere con el régimen de expoliación que usufructúan. Y liberar a las fuerzas productivas de los controles que hoy la asfixian, unificar el tipo de cambio y asegurar las garantías de un Estado de Derecho implican, precisamente, desmantelar los mecanismos por medio de los cuales depredan al país. A la oligarquía militar-civil no le interesa, por ende, concertar salidas a la presente situación con fuerzas opositoras. En prosecución de sus intereses reprime y se cae a embustes con la idiotez de una “guerra económica” para echarle la culpa a otros de sus desmanes. Es la naturaleza del fascismo.

Pero el año que viene es electoral. Si bien la oligarquía ha dado muestras fehacientes de que los mandatos constitucionales no la atan –incumplieron el cronograma para la elección de gobernadores, de los consejos legislativos, alcaldes y concejales, desconocen a la Asamblea Nacional, violan los derechos humanos--, su aislamiento en el plano internacional y la agudización de la crisis interna elevan el costo político de suspender una elección presidencial. Su previsible realización constituye, por tanto, una oportunidad decisiva para el cambio deseado, que no debe ser desaprovechada.

Perspectivas electorales

Claudio Fermín, en un artículo que ha circulado profusamente por las redes, tiene razón matemática al argumentar que el voto oficialista, con todas las trampas y marramuncias que han podido aplicar en comicios recientes, alcanzó un techo que no pasa de 6 millones. Si hay 19 millones inscritos en el registro electoral, quedarían más de 13 millones de venezolanos para derrotar a Maduro o a quien lo reemplace. Pero tal análisis deja por fuera aspectos centrales que no pueden menospreciarse:

1. Lograr que buena parte de esos 13 millones voten por el candidato democrático implica reducir sustancialmente la abstención con un candidato (unitario) que entusiasme y acordar condiciones para los comicios que inspiren confianza;

2. Al fascismo puede ocurrírsele nuevas trampas para reducir aún más el voto democrático o, simplemente, no reconocer un resultado adverso.

Condicionantes del voto democrático

Hoy se aprecia desconfianza en el liderazgo de la MUD por no haber podido (o sabido) forjar, a partir de las movilizaciones de calle, una participación exitosa en las elecciones a gobernadores y/o por haberse dejado trampear, quizás por excesiva confianza en el triunfo (no se preparó suficientemente la maquinaria de testigos). No veo pertinente en estos momentos entrar a discutir sobre quiénes recaen las mayores responsabilidades de esta frustración. Pero debe señalarse que, de no superarse este distanciamiento con el liderazgo democrático, será difícil una participación electoral exitosa en 2018. Con ello habríamos desperdiciado quizás la mejor oportunidad para derrotar contundentemente a la oligarquía militar civil. Para recuperar esta confianza, inciden varios elementos:

1) Destaca, en primer lugar, lograr condiciones para la realización de elecciones pulcras, que reflejen fielmente la voluntad popular. Las elecciones para gobernadores revelaron las descaradas trampas cometidas por el fascismo: voto asistido, voto múltiple, mudanza de centros electorales donde la oposición es mayoría, violencia contra votantes, intimidación o expulsión –por la fuerza-- de testigos opositores, control del voto a través del “carrusel” con carnés de la patria, cuando no la manipulación abierta del resultado, negando las auditorías de rigor.

2) Las candidaturas con capacidad de galvanizar en torno suyo al electorado opositor en una contienda presidencial han sido inhabilitadas: Leopoldo López, Enrique Capriles, Antonio Ledezma. Ni Ramos Allup ni Borges reúnen las condiciones para una victoria. Si bien siempre hay la posibilidad de un “outsider” que ocupe ese papel, hay poco tiempo para construir una imagen que garantice el triunfo. ¿Lorenzo Mendoza? Posiblemente, pero no creo que esté dispuesto a correr ese riesgo y, ser un empresario exitoso no es, lamentablemente, una credencial reconocida por todos en este país.

3) El fascismo, a través de su fraudulenta anc está empeñado en ilegalizar a los principales partidos de oposición: Voluntad Popular, Primero Justicia y Acción Democrática, alegando su negativa a participar en las elecciones para alcalde.

La naturaleza del poder al que nos oponemos

“Conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo y en cien batallas nunca serás derrotado" -Sun Tzu, circa 500 ac. El mayor desacierto del liderazgo opositor ha sido no entender a cabalidad lo que significa el fascismo maduro-chavista. Más allá de sus clichés comunistoides, no tiene proyecto societario alguno. Lo que persigue es la acumulación incesante de poder para cogerse el país. Tal empeño no reconoce freno moral, legal, político ni idiosincrático: carece absolutamente de escrúpulos para proseguir sus fines. Muchos pensábamos --me incluyo-- que Maduro no desconocería tan groseramente el ordenamiento constitucional al seguir adelante con su farsa de anc, ya que representaría un suicidio político.

Pero la oligarquía militar civil necesitaba de un aldabonazo final para reclamar su propiedad definitiva --exclusiva y excluyente-- sobre el país. Tenía que cortar todo vestigio de soberanía popular eliminando de hecho a la Asamblea Nacional. No bastó que el tsj espurio confiscara sus funciones y aprobara las sentencias 155 y 156, por lo que no quedó más remedio que jugárselas completo con la patraña de la anc. Aunque se echó encima la opinión internacional, con todo y sanciones, le quedó un arma --el embeleco “constituyente”— que legitima, a los ojos de su secta de secuaces, la eliminación del último apego a la soberanía popular que interfería con sus designios. Expropiaron al pueblo de todo derecho constitucional y republicano a decidir sobre los destinos de la nación, sin preocuparse por guardar las formas. La oligarquía de enchufados y militares consolidó, así, su “título de propiedad” sobre Venezuela. Y para disfrutarlo y arrostrárnoslo en la cara, obliga a que todo pase por la constituyente fraudulenta: la convocatoria a elecciones, la juramentación de los electos, la aprobación del presupuesto, la libertad de los presos políticos, la inhabilitación de partidos políticos, “leyes” absurdas y pare usted de contar.

Y uno se pregunta: con este fuero absolutista auto-asignado, ¿Se respetará la voluntad de los venezolanos? ¿Podemos esperar elecciones justas? ¿Podrá arrebátesele el poder a las mafias?

Implicaciones

Para poder “cobrar” el apoyo mayoritario y abrirles a los venezolanos salidas a la presente tragedia, el equipo negociador de la MUD tiene que exigir, como condición sine qua nonpara participar en la elección presidencial y, por ende, legitimarla, que sea eliminada la anc y se levanten las inhabilitaciones. No es aceptable ninguna fórmula de convivencia con la farsa constituyente. Reconocer la propiedad de la mafia sobre el país a través de tal patraña invita a que no sean respetadas las condiciones para unos comicios pulcros. ¿Y la correlación de fuerza permite que impongamos tal condición? ¿Es realista este reclamo?

Las principales fortalezas con que cuentan las fuerzas democráticas son:

1) El rechazo del régimen por parte de la gran mayoría de los venezolanos;

2) El apego por el ordenamiento constitucional y su defensa; 

 3) El apoyo de la comunidad internacional democrática.

Insistir en la condición propuesta capitaliza estas fortalezas. Permitir que nos contrabandeen la anc tramposa las debilita. No hay garantía alguna de poder generar la confianza necesaria para que la gente salga masivamente a votar si permanece la anc. Que se respeten las normas legales que rigen el proceso depende de que sea eliminada. El apoyo internacional, hasta ahora (aceptablemente) militante –piénsese en el Grupo de Lima—seguramente se enfriaría si nos transamos por menos.

¿Y qué hacer si el fascismo rechaza entregar su “título de propiedad”? Simple. Gritar a los cuatro vientos que el régimen no quiere comprometerse con unas elecciones pulcras y anunciar que, bajo tales condiciones, no participaremos. Es decir, hay que jugárselas completa, sustrayéndole toda legitimidad a unos comicios diseñados para que Maduro gane. El país y la opinión internacional nos apoyarán si sabemos transmitir con claridad y firmeza esta decisión. Esta negativa a participar puede desatar mayores persecuciones, riesgo que debemos correr para fortalecer las opciones democráticas. Si bien los militares fascistas no tienen escrúpulos para reprimir, intuyo que, en estos momentos, no es para ellos lo más aconsejable, dado el escrutinio a que están sometidos por observadores internacionales. La liberación parcial de presos políticos sería un intento de “suavizar” su mala imagen.

No se trata de una postura inflexible por “principista”. Obviamente, en toda negociación es menester ceder algo. Pero hay que estar claro en qué y en qué no. Con la anc, el fascismo cruzó el Rubicón. Con ello no se puede convivir, porque es enterrar a la República y a la soberanía popular que la sustenta. Se puede acordar la aprobación del presupuesto y de operaciones de crédito público del gobierno, siempre y cuando sea reconocida y respetada en sus atribuciones la Asamblea Nacional; se puede interceder ante gobiernos amigos para que se levanten las sanciones si el régimen termina por liberar todos los presos políticos y acuerda la inspección, in situ, de organizaciones defensoras de derechos humanos; se puede ofrecer garantías de que, en un eventual gobierno de transición, no habrá persecución de chavo-maduristas por razones políticas e, incluso, acordar la participación de personeros oficialistas para asegurar que ello sea así. Pero no se puede entregar el país a una banda de mafiosos que asegurarán su destrucción y, con ello, la esclavización progresiva de los venezolanos.

Negociar desde una posición de fuerza

Negociemos desde una posición de fuerza. Los resultados electorales recientes han producido una alegría de tísico en Maduro y su combo, pero en nada han aliviado la precariedad de su situación. Ya comienzan a estallar protestas y saqueos por la situación de hambre e hiperinflación, PdVSA colapsa y escasea el combustible, no hay cómo mantener las prácticas populistas, las sanciones asfixian los negocios turbios de las mafias, facciones de ésta se pelean entre sí por un botín que decrece. No son señales de fortaleza. No le demos el respiro de un mecanismo fraudulento que confisca al país para su usufructo y compromete toda posibilidad de superar el presente desastre, para bien de los venezolanos.

Por supuesto que el liderazgo opositor tampoco se encuentra en sus mejores momentos. Pero debemos confiar en que, con una conducción certera, firme y consecuente, éste puede elevarse por encima de estas dificultades y conquistar de nuevo la confianza y apoyo que antes tuvo. Falta incluir, en esta argumentación, la necesidad de un proyecto alternativo claro y creíble al de la oligarquía militarista, que movilice a la gente, pero ello tendrá que esperar por otra entrega.

No queda más que transmitir mis deseos para que, unidos, labremos en 2018 esa Venezuela mejor que todos nos merecemos. ¡Si se puede! ¡Que sea de verdad un Feliz Año!
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domingo, 17 de diciembre de 2017

¿Ganará la oposición la batalla por la democracia?


Nelson Acosta Espinoza.
Después de los resultados de las últimas elecciones municipales la posibilidad del sector democrático de acceder al poder se ha venido estrechando. Esta afirmación puede ser percibida como una exageración que estimula el desaliento político en la población. Desde luego, no es mi intención propiciar este tipo de sentimiento y conducta. Por el contrario, considero necesario afrontar esta realidad como un primer paso para la formulación de una política apropiada que llegue a la mayoría de venezolanos de vocación opositora. Voy a destacar esta última afirmación. Todos los estudios de opinión resaltan que el desencanto con el gobierno es el sentimiento que mayoritariamente anida en el corazón de los venezolanos. Haría falta, entonces, la invocación apropiada que transforme esta emoción en conducta política y electoral. De formularse acertadamente el abstencionismo podría ser reducido al mínimo y, desde luego, estaríamos construyendo una nueva mayoría que reflejaría la situación adversa que afecta a la inmensa mayoría de la población.

¿Cuáles son las condiciones objetivas que sustenta, ahora sí, este optimismo político? Mencionemos las más relevantes. 82% de la población vive actualmente en situación de pobreza en el marco de niveles de inseguridad alimentaria sumamente alarmantes. La hiperinflación puede alcanzar el 1600 por ciento en este año 2017. La producción petrolera ha descendido abruptamente. Expertos la sitúa a niveles de la existente en la década de los años ochenta mientras la población es tres veces más grande. En fin, se ha producido un empobrecimiento generalizado en la población nunca visto en la historia del país.

Desde luego, amigo lector, usted puede señalar que estas condiciones de naturaleza objetiva existen desde hace rato. Perdonen el coloquialismo. Y, sin embargo, la oposición política no ha podido o sabido diseñar la estrategia apropiada para llegar a la población que sufre esta horrenda situación económica cuya responsabilidad recae exclusivamente en el gobierno. Sin la menor duda, una observación de esta naturaleza está plenamente justificada.

Bien, este es el reto que debe afrontar la dirección política opositora. Recuperar la confianza de la población y transformar este sentimiento en conducta electoral. Tarea, es importante resaltarlo, nada fácil pero, no imposible.

Los analistas políticos especializados apuntan a señalar la probabilidad que el gobierno convoque a elecciones presidenciales en el primer trimestre del año 2018. De ser cierta esta última observación coloca a la dirección política democrática en emergencia y pondría a prueba su desprendimiento patriótico para llegar a formular acuerdos electorales unitarios. Única posibilidad, a mi juicio, para poder vencer la maquinaria clientelar que ha organizado el gobierno.

Voy a detenerme en este aspecto. El gobierno ha establecido masivamente un sistema de ayudas clientelares como nunca se había visto en la historia política del país. Los Carnet de la Patria y los CLAPS han sido sus mecanismos de reclutamiento de lealtades electorales. Michael Penfold, en un reciente artículo en Prodavinci apuntaba lo siguiente: “… los efectos de ambos instrumentos son significativos. 71 por ciento de la población dice tener acceso (aunque irregular) a los CLAPS; de ese grupo que recibe las bolsas de comida, 70 por ciento dice ser oficialista y 30 por ciento opositor. 63 por ciento de la población dice también poseer el Carnet de la Patria; de aquellos que poseen el plástico –y se autodefinen como oficialistas, y dicen también haber participado en las elecciones regionales–, el 95 por ciento terminó efectivamente votando por el gobierno”.

No es fácil la tarea que debe afrontar la dirección política de la oposición democrática. Vencer esta estructura clientelar requerirá de un espíritu de desprendimiento y una apreciación acertada del momento histórico que vive la nación. Los resultados de las negociaciones que se llevan a cabo en Santo Domingo darán pista de los futuros escenarios en donde se desenvolverá la dirección política democrática. Ojala, las conclusiones de este encuentro interpreten el sentir político de la gente y se puedan traducir electoralmente en la venidera elección presidencial.

Es compleja la situación que enfrentamos los venezolanos. Sin la menor duda la coyuntura exige un alto nivel de desprendimiento a los actores políticos. Es imperativo, entonces, alcanzar una unidad política y electoral efectiva. De lo contrario correremos el riesgo de perder la batalla por la democracia.

La política, hoy más que nunca, debería ser así.









Outsider, Consenso y Transición



Asdrúbal Romero

¿Debe sorprendernos la forma como la candidatura de Lorenzo Mendoza ha prendido en el sentir de mucha gente? No realmente. El anhelo de cambio en el país es poderoso. Incluso en aquellos que obligadamente tienen que darle su voto al Régimen como consecuencia del sistemático procedimiento de extorsión al que se ven sometidos. Ese anhelo demanda de alguien que lo encarne. Y todo parece indicar que ha comenzado a construirse, espontáneamente, una mayoría que exterioriza la esperanza de Lorenzo como el líder, con el perfil requerido, para conducirnos a través del complejo proceso de transición que nos espera.

Constituye la madre de los desafíos asumir ese rol. Seguramente, les desencantará un tanto el reconocimiento de mi parte que no manejo información alguna sobre su disposición anímica a asumirlo. Como ciudadano buen amante de su patria, resulta plausible pensar que se habrá contagiado con algún grado de interés por la tarea, pero hay muchas otras variables que se nos escapan. De manera tal que no escribo estas líneas para comunicarles una buena noticia para muchos. Pero sí, con la finalidad de extraer algunas lecturas políticas de la proyección que ha adquirido su candidatura.

I-Sobre la tesis del Outsider

La primera y muy obvia lectura es la evidente incorporación al debate político nacional de la tesis del outsider, como una vía alternativa para reactivar esperanzas y la motivación en el electorado a participar. Andrés Velásquez, en su visita a Valencia, reconoció que se estaban dando las condiciones objetivas de cara a considerar la posibilidad de un outsider. También Henrique Capriles, en declaraciones publicadas en El Nacional, expresó: “soy de los que he dicho que el “outsider” es una opción en el proceso electoral de primarias”. Lo cierto es, con prescindencia de como pudiera estar valorando tal posibilidad la élite política opositora, que la todavía difusa visión de un Mendoza lanzado en la carrera hacia la Presidencia le ha abonado profusamente el terreno a la inseminación en el imaginario colectivo de la idea de la necesidad de un outsider. Ahora bien, para que una iniciativa como esta pueda germinar en un proyecto político exitoso se requiere de la satisfacción de ciertas condiciones.

Lo primero es el perfil del prospecto de outsider. Debe ser un personaje ya conocido por los electores. Los especialistas en mercadeo electoral lo agradecerán grandemente. Quien no conozca a Lorenzo Mendoza por su nombre, lo reconocerá inmediatamente al saber que preside el más importante grupo privado de empresas del país. Con el confluyente agregado que la marca Polar, por sí sola, es emblema de una enraizada tradición y de una importante presencia a lo largo y ancho del territorio nacional. Y por si fuera poco, el mismo régimen ha contribuido a promover el conocimiento del “pelucón” –una interesante opción a considerar como apodo de campaña-, como efecto colateral de su sostenida campaña para encender el odio contra los empresarios. Campaña, por cierto, que a la luz de los resultados anti humanitarios de su gestión de gobierno, ya va definitivamente enrumbada al fracaso. De manera tal que en el renglón de conocimiento por parte de la población, Lorenzo Mendoza es un “outsider natural”.

Pero no basta con exceder en este renglón. También debe sumar a su currículum de outsider un rasgo de excelencia que sea pertinente de cara al propósito en cuestión. Mendoza se anota más puntos en eso, al haber consolidado con méritos una imagen de gerente muy exitoso. Muy posiblemente, en este momento político del país, esa sed de liderazgo que colma los cerebros políticos de nuestros sufridos votantes, se satisfaga mejor con un perfil de gerente exitoso que con uno que sobresalga en el campo de la lucha política. Contamos pues con un “outsider natural”. Si, en el papel de abogado del diablo, tuviera algo que señalar: diría que un historial de exitoso desempeño en el campo empresarial no constituye suficiente garantía de éxito en el cumplimiento de las complejísimas funciones como máxima autoridad del Estado. Por supuesto, esta afirmación es materia para un encendido y prolongado debate que no abordaré en estas líneas.

Sobre lo que sí considero vale la pena insistir es el valor que, por sí misma, contiene la idea del outsider en la actual coyuntura política por la que tristemente atravesamos, con independencia de si el presidente del Grupo Polar accede o no a dar el trascendental paso. La idea no debe ser abandonada porque un “outsider natural” –en el muy específico contexto actual- desista. El país cuenta con otros potenciales outsiders. Aunque casi sobre decirlo, a muchos les encantaría ser considerado como tales, pero son muy pocos los que pueden calificar. Además del exigente perfil, condición que ya analizamos en el caso de Lorenzo Mendoza, la idea del outsider debe ser complementada con un proceso de selección del mismo concordante con la trascendencia con la que debe revestirse una candidatura nacional de tales características. Una candidatura outsider no es para que se mida en unas primarias. Con respecto a esto, me atrevo a opinar que Henrique Capriles se equivoca.

II- Unidad Nacional y Consenso

El proceso de deshumanización del país ha avanzado hasta un estadio de tal gravedad que no creo necesario abundar en ello. Tan infausta realidad reclama a gritos de las élites de esta agonizante republica la concertación de un acuerdo nacional. Sí, ya sé que se dice fácil pero que es muy compleja su articulación. Si en algo ha tenido éxito este régimen, como en la historia de la Humanidad muchos otros de férreo perfil totalitario, es en la desarticulación de la élites de la sociedad civil. Pero todavía las tenemos, casi en resiliente estado de hibernación en el ámbito de instituciones también en vías de extinción. Allí están: las diversas iglesias; las academias y universidades; las cámaras empresariales; los gremios profesionales; los golpeados sindicatos; las distintas asociaciones civiles y culturales y, por supuesto, la élite política que no sola la conforma gente de los partidos sino individualidades con comprobada experiencia en el intrincado manejo de un estado republicano. El dantesco escenario del hacia dónde nos dirigimos nos reclama a todos, en modo imperativo, el alinearnos con el Deber Ser de la Política.

Y este no puede ser otro, en tan delicado tránsito de nuestra historia republicana, que la Unidad Nacional a los fines de: la construcción de una propuesta de Transición que reordene el Estado; la definición del perfil deseable del conductor de ese proceso por un lapso específico y en condición de no reelegilibilidad; la constitución de una alianza unitaria para gobernar y la selección mediante un mecanismo conducente al consenso alrededor de ese conductor. Este proceso unitario constituye, por sí mismo, el apalancamiento que le permitirá al “outsider” seleccionado compensar esa carencia de “naturalidad” que en las presentes circunstancias exhibe Lorenzo Mendoza. Es de hacer notar que recurrimos ahora a la apelación de outsider como el producto de ese proceso de concertación y consenso nacional y no en el sentido que connota la interpretación literal del término –de allí las comillas: pudiera resultar que el outsider terminara siendo uno no tan outsider-.

La otra alternativa que se nos presenta en el horizonte político: la de recurrir al tradicional proceso de primarias para elegir a un hombre de partido como el candidato para las elecciones presidenciales adelantadas con las que amenaza el Régimen, constituye una apuesta demasiado riesgosa en el actual contexto. Me cuento entre los que cree que la candidatura de Maduro es derrotable. El Régimen no ha podido avanzar, a la velocidad que quisiera, en el agrandamiento de ese universo de electores controlable a través de su infame estrategia de dominación política por hambre. El potencial de votos alcanzable por el Régimen es pronosticable con muy aceptable precisión, incluso municipio por municipio, sin necesidad de encuestas. Ese potencial es superable con creces si la inmensa mayoría social que se opone al Régimen sale a votar. El fenómeno del 16D, cuando se eligieron los diputados de la actual Asamblea Nacional, puede ser rebasado por mucho, habida cuenta del agravamiento de las condiciones de vida de los pobladores de este aquejado país. Pero, la pertinente interrogante es: ¿saldrá arrolladoramente a votar esa mayoría social que todavía no la puede controlar el Régimen?

¿Saldría a votar por el candidato electo en unas primarias organizadas por unos partidos que atraviesan el peor momento desde el punto de vista de su imagen ante la ciudadanía? ¿No se correría el riesgo de que tales primarias se percibieran como un episodio reiterado de una ya casi eterna lucha de intereses donde no se asoma gesto de desprendimiento alguno? En la valoración de estos imponderables, merodea nuestro cerebro la fulgurante presencia del fenómeno de la abstención por rechazo que ha brillado en las dos más recientes elecciones. No es nada desestimable que unas primarias se conviertan en confrontación de maquinarias y, de ser así, ¿puede un candidato de maquinaria hacer renacer las esperanzas en el voto y por ende la motivación a participar? Me permito dudar.

Se requiere de un camino distinto, como se lo manifestaba en mi intervención a Andrés Velásquez en la AEEC; se requiere de la creación de un clima político en el que se evidencie la colocación en primera prioridad de los más altos intereses de la nación y sus ciudadanos; de una ruta unitaria en la que la gente perciba que los más diversos sectores de la sociedad civil han participado, con notable desprendimiento, para elegir a la mejor opción para la impostergable transición con un mandato bien concreto y delimitado en el tiempo. El quid de la cuestión es conseguir el reverdecimiento de las esperanzas ciudadanas y su compromiso, en primera instancia con su voto, en la construcción de una salida a esta deplorable trampa en la que nos han hundido. Creo que la modalidad del consenso nos garantiza mayores probabilidades de lograrlo. Hablo de un proceso que demanda ingentes esfuerzos y nobles desprendimientos, como la gran palanca para levantar la fe en que todos sí podemos lograrlo. ¡Es muchos más que el outsider¡


Tanto en el camino de las primarias como en el del consenso trabajado, el costo de perder es demasiado alto. Atrevamos a imaginarnos, sólo por un momento, un mandato de seis años más de los DESTRUCTORES. Además de la tragedia en lo económico y social, significaría la consolidación de la DICTADURA; el avance en el control cultural, político y electoral del país por la vía de sus deleznables mecanismos de control social y económico, hasta convertirse el Régimen en IDERROTABLE por la vía democrática; la consecución de su objetivo totalitario nos alejaría casi hasta el infinito la posibilidad de revertir los nefastos cambios que han venido implantando para alterar la mayoría de nuestros rasgos positivos como sociedad y pervertir todo el entramado institucional. No podemos perder. No podemos seguir jugándonos a Rosalinda en la interminable confrontación de intereses subalternos. No puedo concluir sin un mensaje a los partidos. El entusiasmo público alrededor de la figura de un outsider debe convocarles a reflexión sobre el problema de imagen que confrontan. Ojalá esta apreciable merma en su credibilidad sea un bajón de naturaleza coyuntural, porque los necesitamos muy fuertes en la construcción de un mejor futuro. Ahora es el momento de sumarse a un proyecto de unidad nacional e incluso, de ser posible, liderarlo abriéndose a la sociedad civil e integrándose con ella a los fines de ensamblar un escenario de TRANSICIÓN bajo los principios de UNIDAD NACIONAL, CONCERTACIÓN y CONSENSO. Creo que UNIDAD es la otra palabra que debería ir en el título de este texto: UNIDAD de corazones; UNIDAD de capacidades, voluntades y esfuerzos; UNIDAD con desprendimiento por nuestra querida Venezuela que la podemos perder definitivamente.

domingo, 10 de diciembre de 2017

¿Procesa la oposición la situación social y económica que padecen los venezolanos?


Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores, este domingo se celebrarán las elecciones de alcaldes en los 335 municipios del país. Igualmente, se repetirá la elección regional en el estado Zulia tras la polémica destitución de su gobernador electo por no subordinarse ante ANC, optando para el periodo 2017-2021. Es bueno recordar, que los partidos AD, VP y PJ decidieron no participar en estas votaciones municipales.

Por otra parte estos comicios se llevarán a cabo, es importante resaltarlo, en el marco de un proceso de negociación entre la MUD y el gobierno en la Republica Dominicana. La oposición espera alcanzar acuerdos que permitan la liberación de los presos políticos, la apertura de una canal de ayuda humanitaria, garantías para la celebración de elecciones presidenciales democráticas, con observación internacional calificada, con un CNE imparcial y el cese de la persecución política. Por su parte, recientemente el ministro del Poder Popular para la Comunicación, Jorge Rodríguez, señaló que “Venezuela no va a ir a un evento electoral, ni va a firmar ningún acuerdo con la oposición venezolana hasta que se levanten las groseras sanciones que la dirigencia de la derecha solicitó frente al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, y frente a las autoridades españolas, canadienses o de otra índole”. Estas demandas vienen acompañadas por la petición de Gobierno acerca del reconocimiento de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y la creación de una comisión de la verdad para “juzgar las responsabilidad de los líderes opositores en los disturbios suscitados en las protestas entre abril y agosto de este año”.

Es obvio que estas demandas (MUD y Gobierno) son contradictorias y, por lo demás, de difícil cumplimiento. De parte del oficialismo apuntan, más bien, a ganar tiempo de cara a las próximas elecciones municipales. Igualmente, la participación de sectores democráticos en estos comicios debilita las argumentaciones de la MUD en la mesa de negociación en Santo Domingo, refuerzan los del gobierno y no combaten los desencantos que campea en densos sectores de la población votante.

En fin, mientras el gobierno tiene una posición homogénea la oposición se debate entre argumentaciones contradictorias que la debilita y no genera confianza en la masa opositora que, dicho sea de paso, constituye la mayoría del país. No será una sorpresa, entonces, que se produzca una abstención significativa en la elección del domingo próximo.

Al escenario electoral y político es necesario agregar un ingrediente. Me refiero al fenómeno de la hiperinflación. Sus consecuencias son trágicas. La más evidente es el empobrecimiento acelerado de la población cuyas remuneraciones se quedan cada vez más rezagadas con respecto al alza de precios. El costo real de la Canasta Básica para una familia de cinco personas es de 3,9 millones de bolívares (CENDAS). Hoy el salario mínimo integral es de Bs 456.507. En otras palabras, se está configurando una situación social de naturaleza catastrófica que requiere ser encausada políticamente.

La pregunta surge a boca de jarro ¿está la oposición procesando apropiadamente esta dramática situación social y económica? ¿En las municipales los candidatos opositores contextualizaron sus propuestas en el marco de esta tragedia nacional? Soy de la opinión que, salvo contadas excepciones, en el debate electoral municipal no se procesaron apropiadamente los temas que ensombrecen el futuro de la población de nuestras ciudades. Un electoralismo a la antigua prevaleció en las estrategias implementadas por los candidatos opositores. Quizá, ahí radique la dificultad para combatir el sentimiento abstencionista presente en sectores de la población.

En el 2018 se celebrarán diversos procesos electorales: elección de concejales, diputados a los Consejos Legislativos y presidenciales. Al menos así está previsto hasta este momento. Esperemos que en las dos primeras no se repitan los errores de las elecciones municipales. En otras palabras, que estos comicios brinden una oportunidad para cuestionar las políticas del ejecutivo. Y, en relación a la elección presidencial, es vital desestimar la primaria como instrumento de escogencia del candidato presidencial. Ante la posibilidad que se adelanten los comicios es importante buscar un candidato designado por consenso que vaya más allá de los partidos y que sea símbolo del país que quiere cambio más allá de la MUD.

Sin la menor vacilación, en la hora actual es imprescindible exigir al liderazgo opositor que coloque a un lado sus intereses particulares y opte por una figura que exprese el sentir de todos los venezolanos.

Sin lugar a dudas, la política es así.





Criptomoneda, criptopolítica Maduro y su contagiosa opacidad



Héctor E. Schamis*

Maduro anunció la creación del Petro, criptomoneda con la cual espera “avanzar en materia de soberanía monetaria, hacer transacciones financieras y vencer el bloqueo financiero”. El Petro estará respaldado por las reservas de crudo, oro y diamantes, agregó. Con ello se busca eludir las sanciones internacionales y acceder a fuentes de crédito alternativas.

La criptomonedas son monedas virtuales y privadas que funcionan sin intermediación. Las transacciones se realizan directamente entre el comprador y el vendedor, y el valor de la moneda se determina por la oferta y la demanda, sin respaldo ni regulación de autoridad monetaria alguna, es decir, sin Banco Central. Su cotización, entonces, depende de su credibilidad, funcionando como medio de pago e instrumento de inversión al mismo tiempo.

Asombra por cierto la súbita conversión del chavismo al dogma económico liberal. Hayek, por ejemplo, estaría muy a favor de las criptomonedas. En The Denationalization of Money, de 1976, aboga por un mercado de dineros privados basado en la competencia de las diferentes denominaciones. La demanda convergería sobre el dinero de reputación más robusta, continúa el argumento, lo cual redundaría en estabilidad de precios.

Es improbable que la criptomoneda tenga éxito. No obstante, es una buena metáfora. Es por cierto una alegoría de la política, de un régimen que cultiva la opacidad.

Bastante cerca del Bitcoin y similares, Hayek escribió sobre la privatización del dinero como respuesta a la inflación—¡de dos dígitos!—que acosaba a Gran Bretaña en aquellos años. Sin embargo, difícilmente optaría hoy por el Petro. Ocurre que credibilidad y reputación no es precisamente lo que Maduro tiene para ofrecer.

A saber, la inflación no es de dos dígitos sino de cuatro. La base monetaria crece por encima del 1.000% anual. PDVSA se halla en default selectivo, habiendo incumplido el pago de dos cupones de sendos bonos por 183 millones de dólares este último viernes. Toda transacción en Petros equivaldría entonces a prestarle a un gobierno que ya destruyó una moneda y sobreendeudó a un país.

En consecuencia, es improbable que el instrumento financiero en cuestión tenga éxito. No obstante, la criptomoneda es una buena metáfora. Su nombre es por el uso de la criptografía como mecanismo de seguridad de las transacciones, todas ellas digitales. Cripto, a su vez, proviene del vocablo griego “kryptos”, que significa oculto, escondido, secreto. Es por cierto una alegoría de la política, de un régimen que cultiva la opacidad.

Por ejemplo, se observa un retardo de crecimiento en el 33% de la población infantil, un daño de por vida. La mortalidad materna creció 10% entre 2006 y hasta 2016, pero aumentó un fulminante 65% solo en 2016. Además, el 63% de los hospitales públicos no tienen agua potable, el 51% no dispone de camas para las operaciones y el 64% no tiene leche para los niños. Estos datos según Cáritas, institución que declaró la emergencia sanitaria. El gobierno dice que es mentira.

Los enfermos protestan en las calles. No hay drogas para quimioterapia ni equipos para diálisis, por citar dos ejemplos. La alternativa a morir antes de tiempo en el país es ir a hacerlo en el exterior. En Venezuela se desafían los patrones demográficos tradicionales: también emigran los ancianos, no para construir un futuro sino en busca de atención médica. El gobierno sostiene, en contraste, que el país es un modelo de desarrollo social y humano. Practica la criptopolítica social.

Este domingo se vota en elecciones municipales. Es necesario recordar que doce alcaldes electos están fuera de sus cargos, presos, inhabilitados, prófugos o en el exilio. Esos doce alcaldes representan a diez millones de venezolanos. Es una suerte de criptoelección. El gobierno destituye a los alcaldes de forma ilegal y elije sus reemplazantes de manera fraudulenta. Y así despoja de derechos políticos a un tercio del país.

Además, el 80% de los venezolanos vive en la pobreza. La vasta mayoría de ellos no come tres veces al día. El subsidio alimentario oficial, conocido como bolsa CLAP, se distribuye de acuerdo a la preferencia electoral de los distritos. Y por supuesto es obligatorio tramitar el carnet de la patria para ser beneficiario, instrumento de control social. El hambre es política de Estado y estrategia electoral al mismo tiempo.

Todo esto mientras la MUD dialoga con el gobierno en la República Dominicana, o una parodia de ello. Siguen aumentando los presos políticos, y los voceros más importantes del gobierno ya han dicho que no aceptarán ayuda humanitaria internacional y que no habrá elecciones presidenciales si no se levantan las sanciones económicas. Pero la MUD no ha informado a Venezuela y al mundo acerca de qué han dialogado. Se trata de un criptodiálogo, la opacidad puede ser contagiosa.

Pero hay algo más profundo y más trágico que se oculta, en buena parte por miopía, sino irresponsabilidad, de la comunidad internacional. Es esta inexplicable demora en acabar con un régimen que representa una amenaza como nunca hemos vivido en el continente. La desventura venezolana pertenece a todo el hemisferio.

Nótese, en Venezuela no hay Estado. No hay ley, ni frontera, ni política fiscal, ni monopolio de la coerción, ni derecho alguno que la autoridad proteja. La tragedia humanitaria ya pronto se medirá en hambruna y epidemias, en una ola de refugiados de un país con 30 millones de habitantes. Y en Venezuela se ha militarizado la disputa por el recurso, la explotación y el contrabando de la gasolina, virtualmente gratis, y de la minería ilegal.

En otro contexto geográfico estaríamos hablando de “warlords”, de los señores de la guerra que controlan una porción del territorio para acceder a un recurso natural valioso; típicamente, caucho, marfil, diamantes…o petróleo. Esta es la historia, estilizada, de las guerras por el recurso en África. El chavismo ha importado dicha problemática pero en paz. Le alcanza con las múltiples criptoguerras de su régimen criminal.
*El País
10 DIC 2017

domingo, 26 de noviembre de 2017

Venezuela: ¿tierra arada lista para la siembra?


Nelson Acosta Espinoza
Sin lugar a dudas, son complicados los tiempos actuales. Por un lado, se han agotado las certezas que en el pasado orientaron el accionar político de los partidos de la oposición. El oficialismo, por su parte, se desenvuelve bajo el cobijo de un manto discursivo arruinado. El concepto de crisis histórica podría sintetizar apropiadamente la complejidad del momento actual. Voy a intentar desarrollar esta idea y aplicarla para caracterizar la coyuntura política del momento.

Los actores democráticos se encuentran sumidos en una cierta indefinición. Parece más apropiado precisar esta conducta con la palabra perplejidad. El diccionario de la Real Academia Española define esta conducta como “irresolución, confusión, duda de lo que se debe hacer en algo”. Todas y cada una de estas características pueden ser aplicadas a la conducta política que la oposición exhibe ante el país. Este sector perdió la brújula y, en consecuencia, su accionar político es un tanto incoherente y sin la debida orientación. Entiendo que es dura esta caracterización. Voy a intentar respaldarla con algunos ejemplos del accionar de los partidos que conforman la oposición en el país.

En los años 2014 y 2017 un sector de la oposición se lanzó a las calles con la finalidad de solicitar la inhabilitación de los jueces de la Corte Suprema, liberación de los presos políticos, elecciones y ayuda humanitaria. Con diferencias en intensidad y duración estas protestas fracasaron en alcanzar los objetivos señalados. Ambos eventos produjeron un saldo trágico en muertos, heridos y manifestantes presos.

La inconsistencia más evidente la encontramos en su conducta electoral. Las elecciones parlamentarias del año 2015 resultaron en la victoria de la MUD, con 112 de los 167 diputados de la Asamblea Nacional. Primera victoria electoral de la oposición en 17 años. Estos éxitos proporcionaron oxigeno político a estos grupos políticos y estimularon las esperanzas de cambio que anidaban en la población.

Sin embargo, los errores u omisiones cometidos en el marco de las protestas callejeras se expresaron en los resultados electorales en las elecciones de gobernadores. Un sector importante de la ciudadanía opositora se abstuvo. Esta circunstancia, aunada a un cierto triunfalismo, contribuyó al éxito electoral del oficialismo. Es importante resaltar que, a pesar de esos resultados, la población opositora es mayoría en el país. De ahí que utilicemos el término perplejidad para caracterizar la conducta errática que han exhibido los distintos comandos que intentan dirigir la oposición política del país.

En la actualidad el sector democrático se encuentra desprovisto de política. Una parcialidad, por ejemplo, intenta convocar a unas primarias para definir el candidato presidencial en las elecciones del 2018. En mi opinión   no creo que una iniciativa de esta naturaleza estimule a la población a participar. Espero equivocarme. Sin embargo, las próximas elecciones de alcaldes pondrán a prueba esta aseveración. En fin, la ciudadanía se encuentre huérfana y sin un relato político que responda a sus expectativas de cambio y exprese una visión alternativa de futuro para el país.

“Tierra arada lista para la siembra”. La expresión es del finado Dr. Ramón J. Velásquez. Así caracterizaba Ramón Jota la actualidad política del país de su tiempo. Advertía la necesidad de que los sectores democráticos comprendieran la situación por la que atravesaba la nación y, advertía, los peligros del autoritarismo que acechaban a la democracia. Las cúpulas partidistas hicieron caso omiso a estas advertencias. Estamos padeciendo los resultados de esta omisión.

En la actualidad, “la tierra se encuentra, nuevamente, en condiciones para la siembra política”. Es imprescindible, entones, la construcción de un nuevo relato que supere las carencias del antiguo proyecto democrático, el fracaso del socialismo del siglo XXI y anuncie una visión de futuro que rompa con el estado centralista rentista y apunte hacia la verdadera edificación federal de la nación.

Para su construcción es indispensable que la oposición democrática se revise y tenga la generosidad política de abrirse a las nuevas ideas e identificar el nuevo liderazgo que intentará superar la presente situación que padece el país.

No tengo la menor duda, la política será así.