domingo, 11 de octubre de 2015

Es el gobierno quien ha paralizado a las universidades

Nelson Acosta Espinoza
De nuevo voy a insistir sobre el tema universitario. Creo que les debo una explicación a los amigos lectores sobre esta recurrencia temática. La educación superior es asunto de importancia estratégica para el país. Sobre este aspecto no hay dudas. Sin embargo, a pesar de esta condición el sector de las universidades autónomas ha estado sometido a una política de hostigamiento sistemática por parte del gobierno nacional.  En materia de presupuesto, por ejemplo, el régimen ha asignado el mismo monto a las universidades desde el año 2007. En materia salarial  la situación es extremadamente grave. El aumento, decretado recientemente, es insuficiente y difícilmente alcanza para dar respuestas a las urgencias de la vida cotidiana. La situación estudiantil es incluso más crítica. Una beca para un estudiante universitario es de apenas US$ 10 mensuales, mientras que una residencia estudiantil cuesta cuatro veces esa cantidad. Debemos agregar que debido a las políticas económicas formuladas por el gobierno los egresados universitarios tienes tres opciones: emigrar, subempleo o desempleo.

La conclusión es obvia. Estamos ante una situación de carácter estructural que requiere soluciones que van más allá del ámbito de la educación superior en el país. En este orden de ideas parece indispensable una aclaratoria lingüística. Es el gobierno, no los universitarios quien ha paralizado a las instituciones de educación superior del país. Restaurar la normalidad es, entonces, responsabilidad del oficialismo.  Las palabras cuentan. No lo olvidemos. La universitaria es un síntoma de la crisis generalizada que se ha desatado en la sociedad venezolana. Ojala los actores políticos institucionalizados tengan claridad sobre este tema.

Sobre este punto vale la pena hacer la siguiente reflexión. ¿Por qué el tema de la crisis universitaria no forma parte de la agenda de los grupos opositores? ¿Cómo explicar esta ausencia? Una respuesta inmediata podría ser el  síndrome del “electoralismo” desprovisto de esencia política.

Bien, intentemos explicar esta sentencia. La totalidad de las encuestas advierten que ya no hay dos mitades. 68,5% del electorado adversa al gobierno. Tan solo un 23% de la población aun defiende al chavismo. Dicho de otro modo: “desde que Nicolás Maduro está en el poder el chavismo ha perdido 32 puntos porcentuales de apoyo popular. Y hoy sigue ejerciendo el poder, pero es franca minoría”.

Aquí hay que matizar lo señalado en el párrafo anterior. El electorado, así lo predicen las encuestas, va a votar contra el gobierno. Y esa opción la ejecutara a través de la (s) tarjetas del bloque democrático. No es un voto afirmativo de identidades partidistas. La venidera  elección está adquiriendo un carácter de índole plebiscitario. Los partidos políticos, por ejemplo,  no han asumido temas particulares más allá de inducir el rechazo al actual gobierno.

Me voy a permitir una observación. Estas elecciones parlamentarias no son, en cierto sentido,  nacionales. Son regionales. El CNE ha conformado 87 circunscripciones en todo el país. Los temas vinculantes en cada uno de los distritos electorales son importantes para inducir conductas electorales propicias a los candidatos opositores. En los más importantes del país existen universidades autónomas. Vale decir, este tema tiene un alto contenido político y electoral. A pesar de esta circunstancia, observamos con sorpresa que este tópico  no ha sido asumido por los candidatos del bloque opositor. Existe, a mi manera de ver, una pasmosa indiferencia por este y otros temas de vigencia en las circunscripciones electorales más importantes del país. La conducta de los candidatos es electoral, más no política.

Es una lástima. Sin embargo, seamos optimistas. Todavía están a tiempo de politizar su conducta electoral.




3 comentarios:

La Braga Azul dijo...

Es fácil entender esta "indiferencia" de la oposición (imagino que se trata de "las organizaciones políticas de oposición") si la examinamos en relación con lo que pasa en las propias Universidades. En éstas no se ha terminado de entender que estamos siendo arrastrados por decisiones políticas oficialistas que tienen como objetivo tomar el control absoluto de estas instituciones y ponerlas al servicio de su proyecto "revolucionario".
Como consecuencia de este no entender, la gestión de los gremios, y de las propias autoridades universitarias, se ha concentrado en tablas salariales y presupuestos. Me parece justo el reclamo que se hace en lo económico, pero "no justo" si ello conlleva una ceguera respecto al aspecto político fundamental. Esta ceguera, lamentablemente ha llevado a la pérdida de algo fundamental como es la autonomía y el concepto mismo que manejamos de Universidad.
Hablando de "justicia", es justo también decir que este acoso a las Universidades y el afán de controlarla con los hilos de la oficialidad no es exclusiva del chavismo. Desde la reforma a la Ley de Universidades que hiciera Rafael Caldera en 1970, todos los gobiernos, hasta la actualidad de 1975, han tenido este objetivo y han cercado a nuestras Universidades a través de continuas modificaciones de leyes y aprobación de otras nuevas, con el fin de disminuir su autonomía y ejercer mayor control sobre ellas, como he dicho (hay que repetirlo mil veces). El momento actual es la sumatoria de lo acaecido en este transcurrir. Por supuesto, siendo para la Universidad cada momento peor que el anterior, tenía que llegar a un punto donde su situación se hiciera insostenible. Ahí estamos. Y no nos hemos dado cuenta.
Pero no crean que esto va a cambiar radicalmente cuando gane la oposición y gobierne. Ellos repetirán el esquema, porque eso tiene que ver con la psicología del poder. Hoy uno se para en una asamblea de profesores, hace una crítica al gremio, y éste no entiende que lo hacemos desde adentro, para ayudarlo. Enseguida uno es clasificado dentro de los enemigos. No somos tan diferentes, somos igualmente susceptibles a la crítica y no toleramos la diversidad de opiniones, visiones y criterios.
La autonomía tenemos que ganarla nosotros, y además, lo que es más difícil, mantenerla. Pero antes, tenemos que cambiar nosotros mismos, para así poder ofrecer algo diferente. ¿Ustedes vieron la película "La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo? Algo como lo que los argelinos hicieron antes de comenzar la resistencia armada ca los franceses, es lo que debemos hacer nosotros también. En las Universidades y en el país.
(Me gustaría que este comentario tuviera algún tipo de retroalimentación)


Pedro Pérez dijo...

Octavio, te prometo escribir un comentario denso, como lo merece tu escrito. No lo he elaborado por estar postrado por la Chikungunya. A penas mejore responderá tu interesante comentario. Un abrazo.

Pedro Pérez dijo...

Tocayo, finalmente un breve comentario en relación a tus observaciones sobre el conflicto universitario. Soy de los que creen que el modelo de universidad donde tu y yo estudiamos se encuentra agotado. En una época había un equilibrio, frágil desde luego, entre la actividad intelectual, académica y política. Este equilibrio se rompió. Cada vez la política, en pequeño, se fue apoderando de la institución y le imprimió una dinámica autodestructiva. La desviación administrativa socavó los recursos intelectuales de la institución y desmejoró su liderazgo. De forma tal que no encontramos ante esta crisis en el peor escenario. Desde luego, esta situación que confronta la institución está relacionada con la crisis general que se enfrenta la sociedad venezolana. Fin de época. Lo viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Frase gramsciana, de uso común en estos tiempos.

Creo que una contribución en el contexto de nuestra universidad, seria presionar para la convocatoria de un parlamento universitario, abierto al entorno y, previo, a las elecciones venideras. Un foro abierto para discutir estos temas y la crisis de la educación superior. Podría servir para dotar de una agenda parlamentaria a los futuros diputados y, así, abrir el debate a nivel nacional.
Bueno una idea...
Un abrazo.