sábado, 1 de julio de 2017

Un cesarismo progresista


Nelson Acosta Espinoza
Múltiples acontecimientos políticos sucedieron en esta semana que finaliza. Variados y pletóricos de significados contradictorios. Encarnan, por así decirlo, el grado de disolución a que esta siendo sometida la democracia en el país. Y, desde otro punto de vista, expresan la ausencia de un liderazgo fuerte que pudiera poner fin a este impase de naturaleza histórica. Comprendo que esta última afirmación es controversial y da pie para múltiples interpretaciones. Por ejemplo, la tesis del “gendarme necesario” esbozada por Laureano Vallenilla Lanz en su libro sobre el Cesarismo Democrático. Desde luego, mi apreciación se aleja de la tesis y conclusiones de este ilustre venezolano. Sin dejar de reconocerle un alto grado de intuición antropológica.

Sin embargo, creo que es posible observar en la coyuntura actual una carencia: la ausencia de un liderazgo capaz de interpelar a toda la población (opositora y chavista) y, en consecuencia, de conducir a los actores en pugna hacia una solución a la actual crisis política.

Vamos a detenernos brevemente en los variados sucesos que conmovieron a la opinión pública la semana que culmina. En cierto sentido estos eventos, por su singularidad, respaldan la afirmación contenida en el párrafo anterior. Quizá el más peculiar es el de un helicóptero del CICPC que sobrevoló la ciudad y efectuó disparos contra el ministerio del Interior y el Tribunal Supremo de Justicia. Ningún grupo opositor se ha adjudicado la autoría intelectual de este acontecimiento, por el contrario, la MUD ha rechazado en forma contundente este hecho. Es importante subrayar, sin ser experto en esta materia, lo extraño y, por ahora, su carencia de sentido político. Pareciera formar parte de una suerte de extravagancia que tiende a suceder en situaciones de ausencia de definiciones políticas claras y definitivas.

Por otro lado, el Presidente de la Asamblea Nacional fue agredido verbal y físicamente por un coronel de la Guardia Nacional a cargo de la seguridad de esta instancia parlamentaria. Los amigos lectores están conscientes de que el poder militar no es deliberante y debe estar supeditado al poder civil. Norma elemental de toda sociedad democrática.

A este hecho altamente irregular hay que añadir la posición de la fiscal general Luisa Ortega Díaz. Esta funcionaria ha alertado sobre la ruptura del orden constitucional y ha rechazado la Asamblea Constituyente. Recientemente denuncio la existencia de un “terrorismo de estado” y declaró su disposición a dar la vida para defender la constitución que Maduro pretende reformar. La repuesta de TSJ no se hizo esperar. Se fijó para el 4 de julio la audiencia sobre la solicitud de su antejuicio de mérito.

Los acontecimientos narrados han sucedido en el marco de más de noventa días ininterrumpidos de protestas en las calles de las principales ciudades del país. En fin, sobre este telón de fondo se han desarrollado estos disimiles acontecimientos.

Pareciera apropiado, entonces, formular las siguientes interrogantes: ¿Estamos experimentando una suerte de cesarismo desastroso? En otras palabras, ¿se equilibra la oposición y el oficialismo en forma catastrófica? Vale decir, de una manera tal que la continuación de esta lucha política no puede menos que concluir con su destrucción recíproca.

De hacerse realidad esta última alternativa, no tengo la menor duda al respecto, el país entraría en una vorágine de violencia. Sin embargo, tengo fe en la cultura democrática que tradicionalmente ha prevalecido en el país. Y esta circunstancia da pie para explorar la vía de un cesarismo de naturaleza progresista. ¿Cómo se come eso? Bien, estamos hablando de la intervención de un líder con la suficiente credibilidad que facilite, por un lado, la formulación de una amplia política de alianzas y, por el otro, la obtención  del triunfo político aunque sea con ciertos compromisos y, quizá, con límites a la victoria. Desde luego, me estoy refiriendo a un gobierno de transición que prepare el terreno para la celebración de elecciones generales.

Esta opción, en su formulación, es de naturaleza abstracta. Depende del liderazgo democrático conjugar los esfuerzos necesarios para llevarla a la práctica.

La política, hoy día, es así.






3 comentarios:

Plinio R. Carvajal H. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Plinio R. Carvajal H. dijo...

Quiero recordarle aL autor que cuando se utiliza la palabra "cesarismo", igual que la palabra "bonapartismo", se está haciendo referencia a un caudillo MILITAR, cosa que rechazó absolutamente. Vale decir que Hugo Chávez se presentó a si mismo como la palabra versión ideal del "cesarismo progresista", manifestando su admiración por Velasco Alvarado, también representante del "cesarismo progresista". Le recomiendo que busque otro nombre para su propuesta que no involucre la presencia de militares.

Plinio Carvajal

Pedro Pérez dijo...



Amigo Carvajal. Muchas gracias por su comentario. Comparto en parte su argumentación. Sin embargo utilizo el concepto de cesarismo para expresar una situación en la cual las fuerzas se equilibran en forma catastrófica. El resultado de una situación de esta naturaleza es la emergencia de un liderazgo alternativo. Puede ser, desde luego, de naturaleza regresiva (Chávez) o progresista, El punto es que estamos frente a unas circunstancias históricas que pudieran generar la segunda alternativa y, esta, no necesariamente tiene que ser personificada por un militar. Una figura civil, bien pudiera encarnar nuestro Cesar.