domingo, 29 de noviembre de 2015

Kirchner y Maduro ¿fin de una época?

Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores,  en Argentina se ha producido un cambio político de carácter sustancial. El candidato opositor Mauricio Macri ha puesto fin a la hegemonía ejercida por el kichnerismo en estos últimos doce años (2003-2015). En las actuales circunstancias políticas (a ocho días del 6D), parece pertinente reflexionar sobre esos resultados y, desde luego, su posible impronta en las próximas elecciones parlamentarias en el país.

¿Qué revela el resultado de esas elecciones? ¿Cuál podría ser su enseñanza de cara a las  votaciones el 6D? En principio, podríamos señalar que evidencian la derrota de una lógica política. En Argentina, al igual que en nuestro país, se instrumentó un discurso político que escindía a la sociedad en dos partes mutuamente excluyentes.  Esta “razón” funcionó mientras los ingresos del estado fueron altos. En el caso de la argentina, los dividendos provenientes del sector agro exportador, en nuestro país, los derivados de la exportación petrolera.

El gobierno de los esposos Kirchner, al igual que la dupla Chávez- Maduro,  aplicaron a sus respectivos países un discurso que podemos definirlo como populista. Tres elementos centrales podemos subrayar en ese relato: se idealiza al pueblo, se privilegia una relación directa entre dirigente y las masas, y, finalmente, una aversión a las instituciones del pluralismo democrático. Esta narrativa generó una apuesta de naturaleza “mágica”: democracia de plaza llenas, puños alzados y caudillos afectuosos. En fin, una democracia sin ciudadanos y carente de diversidad pluralista. 

Ambos modelos construyeron una política de nosotros o ellos. Se atornillaron en torno a la creencia de que era posible que una vanguardia iluminada estuviera llamada a liderar a las masas. Este culto al personalismo, desde luego, trajo consigo cancelación de la condición de ciudadano.

Ahora bien, el fracaso de este dispositivo discursivo, hoy día, es un hecho. En consecuencia, es válido preguntarse qué opción podría presentarse como sustituto a esta relación política concebida en términos de “amigo-enemigo”.

Bien, amigo lector, voy recurrir al concepto de “elección crítica” (V.O. Key, 1955.) para caracterizar nuestra próxima elección parlamentaria. La ciencia política define este tipo de elección de la manera siguiente. “Proceso en el que se produce una transferencia masiva del voto de una a otra fuerza política, es decir, como un movimiento del electorado que altera los patrones de comportamiento electoral y la distribución del poder”.

Las elecciones del 6D, en consecuencia,  podrían  calzar la definición adelantada por V.O. Key. ¿En qué sentido? Bien, si las predicciones de casi la totalidad de los estudios de opinión se cumplen, estaríamos en presencia de unas elecciones de naturaleza crítica. Una nueva mayoría se estaría constituyendo alrededor del rechazo al gobierno. En consecuencias los patrones de distribución de poder podrían ser  afectados seriamente.

Los vientos del sur alientan los cambios por venir en el país. Una mayoría parlamentaria oposicionista, por ejemplo, tendría la misión de introducir iniciativas legislativas para iniciar el desmantelamiento de este estado socialista. Desde luego, la tarea no será fácil. La violencia comienza a ensombrecer el panorama político. El Presidente, continuamente lanza amenazas de recurrir a la calle, sí es derrotado en estas elecciones. Vamos a pensar que las mismas constituyen una táctica de quien se siente derrotado.

Indudablemente, son históricas estas elecciones. Sus resultados iniciaran la senda que conducirá hacia la restitución democrática en el país. Esperamos que esta unidad dentro de la diversidad (MUD) permanezca en el tiempo y proporcione sólido soporte a nuevas iniciativas políticas  por venir.




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