domingo, 13 de mayo de 2018

¿Expresa Falcón una nueva opción política en el país?


Nelson Acosta Espinoza

Iniciemos este breve escrito con una sencilla pregunta ¿representa la candidatura de Falcón la vía mas expedita hacia una transición democrática? La repuesta podría ser afirmativa si esta expresión contara con el respaldo masivo de la población. Sin embargo, su postulación no ha podido interpelar a la inmensa mayoría de los electores. En otras palabras, no ha logrado concitar altos niveles de confianza en la población votante. Este rechazo, es importante subrayarlo, no es producto exclusivo de la negativa de la MUD de apoyarlo. Obedece a varias circunstancias. Por un lado, a no haber podido despejar las dudas que existen sobre su candidatura y, por el otro, su dificultad para expresar en forma contundente los sentimientos de cambios que anidan en la población. Falcón no emociona y, en consecuencia, no convence. Este es un dato de la realidad. No es producto de ninguna postura anti política. Es obvia, entonces, la tarea que a corto plazo  deben emprender los demócratas. Emocionar de nuevo a la población y construir una nueva mayoría política.

Es vital la compresión de esta última afirmación. Tengo la impresión que el comando de campaña de Falcón asume como dado esta última aseveración. La desastrosa situación económica, los niveles crecientes de empobrecimiento, entre otras calamidades, son vista como suficientes como para que la población endose esa candidatura. Después de todo, así piensan sus proponentes, Falcón expresa la oposición al régimen. Responsable de esas calamidades.

Sin embargo la dinámica electoral no funciona de esa forma. Las circunstancias económicas por si solas no son suficientes para la construcción de una nueva voluntad política colectiva. De ser así, ya habríamos salido de este régimen chavista. Responsable del empobrecimiento de la población y la destrucción de la economía del país.

La dimensión económica de la crisis es importante. Pero se requiere que ésta tenga su correlato político y subjetivo. Y esta condición, combinación de determinaciones objetivas y subjetivas, es la que ha estado ausente en el accionar político tanto de Falcón como de la MUD. No se ha intentado politizar la grave situación social que afecta a casi la totalidad de la población del país.

Esta es, precisamente, la tarea que debe acometer la oposición democrática del país. Después de esta contienda electoral se abre un nuevo campo de accionar político para los demócratas en el país. Descartada la distracción electoral, desnudada la dictadura y en el marco de esta desastrosa situación social, la opción política es politizar, con consignas agresivas, este contexto social.

Desde luego esta no es una tarea fácil. El gobierno, con inteligencia, ha desmontado los escenarios donde una nueva oposición pudiera actuar. La nueva dirección política que surja después de esta contienda electoral, tendrá que exhibir fortalezas de distintas índoles. La imaginación política será una de ellas. Igualmente y, como consecuencia de lo anterior, deberá explorar nuevas formas de accionar político. Esta ha de ser una tarea de carácter prioritario. Y, lo más importante, construir una narrativa que logre transformar las vicisitudes de naturaleza social en el fundamento de las nuevas iniciativas políticas que enfrente, en sus diversas dimensiones, el poder del régimen.

Una labor inmediata, post elecciones, seria la elaboración de una consigna que condense los diversos antagonismos de naturaleza social existente en el país y, que simultáneamente, exprese la firme voluntad de construir un nuevo arreglo de naturaleza política. Una nueva hegemonía que dote de sustento a la nueva democracia que inexorablemente se construirá en el país.

Tengo confianza que al calor de los acontecimientos por venir, surgirá la repuesta apropiada que abra las compuertas del futuro democrático en el país.

Sin la menor duda, la política es así.











domingo, 6 de mayo de 2018

Construir una nueva mayoría política


Nelson Acosta Espinoza
Estamos a días para la celebración de la elección presidencial. Son cinco los aspirantes que participan y juegan un papel decisivo en esta contienda de naturaleza electoral. En un cierto sentido pudiéramos agregar un nuevo actor: la ciudadanía. Su participación o inhibición será el factor determinante en este nuevo ejercicio electoral. Desde luego, esta última afirmación es una verdad de Perogrullo. Es obvio que son los ciudadanos quienes determinan el resultado final de cualquier ejercicio electoral. Sin embargo, en esta ocasión existe una opción El Frente Amplio. Esta agrupación intenta capitalizar el descontento ciudadano con una visión que va más allá del acto comicial. Es en el marco de esta lógica que adjudicamos el carácter de actor a esta agrupación. Intentare, en las próximas líneas, explicar esta circunstancia y sus implicaciones de cara al futuro post electoral.

Una descripción apresurada de la contienda adjudicaría un candidato al oficialismo, Nicolás Maduro y cuatro al sector oposicionista.: Henri Falcón, Javier Bertucci, Luis Alejandro Ratti y Reinaldo Quijada.

Desde luego Maduro representa la continuidad del régimen. Su campaña, de carácter asistencialista, intenta preservar los cuatro millones de votantes que las encuestas le adjudican. El instrumento clientelar para solidificar esta cifra es el Carnet de la Patria. Es importante recalcar que los estudios de opinión muestran un rechazo a esta opcion del 70% de la población habilitada para ejercer el voto.

Por su parte la oposición concurre a este evento con cuatro candidatos. El más representativo es Henri Falcón. Sobre esta opción electoral es posible hacer las siguientes observaciones. Su candidatura intenta capitalizar el descontento existente en la población del país. De hecho su campaña intenta hegemonizar a esta mayoría que las encuestas señalan como desafecta al gobierno y sus políticas. Sin embargo, su estrategia comunicacional es de naturaleza programática (por ejemplo, oferta de dolarizar a la economía) y no captura la naturaleza de la conflictividad social existente en el país. Dicho en otros términos, su propuesta no emociona. No logra transformar a sus destinarios (población empobrecida) en interlocutores. En “sujetos” que encarnen su propuesta electoral. Sospecho, que esta conducta es propia de la gramática comunicacional que prevaleció en campañas electorales donde la oposición ejerció el papel protagónico en el pasado.

Sobre los otros candidatos no es mucho lo que podamos señalar. El que luce con más brío electoral es Javier Bertucci. Su estrategia comunicacional presenta rasgos de naturaleza populista. Recuerda las campañas electorales que se sucedían en la IV república. Sus posibilidades de éxito son muy precarias. Igual sucede con los otros postulantes.

El Frente Amplio. Esta agrupación no se plantea opciones de naturaleza electoral. Por el contrario, intenta expresar y dar contenido político a las protestas sociales que a diario se suceden en el país. Hasta cierto punto, intenta llenar el vacío que la contienda electoral no asume. Y, esta tarea, puede llevarse a cabo con independencia de las elecciones.

En otras palabras, el deterioro social tiende a profundizarse. Es vital, entonces, dotarlo de sentido político y, a partir de esta acción, generar las condiciones para la construcción de una nueva mayoría POLITICA que suceda la actual organización de los poderes públicos en el país. A mi juicio esta ha de ser la tarea que el Frente Amplio, a nivel nacional, deberá asumir después de los venideros comicios.

Voy a finalizar este breve escrito con una aseveración de naturaleza teórica. Una de las dificultades recurrentes en la práctica política de la oposición ha sido no prestar la debida atención a las emociones. Un cierto “racionalismo” ha prevalecido en el marco de sus aproximaciones políticas. Pragmatismo responsable de la poca atención brindada a esta dimensión subjetiva de la conducta humana.

La actual coyuntura exige articular lo objetivo (condiciones económicas) con lo subjetivo (pasión, emoción) y hacer de esta relación el punto de partida para la elaboración de la nueva propuesta política que sacará al país del atolladero en que se encuentra.

No tengo la menor duda, la política es así.


sábado, 21 de abril de 2018

Falcón: si no emocionas, no convences


Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores, son casi treinta días lo que nos separan de las elecciones presidenciales. A pesar de su cercanía no se percibe la presencia de un clima electoral intenso. A diferencia de situaciones anteriores, la población no muestra entusiasmo y pasión a propósito de este evento electoral. Por el contrario, el ambiente político está siendo surcado por múltiples rumores. El más persistente apunta hacia una eventual suspensión de esta elección presidencial. No sería la primera vez que se cancelan estos comicios. Recordemos que la Asamblea Nacional Constituyente las había pautado para el mes de abril.

En cualquier caso, la atmosfera política no se encuentra marcada intensamente por el clima electoral. Antes por el contrario, prevalece en un amplio sector de la población un cierto desgano hacia este importante y crucial acto de sucesión presidencial. Inapetencia que pudiera transformase en una conducta abstencionista, no inducida, en amplios sectores de la población urbana del país.

Vamos a posar, brevemente, la atención sobre las posibilidades futuras del madurismo. En primer término es importante subrayar cierta debilidad política que presenta el régimen. El temor a las sanciones y la imposibilidad de tener acceso al crédito internacional, entre otras variables, coloca al presidente Maduro en una situación difícil de cara a sus aliados internos. Situación esta que pudiera presionar para suspender nuevamente las elecciones del 20 de mayo en aras de ganar tiempo e intentar organizar una nueva ronda de negociación. Es importante resaltar que una opción de esta naturaleza cuenta con simpatías dentro de sectores de la oposición democrática.

Por otra parte, la campaña electoral que despliega Falcón, hasta el momento, no ha podido motivar a los electores ubicados en la oposición. No emociona y, en consecuencia, no convence. En otras palabras, no ha podido conectarse emotivamente con la población descontenta. Aún no ha construido una mayoría electoral, política y cultural con potencialidad para desplazar al régimen socialista.

Bien, en el marco de esta descripción ¿cuál sería la estrategia apropiada? ¿Cómo responder apropiadamente a las demandas que formula la coyuntura política presente? En otras palabras ¿Qué hacer?

Desde luego son complejas las preguntas y sus respectivas respuestas. Voy a intentar describir un esbozo de explicación que proporcione líneas de reflexión que ayuden a despejar estas incógnitas.

El punto de partida para tener una visión apropiada de la coyuntura es comprender, en primer lugar, que estamos en presencia una crisis de naturaleza histórica. Los viejos moldes dentro de los cuales se practicaba la acción política ya no son útiles. De ahi las dificultades presentes en el frente opositor. Su imposibilidad para "leer" apropiadamente la actual crisis política.  En otras palabras, la presente crisis demanda la elaboración de una nueva narrativa que dé cuenta de esta situación y proponga la nueva visión de futuro. En el plano coyuntural, es indispensable inyectar a la práctica política el insumo social. El país, en la actualidad, se encuentra cruzado por una multitud de protestas de naturaleza social que carecen del acompañamiento de actores políticos significativos. Sin lugar a dudas, este distanciamiento enuncia la grave crisis que padece el estamento ortodoxo de la oposición democrática.

Aquí es importante hacer el siguiente señalamiento. El “desgano” electoral presente en vastos sectores de la población no obedece a una propuesta política específica. Por el contario, es el resultado de los numerosos errores de la dirigencia opositora y su dificultad programática de acompañar a la ciudadanía en sus luchas cotidianas. En otros términos, no han podido formular la opción apropiada que politice las innumerables protestas sociales que suceden diariamente a lo largo de la geografía del país.

En fin, la opción democrática, hasta el momento, no ha podido elaborar la propuesta que calce en las circunstancias del momento y que interpele apropiadamente a la población votante. De ahí la incertidumbre que alberga en vastos sectores de la población votante.

Sin lugar a dudas, la política es así.






viernes, 6 de abril de 2018

“Nuevo gobierno YA”

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Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores, estamos siendo testigos de una situación política inédita en el país. A propósito de las venideras elecciones presidenciales se ha comenzado a conjugar tres lógicas discursivas distintas. Esta multiplicidad, por así decirlo, es un síntoma claro del desiderátum histórico al que nos enfrentamos.

El país reclama con fuerza una apuesta que encare los gravísimos problemas que confronta la ciudadanía. Esta necesidad, a pesar de su urgencia, aún no ha sido satisfecha a plenitud. Los venideros comicios, por ejemplo, no colman en su totalidad el deseo de cambio existente en la población. Se podría asumir que lo electoral, entonces, no proporciona la respuesta apropiada que demanda la gravedad de la situación social y económica que padecemos los venezolanos.

Retomemos la afirmación inicial e intentemos describir las lógicas políticas que están en juego. La de mayor protuberancia es la que pretende prolongar el actual estado de cosas. Podríamos calificarla como la postura política que se aferra al pasado e intenta reproducir el “ancien régime”. Desde luego, esta apuesta es la que representa la reelección presidencial de Nicolás Maduro. Su ratificación, como presidente, es vital si este grupo político desea sobrevivir a los acontecimientos que lentamente se están gestando en el seno de nuestra sociedad.

Por otro lado, tenemos las candidaturas de cuatro candidatos que intentan disputar el poder al actual presidente del país. De ellos el que más resalta e intenta desplazar a Maduro es Henri Falcón. Una candidatura que surge sobre la creencia de que podría capitalizar el rechazo que existe en la población hacia el gobierno socialista. Sin embargo, su candidatura es percibida en amplios sectores de la población como restauradora del pasado. En otras palabras, no logra interpelar apropiadamente a los ciudadanos que rechazan este régimen. Su investidura es percibida como “más de lo mismo” y, en consecuencia, no consigue procesar adecuadamente el sentimiento de cambio que prevalece en la gran masa de votantes.

Por último, se encuentra la población que sufre duramente las actuales condiciones sociales, económicas, de inseguridad, etc. Que padece un deterioro progresivo de su calidad de vida. Y que no da señales de participar, en el plano electoral, a favor de las dos candidaturas mencionadas. Igualmente, vale la pena agregar que hasta el momento estos ciudadanos no han sido interpelados apropiadamente por los sectores democráticos que hacen política en el país y que intentan formular una alternativa distinta a las oficialistas. Con esta última afirmación ¿qué pretendo señalar?

Diariamente se suceden en el país diversos conflictos asociados al quehacer diario de los ciudadanos: insuficiencia en el suministro de agua, electricidad, transporte, vivienda, seguridad; altas tasas de desempleo, ausencia de liquidez, pobreza generalizada, etc. Sin embargo estos antagonismos no han sido, aún, articulados a una lógica y/o solicitud de naturaleza política. No se han politizado. En fin, lo que pretendo señalar es que existe una oportunidad de naturaleza discursiva de transformar estas distintas demandas en equivalentes frente a un antagonista o adversario. En otras palabras, lo que proporciona sentido político a estas demandas es su organización en una cadena cuyo último eslabón seria cuestionar la hegemonía de quien detenta el poder.

Desde luego, el sector de la oposición que participa en el torneo electoral no concibe su actuación en estos términos. No cuestionan la raíz que genera estas distorsiones que está padeciendo la población. Su electoralismo lo aleja de la ruta de politizar la cuestión social en el país.

Aquí se abre, entonces, una oportunidad para confeccionar una oferta que proporcione sentido político a la contingencia de no participar electoralmente en la elección presidencial. Para alcanzar esta meta se requeriría elaborar un relato que encadene connotativamente las distintas carencias (salud, desempleo, hambre, inseguridad, violencia policial, etc.) que padece la población en torno a una sola consigna. Por ejemplo: NUEVO GOBIERNO YA.

Solicitud que sería exitosa en la medida que condense estas carencias que sufre la población y sea asumida por los ciudadanos en sus luchas cotidianas. Desde luego, este es un ejemplo destinado a ilustrar, por un lado, la necesidad de elaborar una oferta de naturaleza política y, por el otro, dotar de sentido a las múltiples carencias que en la actualidad padece la población.

No tengo dudas, la política es así.


sábado, 24 de marzo de 2018

Domingo de Ramos. Tiempo de rebeldía


Nelson Acosta Espinoza
Amigos lectores este domingo da inicio a la Semana Santa. La festividad religiosa más importante en Venezuela y el mundo católico. En ese día millones de feligreses confirman su fe y amor por Jesucristo. El Domingo de Ramos los devotos conmemoran la entrada triunfal de Jesús de Nazaret a Jerusalén.

Igualmente, es importante rescatar el sentido político de esta celebración. Jesús, como Mesías servidor, que va hacia la muerte y se enfrenta a los que oprimen al pueblo. Su sacrificio, es un acto de rebeldía que denuncia a los tiranos del pasado y el presente. Este último significado tiene pleno sentido en la Venezuela de hoy.

Un grupo de venezolanos convocamos a ejercitar un acto de rebeldía política en relación a la convocatoria de las elecciones presidenciales. Se espera que este evento tenga lugar el 20 de mayo. Sin lugar a dudas, de llevarse cabo significaría la concreción de un autentico fraude electoral y, desde luego, no resolverá ninguno de los problemas que acogotan a los venezolanos hoy día. En un reciente documento un conjunto de organizaciones de la sociedad civil manifestaron su posición en torno a esta convocatoria de elecciones. “…No van a detener el proceso genocida que se acomete por la vía de la hambruna que amenaza con generalizarse y de la extrema precarización de los servicios de salud, escoltada por una gravísima carencia de medicinas. Tampoco van a frenar la acelerada pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos y de los puestos de trabajo. La patética crisis en la en la que se hunde la Patria continuará su curso destructivo, a pesar del tono festivo con el que el Régimen pretenderá disfrazar el simulacro de elecciones”.

Esta posición, desafortunadamente no es compartida por la totalidad de los actores políticos. Un numero de compatriotas acompañan la iniciativa electoral de Henri Falcón: Eduardo Fernández, Felipe Mujica, Claudio Fermín, entre otros, respaldan las aspiraciones presidenciales del ex gobernador del Estado Lara. Las razones sobre las cuales sustentan esta posición son ambiguas. Reconocen que el proceso electoral se encuentra contaminado y cuestionado. Sin embargo, insisten en participar bajo el argumento de que estarían en capacidad de interpelar amplios sectores de la población. En especial a sectores del chavismo descontento. Igualmente, Henri Falcón apuesta a transformarse en un actor de primera línea en el futuro proceso de transición que, a juicio de este actor político, inevitablemente ocurrirá en el país.

Desde luego la posición de este grupo de venezolanos es legítima. Sin embargo, en mi opinión se sustenta en una desacertada visión de la realidad social y política del país. No asumen adecuadamente el sentimiento de desasosiego prevaleciente en la población. Antes por el contrario, va en dirección contraria del malestar social presente en la ciudadanía. Y, en consecuencia, no está en capacidad de procesarlo discursivamente.

En un cierto sentido, la participación de Falcón en las presidenciales es percibida como una jugada táctica que agrega poco valor a la formulación de un proyecto político alternativo. Es percibido, en términos restauradores del pasado político reciente.

En fin, existe una profunda desazón en la ciudadanía. Es imprescindible, entonces, procesar ese malestar. Asumirlo políticamente. Transformar esta carencia en el punto de partida de la elaboración política con la cual los demócratas contestaremos el fraude político y electoral que ha convocado el gobierno.

El ejemplo de Jesús de Nazaret es aleccionador. Son tiempos de arrojo y sacrificios. Lejos de cálculos políticos. Es por ello que los demócratas “nos sentimos convocados a dar categórica respuesta, con astucia y coraje, para en unidad apuntalar el obligado cumplimiento del artículo 350 de nuestra Constitución en el marco de una CONSULTA CIUDADANA, de genuina obediencia constitucional”

No tengo la menor duda, la política es así.


jueves, 15 de marzo de 2018

Politizar el malestar social existente en el país


Nelson Acosta Espinoza.
Bien, amigos lectores, la situación política, social y económica del país se deteriora cada día más. Ese funesto experimento llamado socialismo del siglo XXI ha colocado a la nación en una situación inmanejable. Todas y cada una de las instituciones responsables de brindar seguridad y calidad de vida a la población se han destruido. Pose su mirada, por ejemplo, en instancias como educación, salud, seguridad, transporte, alimentación, pare usted de contar, y encontrará estos servicios en condiciones lamentables e incapaces de responder efectivamente a las demandas de la población. Agregue la presente situación de escasez y concluirá que el país está destruido.

En el marco de este contexto un sector del mundo político se apresta a concurrir a elecciones presidenciales, Concejos Municipales y Consejos Legislativos Regionales. Desde luego, en situaciones normales y con un grado alto de institucionalidad esta sería una salida razonable. Después de todo, en democracia se cambian los gobiernos a través del ejercicio del voto. Pero resulta y, espero no equivocarme, que esta condición (democracia) es inexistente en el país. No existen garantías para la celebración de unos comicios verdaderamente competitivos. A esta circunstancia habría que agregar que de darse la realizacion de unas elecciones con un árbitro equilibrado las  perderían. Después de todo, como lo ha señalado el padre Ugalde, “comunistas no entrega el poder por elecciones burguesas”.

Ahora bien, ¿cuál debería ser la conducta apropiada de los demócratas? Desde luego, insistir en la búsqueda de una salida democrática y presionar por la celebración de elecciones limpias como un paso en la vía de reconciliar al país. Para alcanzar este objetivo, pareciera necesario diseñar estrategias comunicacionales que tengan como objetivo politizar el malestar social presente en la población. Ahora bien, ¿qué pretendo significar con esta expresión? ¿La oposición, por ejemplo, ha intentado procesar esta dimensión constitutiva de nuestras identidades colectivas?

Bien voy a intentar reflexiona, brevemente, sobre estas interrogantes.

En principio es primordial señalar lo siguiente. El gobierno chavista madurista tuvo éxito en construir una subjetividad que ha tolerado un incremento significativo del malestar social sin mayores expresiones políticas del mismo. El asistencialismo y programas como el carnet de la patria, por ejemplo, han sido instrumentos para neutralizar las expresiones del desazón social presente en la población. En contrapartida, la oposición no ha tenido éxito en capitalizar esta sensación de malestar y traducirla en capital político. Desde luego, esta es una afirmación de tono relativo.

Soy de la opinión de que el virus electoralista, desprovisto de la dimensión social, ha contaminado las expresiones y el contenido de las propuestas del sector democrático. Sus campañas han sido diseñadas en términos convencionales y alejadas de la problemática social, cultural y psicológica que definen la subjetividad de la población susceptible de acompañar electoralmente a este sector político. En otras palabras, no han sabido manejar apropiadamente el malestar presente en la ciudadanía y traducirla en apuestas de naturaleza política.

En la actualidad existe una profunda desazón en la ciudadanía. Y los mecanismos gubernamentales para neutralizar esta sensación están devaluados. La crisis fiscal del estado ha disminuido la capacidad asistencialista del gobierno. En otras palabras, en las actuales circunstancias el punto de partida de los sectores democráticos debería ser la articulación de esta carencia y malestar presentes en la población. Y, a partir de ahí, traducir esta sensación en opciones de naturaleza política y/o electoral.

Lo que intento subrayar es que el sufrimiento cotidiano de la totalidad de la población debería constituir el punto de partida del accionar político de los demócratas. Lo electoral, en consecuencia, habría que asumirse como resultado de esta toma de conciencia. No al revés.

En fin, apropiarse discursivamente de este malestar supondría, por un lado, asumir políticamente este dolor colectivo y, por el otro, transformar este sentimiento en un insumo para la construcción de un nuevo relato que proporcione los fundamentos de la democracia por venir.

Sin la menor duda, la política debería ser así.

sábado, 3 de marzo de 2018

“Elecciones en rebeldía”


Nelson Acosta Espinoza
Amigos lectores, a continuación transcribo un importante pronunciamiento de calificadas organizaciones de la sociedad civil carabobeña. En este documento se reflexiona sobre la próxima convocatoria de elecciones y se anuncia una consulta ciudadana en fecha coincidente con el proceso convocado por el espurio CNE. La denominan elecciones en rebeldía para rechazar el fraude electoral presidencial del 20 de mayo con una sola pregunta: ¿Quiere usted que el Presidente Maduro sea reelecto? A continuación el escrito.

“Para el 20 de mayo están convocadas unas elecciones presidenciales. Pero éstas, además de representar la concreción de un auténtico fraude constitucional, no van a resolver ninguno de los problemas que hoy día aquejan a los venezolanos. Ellas no van a detener el proceso genocida que se acomete por la vía de una hambruna que amenaza con generalizarse y de la extrema precarización de los servicios de salud escoltada por una indolente carencia de medicinas. Tampoco van a frenar la acelerada pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos así como de puestos de trabajo. La patética crisis en la que nos hundimos continuará su curso destructivo, a pesar del tono festivo con el que el Régimen pretenderá disfrazar ese simulacro de contienda electoral.

La abstención pasiva no puede ser la respuesta de los demócratas. Todo lo contrario. No nos es permitido rehuir el desafío que nos propone el Régimen mafioso al pretender de manera, desvergonzadamente, abusiva y descarada adelantar tan monumental fraude.Frente a tal bufonada, los demócratas nos vemos precisados a dar oportuna respuesta, con astucia y con coraje, a fin de apuntalar, con la participación de todos, el obligado cumplimiento del artículo 350 de nuestra constitución en el marco de un proceso cívico de genuina obediencia constitucional.

Constituye un deber ciudadano rebelarnos contra esa inoficiosa farsa electoral. En este orden de ideas, “Punto de Encuentro Para la Unidad Nacional”, “IFEDEC Carabobo”, “Carabobeños por la Democracia” y el “Observatorio Venezolano de las Autonomías”, proponemos al resto de las organizaciones de la sociedad civil carabobeña así como a los partidos políticosnacionales y regionales que ejercen activismo en nuestro estado, considerar la realización de una consulta ciudadana en fecha coincidente con el proceso convocado por el espurio CNE, unas auténticas elecciones en rebeldía, para rechazar el fraude electoral presidencial del 20 de mayo con una sola pregunta: ¿Quiere usted que el Presidente Maduro sea reelecto?

Convencidos como estamos que una inmensa mayoría de los venezolanos deseamos un profundo cambio en el modelo y estilo de conducción de nuestro país, tendiente a producir estructurales y eficaces soluciones a los ingentes problemas que nos aquejan, creemos que la exitosa ejecución de la consulta que proponemos tendría un gran impacto a través de los medios de comunicación nacionales e internacionales. 

La percibimos como una acometida estratégica que le imprimiría energía movilizadora, direccionalidad y propósito a la instauración de ese demandado proceso cívico de obediencia constitucional al que hicimos referencia. En este sentido, de tener esta propuesta de elecciones en rebeldía un amplio consenso regional, bien valdría la pena que ella se transformara en una invitación desde el Carabobo, tradicionalmente libertario, al resto de las fuerzas democráticas en el ámbito nacional para transitar juntos en el diseño y construcción de una respuesta cívica, valiente y honorable a la absurda pretensión madurista de continuar destruyendo nuestro país.”

sábado, 24 de febrero de 2018

¿Qué hacer?

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Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores, el panorama político del país tiende a ensombrecerse. La decisión de la MUD de no participar en las venideras elecciones presidenciales añade un ingrediente catalizador de potenciales antagonismos. Por otra parte, el oficialismo intentó enlazar la elección presidencial con la de los diputados de la Asamblea Nacional, Consejos legislativos y concejales municipales. Sorpresivamente el Consejo Nacional Electoral descartó, por ahora, esta alternativa. La postergó para una fecha por definir.

En fin el panorama político luce sombrío. El futuro inmediato se presenta preñado de obstáculos y dificultades. Pareciera que las normas que tradicionalmente definieron el juego político han cambiado. De hecho, el país y sus ciudadanos se enfrentan a nuevas circunstancia y reglas que precisarán la conducta de los actores políticos en el futuro inmediato. Corresponde a estos actores definir la conducta a seguir en el marco de este nuevo escenario.

En el plano de la realidad objetiva no hay dudas. Así por ejemplo tenemos: sector publico en insolvencia; caída dramática del producto interno bruto y la producción de la industria petrolera; empobrecimiento progresivo de la población a causa del fenómeno de la aceleración inflacionaria hasta el punto de alcanzar la denominada hiperinflación; éxodo masivo de venezolanos hacia los países vecinos en búsqueda de un refugio contra la crisis; el salario mínimo alcanza a duras penas 33 centavos de dólar diarios y solo alcanza para cubrir el 2% de la cesta normativa de alimentos. En fin, la población enfrenta una situación inédita en la historia del país. Ese carácter (inédito) exige la formulación de estrategias distintas a las que han prevalecido en la actualidad. En cierto sentido, los sectores democráticos deben responder, ante estas nuevas circunstancias, la interrogante de ¿qué hacer?

En principio es fundamental entender las características que definen el nuevo escenario donde tendrán que desenvolverse los actores políticos. La primera constatación es sencilla: agotamiento del electoralismo y la necesidad de posar la mirada en las circunstancias sociales que cercan a los habitantes de este país. En otras palabras: politizar la situación social de la población debe constituir una tarea urgente. A partir de este principio habría que reorganizar los partidos y movimientos sociales para que puedan, por un lado, asumir la agenda social y, por el otro, traducir estas demandas en el plano político.

Desde luego que no es una tarea fácil. Lo que se está planteando es romper en forma definitiva con la forma clásica de hacer política. Desechar hábitos, usos y costumbres que se solidificaron en el periodo democrático y que no pudieron impedir la restauración chavista. Esta última frase puede generar confusión y polémica, Así que prestemos atención a la misma. ¿Qué se intenta significar con esta expresión? ¿Restauró el chavismo viejos hábitos de la depreciada cultura democrática? Lo que se intenta significar es que el asistencialismo y el populismo no son ajenos a nuestra historia democrática. Con diferencias en énfasis han sido sustentos de las políticas públicas en la IV y V república. Y, en cierto sentido, ambos relatos comparten aspectos sustantivos.

En fin, lo que pretendo enfatizar es que estamos presenciando el agotamiento de estas prácticas y la oportunidad de reemplazar este viejo relato por uno más ajustado a las demandas de las actuales y futuras circunstancias políticas. Agotada la tentación electoralista se abre un abanico de posibilidades tácticas y estratégicas en el campo de la oposición. No desperdiciemos esta oportunidad de construir un escenario democrático para el país. Un punto de encuentro para los protagonistas de la nueva democracia.

La política es así.

domingo, 11 de febrero de 2018

¿Qué hacer en las actuales circunstancias políticas?


Nelson Acosta Espinoza

Fracasó el dialogo en República Dominicana. Hasta cierto punto este resultado era previsible. Desde luego, con esta afirmación no pretendo descalificar el equipo de expertos venezolanos que asistieron y brindaron su asesoría a nuestra delegación. Hicieron bien su trabajo. En otras palabras, era imperativo intentar la negociación en la búsqueda de una salida electoral a la crisis. Esa conducta era la apropiada y la que responsablemente demandaba las circunstancias. El gobierno por el contrario, opto por dar una patada a la mesa. Ganó tiempo y se apresta a celebrar las elecciones presidenciales. Evento, sin la menor dudad, que difícilmente logrará concitar entusiasmo en la totalidad de la población.
En forma muy resumida este es el escenario sobre el cual deberán actuar los partidos democráticos y donde se decidirá el futuro político inmediato del país. Voy a intentar profundizar en algunas de estas opciones.

Las alternativas son pocas y de difícil ejecutorias. La primera seria aceptar participar en la contienda electoral. De ser este el caso, la oposición se enfrentará a la titánica tarea de depurar y obtener garantías para el desarrollo legítimo de estas elecciones presidenciales. Los partidos que decidan participar en este evento, sin lograr la modificación de la normativa electoral, quedarán ante la historia como un grupo de pusilánimes sin voluntad para enfrentar a este régimen que, sin duda alguna, intenta utilizar esta consulta para crear la ilusión de que el gobierno tiene legitimidad porque originó su mandato en el voto popular.

Las interrogantes salen a boca de jarro. ¿Es posible obtener garantías para la realización de unas elecciones competitivas? ¿Hay tiempo suficiente para conseguir condiciones de esa naturaleza? Mi respuesta a estas incógnitas es que no es posible alcanzar el escenario apropiado para le realización de unos comicios dotados de legitimidad. De llevarse a cabo, estaríamos en presencia de una parodia electoral que no contaría con la aprobación de la comunidad internacional y, desde luego, no despertaría entusiasmo en la población. La abstención sería su consecuencia más inmediata.

Sin embargo, el presidente Maduro está decidido a reelegirse en un escenario semejante al que prevaleció con la constituyente. Corre el riego, de provocar una situación parecida a la que sucedió con el plebiscito del año 1957 y que provocó la caída del otro militar felón: Marco Pérez Jiménez.
Ahora bien ¿qué hacer? ¿Cuál sería la conducta apropiada para la población que rechaza a este régimen? ¿Cómo pueden aprovechar los demócratas esta circunstancia electoral? En fin, ¿cómo definir la conducta apropiada a estas circunstancias políticas?

Las respuestas a estas interrogantes son complejas. A esta condición hay que agregar la premura que impone el tiempo: la elección presidencial está pautada para el 22 de abril. El registro electoral permanecerá abierto hasta el 22 de febrero.
Tengo la convicción que el carácter de esta coyuntura y las tareas que ella supone son más de carácter político que electoral. ¿Qué pretendo indicar con esta distinción? En principio determinar cuál es la tarea prioritaria del momento. La podríamos definir como la imperiosa necesidad de desarrollar un punto de encuentro que propicie la unidad de los venezolanos y la solidaridad activa con los ciudadanos que sufren las terribles condiciones impuesta por las políticas del gobierno. Y, a partir de ahí, desarrollar una estrategia apropiada a estas circunstancias.

En otras palabras, me parece que en el marco del escenario presente lo prioritario sería elaborar y poner en práctica una iniciativa de esta naturaleza. Con el propósito de restaurar la confianza de la población en la política y elaborar un relato que sirva de guía en cualquiera de los escenarios futuros.

Esta iniciativa tendría una tarea prioritaria: politizar las terribles circunstancias sociales que acogotan a la población. De llevarse a cabo esta faena se restablecería la conexión entre lo social y la opción política. Vinculo que la desviación electoralista permitió que se perdiera y, que en las actuales circunstancias, reponer este lazo es vital para el desarrollo de una política que restituya la democracia y enfrente la profunda crisis que atraviesa el país.

En fin, la tarea prioritaria podríamos sintetizarla como la creación de muchos puntos de encuentro que faciliten la politización de las calamidades sociales y desarrollen una propuesta que desafíe el carácter plebiscitario de la elección presidencial.

Sin la menor duda, la política es así.


















Actuar para ganar

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SIMON GARCIA.
En Santo Domingo el gobierno hundió la posibilidad de elecciones libres y mantuvo la operación para quedarse en Miraflores por cualquier medio. Ese intento producirá más hambre, muerte, destrucción y ruina. Todos pagaremos con sangre y calamidades el bloqueo de unas elecciones democráticas, a menos que el 22 de abril irrumpa masivamente el país descontento.

Llamar ahora a la abstención es apartarse del sentido que tuvo no avalar las ventajistas condiciones oficialistas. Pero rechazarlas no conduce automáticamente a suponer, contra evidencias, que abstención tumbe dictaduras, ni a ignorar – también contra ellas – que la trampa oculta del gobierno es lograr convertir la mayoritaria oposición social en minoría electoral. No votar ayuda a ese plan.

Algunos sectores opositores argumentan de buena fe que votar es legitimar. Pero ese no es un criterio suficiente. Nuestra abstención no evitó que se eligiera la Asamblea Constituyente ni que funcionara como una realidad. Las dictaduras no se legitiman en el voto, sino en las armas, los tribunales y la minoría que manda autocráticamente.. 

¿Incurriremos en esa confusión en las elecciones presidenciales?

No votar, especialmente sin día después, es una entrega voluntaria del país a la dictadura. El imperativo moral de la oposición es crear condiciones y sumar fuerzas para rescatar la democracia y salvar al país del hambre. Votar es una acción de enfrentamiento, de lucha, de rebeldía y deslegitimación. 

¿Quedarse en casa que es?

Las encuestas indican que el 70 % de la población quiere votar y en su mayoría rechazará el modelo y la gestión de este gobierno. ¿A nombre de cual objetivo pueden las fuerzas opositoras, en medio de enfermos y sectores populares luchando por vivir, llamarlos a que rindan su derecho al voto, en vez de trabajar por aumentar este porcentaje, elevar su participación activa y preparar al país para derrotar la trampa y ganarle al fraude?

Los hoy abstencionistas son necesarios y hay que oírlos, persuadirlos. Favorecer que expresen sus puntos de vista sin descalificar a quienes consideran que el gobierno no es invencible. Su propia base popular, recibiendo bonos a costa de humillaciones, quiere ejercer el voto castigo y en su rebeldía ofrece un punto de encuentro entre fuerzas que han sido el sostén de los dos polos que se han enfrentado inútilmente estos años.

El madurismo es la forma inhumana, ilegal y violenta de ejercer el poder. Maduro no expresa a todo el chavismo y al borde del precipicio, pretende arrastrar tras de si a toda la sociedad. Maduro, debilitado internamente y aislado internacionalmente se agarrará de la abstención para manotear duro a los opositores, aumentar la desmoralización y perpetrar su fraude con menores costos.

Participar en estas elecciones será un desafío complicado para la MUD y las fuerzas democráticas fuera de ella. Si alcanza el primer milagro, seleccionar un candidato unitario, debe rodearlo del mayor respaldo de partidos, instituciones y organizaciones de la sociedad civil. Y mostrar mucha amplitud, más conexión popular y más ganas de actuar para ganar.