domingo, 1 de noviembre de 2015

Los políticos y la política

Nelson Acosta Espinoza
Los políticos y la política. ¿Son equivalentes estos términos? O, dicho de otra manera, en  las venideras elecciones del 6D la decisión será sobre políticos o sobre la política? La distinción parece obvia. Sin embargo, la experiencia histórica muestra que no siempre las direcciones políticas han tenido la capacidad de diferenciar entre estos dos términos. En la cultura política venezolana existe la creencia que cambiando al sujeto político se producirá una transformación de la propuesta política. Salvo contadas ocasiones (la elección de la constituyente en 1945) el sentido electoral ha girado en torno a las personas y no sobre programas alternativos a los que ejecutan los que administran el poder.

La consigna de la oposición es el cambio. Votar el 6D para inducir un proceso de cambio político en el país. Este lema es interesante y apropiado desde el punto de vista de la mercadotecnia electoral. Se espera que condense la urgencia del cambio que se anida en una mayoría de venezolanos. Aquí, vale la pena hacer algunas observaciones. Salir de los políticos chavistas es una urgencia y necesidad sentida en la población. Como táctica electoral es legítima. Pero, ¿es suficiente? Esa idea del cambio expresada en estos términos ¿se ajusta o interpreta la crisis terminal que padece el sistema social, político y económico del país?

Me van a perdonar los lectores por cierta dosis de escepticismo que emana de estas líneas. Debo reconocer que ha estimulado esta reflexión la situación argentina. En este país se han sucedido todas  las crisis económicas imaginables (devaluación, inflación, corrupción “corralito”, etc.). Sin embargo, a pesar de estas graves situaciones de carácter crónico no ha habido cambios sustantivos en la política. Han cambiado los sujetos políticos, más no las proposiciones políticas. No en balde el peronismo (en sus distintas versiones) juega aún un papel vital en la vida política de ese país.

El punto que deseamos enfatizar es que no es fácil modificar drásticamente las matrices culturales dentro de la cuales se desenvuelven las propuestas políticas. En Venezuela la mayoría de las agrupaciones opositoras, (AD, Voluntad Popular, MAS, COPEI, Causa R, Nueva Alternativa, entre otras) por ejemplo, se declaran socialistas. Todas conciben al estado como el eje a partir del cual es posible el accionar sobre la sociedad.

El Chavismo, por ejemplo, llevó a extremos el programa de nacionalizaciones y las políticas distribucionistas que caracterizaron a la democracia a partir del aumento de la renta petrolera en los años setenta. En otras palabras, queda pendiente la interrogante: ¿Qué cambió la política o los políticos?

En la Venezuela actual, esta actividad pudiera ser calificada, siguiendo al filósofo político inglés Michael Oakeshott (1901-1990), como un momento álgido de la “política de la fe” y no del “escepticismo”. Por la primera versión debemos entender esta actividad como un instrumento al servicio de la salvación de la comunidad: el gobierno lo abarca todo y se espera de los gobernados no sólo obediencia, sino, inclusive, entusiasmo. La del escepticismo, por el contrario,  se ancla en “un común esfuerzo para comprender los diversos puntos de vista y buscar un mundo vivendi”

Nicolás Maduro, por ejemplo,  señaló  este jueves que “en el escenario ‘hipotético negado’ de que la oposición llegara a ganar las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre ‘no entregaría la revolución’ y pasaría a gobernar con el ‘pueblo’ y en ‘unión cívico-militar”. Ejemplo paradigmático del obrar desde la “política de la fe”.

Debo finalizar. En el futuro, una humilde observación, la oposición debe concentrarse más en la política y menos en los políticos. Su encuadre cognitivo, por así decirlo, debería estar orientado hacia un escepticismo por las soluciones mágicas y debería propiciar dudas sobre quienes orientan su práctica en la búsqueda de soluciones morales de carácter totalizador en la vida pública.


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