domingo, 9 de febrero de 2014

Pérez y Chávez: ¿un mismo itinerario?


Nelson Acosta Espinoza

Esta es una pregunta que suena atrevida en el contexto de la celebración de un aniversario más de la asonada militar del 4 de febrero del 1992. Sin embargo, me parece valioso insistir en esta línea de argumentación ¿Qué queremos decir? ¿En qué sentido estos dos personajes compartieron un mismo itinerario histórico? No se asombre amigo lector. Existe un viejo refrán que señala que los extremos se acercan. En este caso, entonces, la pregunta a formular sería, ¿cuál extremo es ese, en donde coinciden estos adversarios históricos? A ver.

En su segunda presidencia Carlos Andrés Pérez intento modificar la estructura de poder y la economía del país. A tal efecto se diseñó un plan de la nación bajo el nombre de "El Gran Viraje". En forma sucinta se intentaba modificar el modelo sustitutivo por uno de economía de mercado y, de esta forma, acompañar las tendencias de la globalización y las liberalizaciones de las economías mundiales, minimizando el tamaño e intervención del estado dando prioridad a la actividad privada. Igualmente se impulsó el proceso de descentralización del sistema político nacional, con las elecciones de gobernadores y alcaldes por primera vez en la historia democrática de Venezuela. Estas iniciativas se llevaron a cabo desde una perspectiva tecnocrática. No se intento generar una estrategia de contenido popular que sustentara esta profunda transformación de la sociedad venezolana. Se pretendió llevarla a cabo desde los aparatos administrativos del estado, sin enfrentar con decisión a los viejos actores que ofrecían una resistencia activa. Los resultados son conocidos. Se frustró este ensayo por modificar y modernizar la sociedad venezolana.

En cierto sentido, el socialismo del siglo XXI, es un Gran Viraje, pero, al revés. El gobierno socialista del difunto presidente Chávez y el actual presidente Maduro, han desmantelado la organización estatal heredada de la democracia. Se han estatizado las empresas básicas y revertido los procesos de descentralización iniciados a finales de la década de los ochenta. El común denominador con el gobierno de Carlos Andrés Pérez radica en que se intenta llevar a cabo esta profunda transformación desde la administración de los aparatos del estado. El socialismo del siglo XXI ha privilegiado una visión instrumental de Estado; vale decir una agencia que puede ser conquistada y ocupada por el partido mayoritario después de las elecciones y ser usada como instrumento exclusivo de sus políticas. Al igual que Carlos Andrés Pérez este socialismo del siglo XXI intenta introducir modificaciones sustantivas a la sociedad desde el estado desplegando una política de carácter asistencialista. Distintos fines, idénticos medios.

Démosle una vuelta a la tuerca y preguntemos ¿qué hacer, entonces? Veamos. Estamos ante la posibilidad de fundar un nuevo relato político y construir un nuevo sujeto popular cuya identidad sea percibida como un alter ego de la oligarquía socialista que asumió el poder en el país. Hoy en día el tramado institucional del estado no está en capacidad de procesar demandas sociales (vivienda, seguridad, transporte, empleo, etc.) y, en consecuencia, el gobierno ha perdido legitimidad y eficacia. Este es el momento propicio para encadenar esta diversidad de demandas no satisfechas y cristalizarlas en torno a determinados símbolos populares que impliquen la negación del actual orden institucional. Para lograr este objetivo se requiere de un relato, una oposición que se asuma como alternativa de poder y enlace su oferta con los símbolos populares. Para ello sería necesaria la emergencia de un líder que canalice esta lucha y dicotomice el espacio social y político del país. La pregunta brota a boca de jarro, ¿existe este líder? Pronto lo sabremos.

Neuropolítica en el Caso Venezolano



Asdrúbal Romero Mujica
En esta oportunidad no continuaré hablándoles de realidades numéricas, ni tendencias que concatenadas deberían servir, por sí solas, para visualizar la gigantesca granada económica sobre la que estamos montados. Una interrogante que reiteradamente me plantean lectores de mi blog cuando me los encuentro en distintos eventos sociales o políticos, es la siguiente: ¿Cómo es que, a pesar de la nefasta realidad que ya todo el mundo puede percibir, este gobierno sigue teniendo una base de apoyo tan relativamente alta? Al parecer, todos tenemos algún amigo o pariente cercano que se identifica con el chavismo y no logramos salir de nuestro asombro cuando, al retomar con ellos el tema del país, pensando a priori: ahora sí, seguro que ya habrá abierto los ojos ante esta apabullante caída por el precipicio; ya no me puede endilgar el epíteto de “nube negra” por lo que desdeñaba como oscuros pronósticos; ya dejaron de serlo para concretarse en cruda realidad, ¡pues no! Seguimos topándonos con una obstinada muralla de excusas, justificaciones y señalamiento de otros culpables que les permita evadir el reconocimiento del estruendoso fracaso de este régimen. Esto ocurre, aun cuando esos interlocutores nuestros sean tan víctimas como nosotros de todo el empeoramiento de nuestra calidad de vida. ¿Por qué?

Para intentar dar una explicación, no exhaustiva por supuesto, comenzaré por compartir con ustedes lo que dijo el gran filósofo Francis Bacon, por allá tan lejos como el año 1620. La traducción es mía: “La comprensión humana, una vez que se ha adoptado una opinión, busca con preponderancia los argumentos que la respalden. Y aun cuando existan en mayor número y peso evidencias y argumentos que puedan hallarse en el otro lado, aun así éstos se rechazan o menosprecian, de manera tal que en razón de la perniciosa predeterminación, la autoridad de su primera conclusión pueda permanecer inviolada”. Resulta que el cerebro no es tan racional después de todo, las emociones inciden fundamentalmente en la forma como percibimos realidades, tomamos decisiones y asumimos posiciones, incluyendo las políticas. Buena parte de nuestros procesos de razonamiento son inconscientes y controlados por las emociones, aunque luzca contradictorio el hecho que nos estemos refiriendo a procesos de “razonamiento”.

Hoy por hoy en Venezuela, opositores y oficialistas somos como dos especies viviendo en universos paralelos e incapaces de hablar el mismo lenguaje. Vemos y escuchamos las mismas evidencias y arribamos a conclusiones diametralmente opuestas. La tendencia a ver lo que queremos ver es un subproducto de la evolución de nuestros cerebros desde el surgimiento del hombre. Aceptamos o rechazamos ideas en función de las emociones que ellas invocan al interior de nuestros cerebros, mediante la activación o inhibición de redes asociativas que hemos venido construyendo a partir de las experiencias desde el mismo hecho de nacer (algunas, más elementales o instintivas, las heredamos de nuestros ancestros). Activamos las redes que nos generan emociones placenteras, inhibimos aquellas de las que se podrían derivar emociones que amenacen nuestro bienestar. Y esto ocurre al margen de nuestra conciencia.

Contrario a lo que presupone el frío modelo racional para la toma de decisiones, en política así como en la vida diaria, dos conjuntos de restricciones compiten por darle forma a nuestros juicios. Las cognitivas, relacionadas con la información que tenemos disponible, y las emocionales, asociadas a los sentimientos que se pueden generar de una u otra conclusión. La mayoría del tiempo, esta batalla por el control de nuestra mente se da en el inconsciente. La mayoría de las veces, las “razones emocionales” tienen un mayor poder predictor de nuestras decisiones. Los seres humanos tenemos la tendencia a evaluar aquellas evidencias que contradicen las creencias a las que estamos apegados, mucho más críticamente que las evidencias que están en sintonía con ellas.

Dice Drew Westen, en su interesante best seller “The Political Brain” (con un sugerente antetítulo “El rol de las emociones en decidir el destino de una nación”), que en ningún campo se confirma más esto que en el de los asuntos políticos. Dice además, muy importante apuntarlo, que las decisiones políticas motivadas por las emociones no son sólo características de los electores menos sofisticados o menos conocedores de la realidad, sino que en la medida que son políticamente más sofisticados: más capaces son de desarrollar complejas racionalizaciones para desechar la información en la cual ellos no quieren creer. El sentimiento de “Identificación Partidista” (partisanship) es un poderoso predictor de las decisiones de los electores. Pueden conseguir gran cantidad de estudios que confirman esto en el libro de Westen. Pero no tengo que ir tan lejos. En un estudio de opinión realizado en el estado Carabobo a finales del año pasado por mi estimado amigo Yvan Serra, se arriba exactamente a la misma conclusión. Recuerdo que al concluir una presentación privada de los resultados que él le hacía a varios miembros del “Tren”, yo me levanté y dije, coloquialmente: O sea, dime con quien te identificas y te diré cómo evalúas la situación del país. Los culpables de la grave crisis económica: los empresarios, los acaparadores, los bachaqueros, etc. ¿Y las desacertadísimas políticas económicas y la corrupción de este gobierno? ¡Muy bien, gracias!

El tema es bien complejo, como para pretender que se pueda despachar en las constreñidas líneas de un artículo. El hecho que las políticas incidan sobre los electores a través de las emociones que ellas engendran, es la razón por la cual sus valores y creencias puedan prevalecer por encima del interés propio al momento de votar. Pero, una buena noticia al final, esto tiene un límite: en tiempos extraordinarios, como por ejemplo la Gran Depresión en los Estados Unidos -cuando la gente no podía poner un bocado de comida sobre la mesa para sus hijos-, no toma mucho tiempo para que la gente transforme sus golpeados intereses básicos en las emociones que impongan un cambio, drástico de ser necesario.

Venezuela 2014: ¡Patria o papel tualé!



En aras de una quimera dogmática se está destruyendo la economía del país
Publicado en el diario español "El País" el 6 de febrero de 2014
José Luis Curbelo


Con este absurdo y populista dilema sacudía a los venezolanos el 22 de junio de 2013 el procubano ministro de Exteriores Elías Jaua ante las crecientes protestas por la escasez y carestía de los bienes básicos en los supermercados del país. El dilema manifestaba la voluntad del Gobierno bolivariano de profundizar su radicalización frente a las voces que ante el deterioro evidente de la economía nacional y del bienestar de la sociedad, llamaban a mejorar el abastecimiento y, por extensión, a mayor moderación y pragmatismo políticos y a una gestión más ortodoxa de los mercados y la política económica.

La voluntad de radicalización se está profundizando en los inicios de 2014 tras la pírrica victoria de la coalición de Gobierno en las elecciones municipales de diciembre de 2013. En ellas, la inseguridad respecto de los resultados llevó al presidente Maduro a llamar al saqueo de las tiendas de electrodomésticos y otros bienes de consumo duradero (televisores de plasma, ropas de marca, teléfonos celulares, etcétera), que actúan como fetiches del bienestar para amplios sectores de la población, incluida la clase media, y a la detención de varios empresarios.

El de 2013 fue un año desastroso en términos macroeconómicos, a pesar del elevadísimo precio de los hidrocarburos (alrededor de 100 dólares el barril). El país tuvo la mayor inflación del mundo (56%) derivada de la financiación monetaria de la actividad económica y de los déficits fiscales, que se calculan superiores al 15% (Barclays), consecuencia de un gasto desmedido y de una política de precios públicos altamente subvencionados.

El cambio del dólar en el mercado paralelo es 12 veces el oficial

La economía decreció un -0,3% en términos per capita. El cambio del dólar en el mercado paralelo es 12 veces el oficial. Las reservas líquidas son insuficientes, incluso, para saldar la deuda del país con las compañías áreas extranjeras por los billetes ya vendidos en bolívares. El índice oficial de escasez (que indica la proporción de productos básicos inexistentes en el mercado) está próximo al 25%, y el desabastecimiento se extiende a casi todas las mercancías e insumos de una economía en la que prácticamente han desaparecido el ahorro y la producción nacional.

Proliferan los mercados negros de todo tipo y la rampante corrupción. La infraestructura física y social se deteriora y los cortes del suministro eléctrico durante horas son comunes en casi todo el país. Y por si fuera poco, a pesar de sus reservas ingentes, la oferta petrolera venezolana (alrededor de 2,75 millones de barriles al día) decayó el 2% en un año por incapacidad técnica y falta de inversión, al tiempo que, por compromisos con terceros países (China, Cuba, otros países del Caribe, etcétera), solo generan divisas 1,3 millones de barriles al día, 500.000 menos que hace 5 años (PetroLogistics).

Ante esta dantesca situación económica (por no hablar de los 25.000 homicidios del año y otras formas de violencia) muchos analistas pensaban que una vez ganados los comicios y con un calendario electoral favorable sin elecciones en los próximos dos años, el Gobierno gozaría de la tranquilidad y legitimidad suficientes como para estabilizar la política económica. Sin embargo, los retales de plan económico que Maduro apuntó hace unos días con ocasión de la presentación de laMemoria y Cuenta de 2013, son decepcionantes. Para no enfrentarse a las raíces de los desequilibrios macroeconómicos, lo que obligaría a alterar los complejos equilibrios políticos de la coalición de Gobierno, se postergan las reformas necesarias, se realizan cambios cosméticos y, sobre todo, se avanza en la dirección de consolidar un modelo de país crecientemente estatista que achica los espacios de libertad económica (y política).

Se avanza hacia un modelo de país crecientemente estatista que achica los espacios de libertad económica
Con un discurso inflamado para “librar la batalla decisiva por el socialismo”, el “señalado” por Chávez: 1. Anunció la promulgación de una severa “Ley de costos, ganancias moderadas y precios justos” que establecerá un límite de beneficios a las empresas del 30%. Esto, aparte de su arbitrariedad y de ser un caldo de cultivo para la corrupción, evidentemente implicará aún menor actividad económica y profundizará el desabastecimiento y el desempleo. 2. Avanzó las líneas generales de una devaluación encubierta del bolívar, ya que en palabras del vicepresidente del Área Económica (Rafael Ramírez) “no podemos hablar de devaluación porque esa es la matriz del enemigo”. Se restringe el cambio oficial (6,3 bolívares por dólar) a las importaciones prioritarias (por definir) y se relega al resto de las transacciones a otra tasa fluctuante de alrededor de 11,3 bolívares por dólar.

La gestión centralizada del proceso se asigna a un Centro de Comercio Exterior encargado de priorizar el acceso a recursos a cambio preferente, así como de seleccionar a los partícipes en las transacciones. De nuevo, se fomentan instituciones proclives a la arbitrariedad y la corrupción. 3. Realizó cambios en el equipo económico del Gobierno, apartando de sus responsabilidades como ministro de Finanzas a Nelson Merentes, partidario de la flexibilización de los precios y el tipo de cambio, y reforzando la posición de los ministros más identificados con el modelo (Jorge Giordani y Rafael Ramírez) y de procedencia militar (Rodolfo Marco y Wilmer Barrientos), partidarios de mayores controles y planificación centralizada.
Tras los anuncios de las medidas económicas el bolívar continuó devaluándose y la deuda reaccionó a la baja. La población y los agentes económicos no confían en la capacidad del Gobierno de gestionar el deterioro de la situación. Para 2014 se espera que la inflación siga subiendo y llegue al 75% (Ecoanalítica). El país, según CEPAL, presenta las peores perspectivas de crecimiento de toda América Latina. Un deterioro que, más allá de las crecientes ineficiencias y corrupción imperante, no es achacable como en otros períodos de estancamiento pasados a los choques externos y/o petroleros, sino al propio modelo de crecimiento.

Tras los anuncios de las medidas económicas el bolívar continuó devaluándose y la deuda reaccionó a la baja

La incertidumbre respecto del futuro de la economía venezolana es general y el espacio para su deterioro amplísimo, incluso si los precios del petróleo continúan altos. Si se materializaran las perspectivas de inflexión a la baja de los precios del crudo, la situación se tornaría aún más desastrosa. En estas circunstancias, el dilema del título de este artículo adquiere todo su valor descriptivo: la quimera dogmática de construir el supuesto paraíso socialista (la etérea Patria del discurso bolivariano) justifica el atropello de las libertades y el bienestar de la población que, ¡parásitos ellos!, aspiran a que haya en los anaqueles papel tualé.

domingo, 2 de febrero de 2014

A propósito de la carta a los social demócratas


Nelson Acosta Espinoza

Un cierto revuelo opinático ha causado la "carta a los social demócratas" que Leopoldo López dirigió a los militantes y amigos de esta opción política. Sobre el tema han escrito diversas personalidades del ámbito político e intelectual: Antonio Ecarri Bolívar, Justo López, Antonio Sánchez García, Rafael Poleo, Francisco Suniaga, entre otros. Las opiniones han sido variadas. Desde una complacencia afectiva hasta un cierto celo ante la "competencia" de un nuevo actor que se declara social demócrata. Lo cierto es que en este país casi todos los partidos comparten una misma matriz socialista. Es en los acentos donde observamos diferencias. Entiendo que esta afirmación puede ser considerada temeraria y, quizás, un tanto ofensiva. En consecuencia, vamos a intentar avanzar una explicación.

El pensamiento de la social democracia clásica se organiza en torno a estos principios: liberalismo político, economía mixta, estado de bienestar, keynesianismo, compromiso con la igualdad social, entre otros parámetros. Al interior de estos principios doctrinarios se han inscrito la mayoría de los partidos políticos del país (AD, COPEI, URD, MEP, MAS, ALIANZA BRAVO PUEBLO, PATRIA PARA TODOS, CAUSA R, etc.). El gran logro de Acción Democrática y de su líder Rómulo Betancourt, fue interpretar estos principios en clave venezolana. El discurso político de este partido, en sus inicios, logró asumir la dimensión cultural y política de la Venezuela de la época. Por primera vez en nuestra historia, un partido asumió la dimensión popular en la constitución ideológica de los sujetos de acción colectiva. Esta cualidad la he definido, en otras ocasiones, como la adequidad. Una suerte de dispositivo simbólico que otorgó, por un tiempo, identidad política a los venezolanos. Su éxito, fue de tal naturaleza, que adequizó el relato político en el país. De esa conquista, paradójicamente, se desprende el fracaso del actual sistema de partidos: no han podido elaborar una nueva narrativa que de cuenta, entre otras cosas, de las nuevas circunstancias culturales y sociales que imperan en el país y, en consecuencia, ofertar una alternativa novedosa que compita con la del adversario y su discurso socializante.

El movimiento centro izquierda, prefiero esta nomenclatura a la de social demócrata, tiene por delante un enorme reto: elaborar un nuevo léxico político que permita codificar las nuevas realidades del país. Una tarea betancouriana, pues. ¿Qué queremos decir? ¿En qué consistiría este nuevo relato? Difícil dar repuesta en tan corto espacio. Sin embargo, existen dos temas dentro de los cuales sería posible "enmarcar" los asuntos clásicos de nuestra política: la distribución del poder y el federalismo fiscal. El primero, implica ir en busca de las autonomías regionales y sus respectivas identidades culturales. Se avanzó en esta dirección, tímidamente, en 1989 durante la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez. Es el momento de confrontar el socialismo centralizador con una política que encuadre temas como, seguridad, educación, vialidad, salud, etc., en el marco de una apuesta de carácter federal. Por otra parte, esta distribución del poder debería ser acompañada por el diseño de un sistema financiero subnacional que posibilite la capacidad de respuesta de los gobiernos territoriales a los problemas colectivos y de participación ciudadana.

El ejemplo de Rómulo Betancourt es aleccionador. Construyamos, entonces, un nuevo léxico político. No hablemos con las palabras del adversario. Quizás, sea conveniente sustituir nación por región, pueblo por ciudadano, estado por ciudad. En fin, la presencia de determinados términos proporciona datos sobre lo que es una sociedad y, lo que es más importante, la ausencia de determinadas palabras es tan significativa como su presencia. Platiquemos, entonces, en clave federal.

Para los "sin carro": ¿Es posible una solución?

Sistema de buses de tránsito rápido (BRT) ofrecido por Miguel Cocchiola en su campaña para la alcaldía de Valencia

Miguel A. Megias

Hace poco mi automovil se averió. Y debido a la escasez de repuestos, pasó varias semanas en el taller. De manera que, para desplazarme, decidí utilizar el transporte público, lo que en muchas ciudades del mundo sería una decisión sencilla y lógica. Y así fue como me tocó vivir, en carne propia, las carencias y dificultades por las que atraviesan miles de personas diariamente: el caos del transporte público. Ingresé de ese modo, sin darme cuenta, a una nueva clase social, que denominamos los “sin carro”, con todas sus consecuencias.

El primer día que tomé el autobús caminé casi un kilómetro para llegar a “la parada”. La parada, en realidad, es cualquier lugar de la carretera por donde circulan carros, camiones y autobuses. Esperé un rato hasta que a lo lejos apareció una “buseta”, es decir un microbús, destartalado, sin un cartel que identificara ni la ruta ni la dirección. Al levantarle la mano, se paró en la mitad de la vía para recogerme y me aventuré a adivinar que  mi deseado destino fuera parte del trayecto. Afortunadamente, como vivo casi al principio de la ruta, el bus tenía asientos vacíos. Pagué mi tarifa (no lo llamo boleto, porque el boleto, en realidad, no existe) mientras el bus arrancaba a todo dar; que si no es porque me agarro a uno de los asientos casi me deja botado en la vía. Y ahí empezó el calvario.

El autobús estaba provisto de un equipo de sonido digno de una discoteca: a todo volumen y con ritmo tropical. Cuando le pedí al conductor, amablemente desde luego, que bajara un poco el sonido porque me dolía la cabeza, no dijo nada; pero al poco rato, en vez de bajarlo lo subió aún más. No tuve más remedio de soportar, durante todo el viaje, las salsas que, una tras otra, iban amenizando el viaje. Llegué a mi destino, ahora si, con el bus forrado de pasajeros, la mayor parte a pie, sudando y casi sordo por el estruendo de los altavoces. ¡Un auténtico martirio!

Esta experiencia se repitió varios veces, cada vez que necesitaba trasladarme. Finalmente, mi carro fue reparado y acabó el martirio. En mis “aventuras” en autobús tuve la suerte de que nunca me atracaran. Por si acaso, llevaba el celular escondido en mi ropa interior y apagado (por si acaso sonaba mientras los potenciales asaltantes hacían su trabajo, una precaución elemental). Conocí de primera mano, el sufrimiento por el que pasan diariamente los “sin carro”.  Pude vivír en carne propia, lo que día a día tienen que soportar los ciudadanos para trasladarse a su trabajo o para hacer alguna gestión, en unidades destartaladas, discotecas ambulantes, humeantes, incómodas, sin señalización de rutas, sin paradas fijas, con asientos rotos y llenos a tope en las horas pico, sudando a mares en este maravilloso clima tropical. Y desde luego tuve que “aportar” muchas veces pequeñas cantidades de dinero a los “charleros”, personas que entran al bus y empiezan a pedir, en voz bien alta “¡una colaboración, ciudadanos, tengo a mi mujer enferma!” o “¡panas, acabo de salir de Tocuyito (carcel local de pésima fama) y necesito real para empezar de nuevo, colaboren!”, etc. Desde luego, nadie se atreve a no “colaborar” por el temor a que en verdad te asalten, te roben o te maten. Eso es lo que a diario tienen que vivir los que por carencias u otros motivos no tienen un vehículo para desplazarse y deben usar el transporte colectivo.

Lo que más me llamó la atención de esta experiencia es la inequidad, la desigualdad existente entre los ciudadanos “con carro” y los “sin carro”. En mis viajes al exterior nunca necesité tener vehículo propio; es más, nunca lo deseé. Porque el transporte público, en muchísimos países, es tan bueno que no se requiere tener auto propio para desplazarse en la ciudad o entre ciudades. Nació en mi, pues, la inquietud por saber como se ha resuelto el problema del transporte público en otros lugares y ciudades del mundo. Y descubrí que existen, desde hace años, sistemas muy eficaces, económicos y excelentes de transporte público tales como el del Curitiba (Brasil) o el Transmilenio (Bogotá) en nuestro propio continente, por citar sólo dos ejemplos.

En un vídeo reciente, el ex alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, (1998-2000) explica la filosofía detrás de la planificación de ciudades: la igualdad democrática. Según Peñalosa (y otros que descubrí después) “la ciudad debe ser de los peatones, no de los carros; y el transporte público debe reflejar la equidad entre ciudadanos”. Y así, con esto en mente, creó cientos de kilómetros de ciclovías (vías para bicicletas), en particular en las zonas más pobres, donde la mayoría de los habitantes pertenecen a la categoría de los “sin carro”. Y, adoptando los sistemas existentes en Curitiba, logró implantar en Bogotá el sistema BRT (Bus Rapid Transport, por sus siglas en inglés) que consiste en carriles “sólo para buses”, por donde circulan con rapidez y eficiencia los autobuses articulados de gran capacidad. Lo más notable es que al ir los buses por una vía especial, a la que no tienen acceso los automóviles, llegan a su destino mucho más rápido que los carros, que siguen embotellados en un tránsito infernal. El beneficio para el público es innegable. Y el Transmilenio es utilizado no sólo por los “sin carro” sino también por muchos ciudadanos que han entendido que viajar en sus propios vehículos es más costoso, más lento y mucho menos eficaz que el transporte colectivo.

¿Es posible aliviar el sufrimiento diario de los millones de venezolanos “sin carro” y crear sistemas de vías rápidas BRT en Venezuela? Una búsqueda por Internet refleja que se han hecho dos intentos; uno en Caracas (BusCaracas) y otro en Barquisimeto (TransBarca). No sabemos como funcionan pues no los hemos visitado. Pero tenemos que suponer que es el inicio de un transporte colectivo bien organizado.

Según Wikipedia, “Transbarca (Sistema de Transporte Masivo de Barquisimeto C.A.) es el sistema de transporte masivo de la Ciudad de Barquisimeto en Venezuela, es de tipo BRT. Su construcción se inició en 2005, durante la gestion de Henri Falcon como alcalde del municipio Iribarren, luego la obra pasa a manos del estado, durante el gobierno de Hugo Chávez donde es paralizado durante mucho tiempo hasta que finalmente es inaugurado el 14 de septiembre de 2013 en manos del Gobierno del Presidente Nicolás Maduro, entró en operación el mismo día, con dos troncales (líneas) y seis rutas alimentadoras.”

Y según el diario Ultimas Noticias, el BusCaracas funciona pero solo cobran en algunas estaciones. En la noticia no indican cuales son los recorridos ni horarios, lo que habrá que investigar a futuro. Ojalá los habitantes de Valencia cuenten, pronto, con un sistema BRC que funcione con eficiencia.

El alcalde recién electo de Valencia, Miguel Cocchiola, durante su campaña ofreció el sistema de transporte rápido que denominó “TransValencia”. Sin embargo, al leer la propuesta indica que (según Notitarde el 31/08/2013) “La Alcaldía sólo se encargará de supervisar la prestación eficiente del servicio, así como del mantenimiento de los canales exclusivos de circulación para los autobuses, y las estaciones. La primera etapa se construye muchísimo más rápido de lo que tarda un Metro, y con una inversión mínima tendremos en poco tiempo este sistema tan necesario para la ciudad… El éxito está garantizado ya que ciudades latinoamericanas lo han probado con resultados excelentes. Bogotá, Lima, Santiago y Curitiba son algunos ejemplos de que se puede progresar en este sentido”. Ojalá y se cumpla con esta y otras promesas y que alguna empresa se arriesgue a poner los autobuses lo que, tal parece, no hará el alcalde.

Entretanto, soñamos con que algún día, pronto, tengamos en Valencia un sistema BRT que alivie los sufrimientos de los “sin carro” y dignifique la movilización de personas de todas la edades y condición social. Ello requiere de una visión que se resume en una frase: “la ciudad es para las personas, no para los carros”.

A continuación un vídeo del BusCaracas



El enriquecimiento súbito en el socialismo del siglo XXI

Diagrama típico de Venn. El conjunto A y el conjunto B tienen elementos comunes en la intersección A con B

Rafael García Elías

Una herramienta clásica para explicar la teoría de conjuntos es el diagrama de Venn. Cualquier estudiante de bachillerato posiblemente recuerda aquel rectángulo que incluía dos círculos: el A y el B. Los círculos se superponían y la zona en común era conocida como" la intersección del conjunto A con B". El rectángulo que contenía a los círculos era el todo; y los círculos, los entes abstractos matemáticos.

Utilicemos este modelo entendiendo que el rectángulo que contiene a los círculos representa la economía de Venezuela. El conjunto A es el sistema económico propuesto por las teorías socialistas basado en subsidios, regulaciones, dólares baratos y controlados, regulaciones, cooperativas, núcleos endógenos, etc. Y el conjunto B representa la economía liberal de mercado: empresas, dólar paralelo, mercados abiertos donde rige la oferta y la demanda, etc.

En el conjunto A el diagnóstico, con base histórica y en nuestra propia experiencia, significa baja productividad, necesidad permanente de subsidios por parte del petro-estado, consumo sin producción y alta dependencia de las importaciones en todas las áreas de la economía.

En el conjunto B, en cambio, implica una dura lucha contra un estado regulador, que se impone con infinidad de normas, reglamentos, impuestos, colaboraciones a empresas asfixiadas por la falta de materias primas y de divisas seguras y de oportuna adquisición para obtener los insumos fabriles necesarios; y lo peor, estar expuesto a un conjunto de leyes, interpretables por fiscales y jueces, que pueden convertir un problema de carácter netamente mercantil en un caso penal, con posibilidades de cárcel.

Ambos esquemas son de mal pronóstico, en cuanto a su éxito. Ambos han llenado al país de proyectos fracasados: areperas socialistas, núcleos agrícolas, crisis permanentes en las empresas de Guayana, endeudamiento de PDVSA, carencia de cemento y cabillas, entre otras casos por un lado (conjunto A); y empresas cerradas, eliminación de la oferta de viviendas en alquiler, empresariado que se va del país, retiro del sector privado de la construcción de viviendas económicas, etc., por sólo citar algunos casos (conjunto B).
Ahora bien: sin embargo, se ven algunos negocios exitosos de empresas que desbordan en su bienestar económico; lo curioso es que estas empresas no están ni en el conjunto A, ni en B; estas empresas están en la intersección de A con B.

El mejor ejemplo de los negocios exitosos son los importadores (importadores, dicho sea de paso, de lo que sea) que obtienen dólares baratos del sistema proteccionista del estado socialista (A) y venden sus productos al mejor postor, en un mercado capitalista (B).

Pero la estrella de estos negocios, en la intersección de ambos sistemas, que generó fantásticas ganancias en cuestión de semanas fue le compra de certificados de deuda de PDVSA, bonos argentinos, y deuda pública nominadas en dólares americanos que fueron comprados al cambio oficial, según lo pautado en el sistema socialista (conjunto A), y su inmediata reventa a descuento, en la meca del capitalismo: la Bolsa de Valores de Nueva York, en Wall Street, (conjunto B) obteniendo de manera inmediata dólares libres, los cuales luego pueden ser vendidos en el mercado negro venezolano, a pesar de las aparentes restricciones y leyes que convierten esta venta en un ilícito cambiario. Esta operación enriqueció las alforjas de un grupo importante de boliburgueses y dejó una pesada carga financiera en la espalda de PDVSA y del Banco Central de Venezuela, que deberá ser pagada a futuro por todos los venezolanos.

De este tipo de negocios hay muchos otros ejemplos: los cupos para la importación de leche en polvo, azúcar y alimentos en general, los contratos oscuros con China, Bielorrusia, Irán, y otros en los cuales se contratan en dólares al cambio oficial (A) y luego la parte líquida del negocio se convierte a tasa de mercado negro (B).

Es importante concluir que todos los negocios planteados en la intersección de A con B dañan al patrimonio de la república y enriquecen a un pequeño grupo de afectos al régimen. Son los actos de corrupcion, diferentes al robo simple, que han transferido la mayor cantidad de riquezas a un pequeño grupo, en muy corto tiempo, en la historia de Venezuela. El daño es ireparable porque las operaciones fueron ¨licitas¨. (*)



(*) La culpa no la tiene el ciego, sino del que le da el garrote. (Del refranero popular).

domingo, 26 de enero de 2014

Editorial

Este domingo, 26 de enero de 2014, el gobernador de Carabobo, Francisco Ameliach, ha publicado en el diario Notitarde, una carta abierta a los valencianos que contiene una interpretación histórica donde relata la insurrección de Valencia en 1811. Este Observatorio ha decidido publicar el artículo del historiador Juan Carlos Contreras, docente de nuestra Alma máter, la ilustre Universidad de Carabobo, donde se interpreta lo sucedido en esta ciudad en aquel entonces.

Que el lector decida cual es la verdad histórica detrás de estos sucesos y las razones de la insurreción.

¿Contra el Rey o contra Caracas?

La encrucijada de Valencia entre 1808 y 1812

De acuerdo al profesor Contreras, Fernando Peñalver, desde posiciones inequívocamente republicanas, defiende el federalismo y la pretención valenciana de convertirse en capital de una provincia en igualdad de condiciones a las de Caracas.  Fernando Peñalver. Grabado Original 1844. Litografía de Therry Freire Paris.
Juan Carlos Contreras (*)

La élite criolla de la ciudad de Valencia, como sus similares del resto de Hispanoamérica, utilizó el cabildo como el principal instrumento para la defensa de los fueros y privilegios acumulados desde el siglo XVI. A su vez, la monarquía borbónica del siglo XVIII enfrentó aquellos privilegios desde el ambiente ideológico de la Ilustración pero con el objetivo de imponer el absolutismo.

Si bien, la dinastía borbónica no logró sus objetivos, puso en evidencia los intereses de los distintos componentes de la sociedad colonial. La élite valenciana demostró su apego a los valores estamentales, propios y característicos de las sociedades “tradicionales” y, por lo tanto, su resistencia a la innovación en la estructura social, a la centralización político-administrativa y al desconocimiento de sus antiguos privilegios económicos.

Luego de sobrevivir a la ofensiva reformista, la élite valenciana tendrá que reaccionar ante la crisis de la monarquía hispánica y al advenimiento de nuevo paradigma de la Modernidad. Su posición ante la invasión francesa de 1808 fue de fidelidad monárquica y resguardo a los valores inherentes a dicho sistema. Ante la autonomía de 1810 y la convocatoria al congreso constituyente, la de colaboración con Caracas, pero a su vez la de férrea defensa de lo que considera su espacio político frente a la preponderancia que, desde la centralización borbónica, había adquirido la capital.

En este sentido destaca su más activo diputado ante el congreso, Fernando Peñalver, quien desde posiciones inequívocamente republicanas defiende el federalismo y la pretensión valenciana de convertirse en capital de una provincia, en igualdad de condiciones a las de Caracas. El cabildo valenciano, monárquico, hará el mismo esfuerzo, con igual o mayor determinación que Peñalver, y amenazará directamente a la capital de las nefastas consecuencias de tomar cualquier determinación antes de resolver la división de la provincia de Venezuela.

A estas advertencias los diputados caraqueños, mayoritarios en el congreso, hicieron caso omiso, urgidos por lo que ellos consideraban el problema fundamental, la independencia y el nuevo orden republicano. Ante la declaración de independencia de 1811, la importante presencia peninsular y el desconocimiento caraqueño a las pretensiones autonomistas, precipitan la división de la élite de la ciudad y del resto de sus componentes sociales. La insurrección de Valencia contra la república de 1811 daba cuenta de las tensiones ideológicas, regionales y sociales que caracterizaron la transición de una sociedad monárquica a los nuevos valores republicanos.

Una vez sometida la rebelión y asegurado el poder republicano en la ciudad, Valencia es declarada capital de la Confederación de las Provincias Unidas de Venezuela. Por una parte, dicha declaración alejaba la presión sobre Caracas, acusada casi por unanimidad, de la enorme preponderancia que efectivamente tenía sobre las otras ciudades de su provincia y sobre las demás provincias de la confederación. Pero el traslado de la capital federal a Valencia significaba que la élite de dicha ciudad quedaba desarmada del argumento de la capitalidad provincial pues se convertía en el centro político de la nación. Sin embargo, ¿qué poder tenían los valencianos sobre el congreso cuyos diputados seguirían siendo mayoritariamente caraqueños?, ¿o sobre las cortes de justicia?, ¿o sobre el ejecutivo federal?

El partido realista parecía neutralizado pues se había impuesto sobre ellos todo el peso de las instituciones republicanas, pero estas instituciones también serían ajenas al poder de los patricios valencianos partidarios de la independencia. Hasta Puerto Cabello, que no había tenido representación propia en el congreso por depender todavía del partido capitular valenciano, se había deshecho, por su nueva categoría de ciudad, de aquella incómoda tutela que arrastraba desde el siglo XVIII. La capitalidad de la nación se había convertido en un paliativo para asegurar la adhesión republicana de Valencia pero anulaba sus propósitos de un espacio sobre el cual ejercer poder.

De nuevo restablecida la autoridad de España, en 1812, el partido realista de la ciudad, renacido, trató de sacar provecho de la insurrección de 1811, escondiendo la colaboración autonomista con Caracas del 19 de abril de 1810. Valencia, decían los realistas, había reaccionado tarde, pero había demostrado, con sangre, su fidelidad a la monarquía, por lo tanto, merecía no sólo conservar sus fueros y privilegios autonómicos, sino que optaba a más, ahora, a la capitalidad de la Capitanía General de Venezuela, desplazando por completo a las "facinerosos e infieles" caraqueños. Su insistencia en la capitalidad fue reclamada en tres ocasiones a partir de 1812.

La crueldad de una guerra total que pronto se desataría entre venezolanos monárquicos y venezolanos republicanos, haría palidecer estas disputas regionales; pero más allá de las rivalidades geopolíticas, el asunto de fondo seguía siendo la pervivencia de la mentalidad del Antiguo Régimen y su larga y compleja transición, a lo largo del siglo XIX, hacia el paradigma de la Modernidad.

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(*) Juan Carlos Contreras. Historiador (ULA), Master en Historia (CSIC-Madrid) Magíster Ciencia Política (USB) Docente FACES UC-Maracay y UPEL-Maracay. PPI Candidato.

Obediencia debida


Nelson Acosta Espinoza

El término obediencia debida pudiera describir la conducta asumida por el gobernador Ameliach en relación al conflicto suscitado entre los ciudadanos carabobeños y el presidente Nicolás Maduro. Apremio que surge a partir de procedimientos autoritarios que afectan la integridad simbólica y material de esta ciudad. Como seguramente es de su conocimiento, amable lector, el gobierno central mediante tres decretos presidenciales (664, 665, y 666) pretende despojar a la ciudad de Valencia de sus más significativos símbolos (Teatro Municipal y Parque Recreacional Sur) y la administración de tres populosas parroquias Santa Rosa, Rafael Urdaneta y Miguel Peña.

Ahora bien, a que viene la expresión "obediencia debida". ¿Cuál es su significado en el presente conflicto? ¿Explica esta palabra la pasividad del Gobernador Ameliach y su falta de voluntad en defender los intereses de los ciudadanos que lo eligieron? Veamos. Este concepto jurídico implica el cumplimiento de mandatos contrarios al ordenamiento jurídico y se relaciona con la actividad castrense. Ello es así, debido a la subordinación que los miembros de una jerarquía castrense deben rendir a sus superiores.

El gobernador de nuestro estado está obligado a procesar obediencia debida a su superior jerárquico, el Presidente de la República. Su lealtad no es con los ciudadanos que sufragaron por su persona; tampoco le rinde obediencia a la voluntad popular y, desde luego, a los principios autonómicos que deberían ordenar un estado descentralizado que escoge sus propios gobernantes, como es el caso de Carabobo.

Recientemente el presidente Nicolás Maduro revocó el decreto 665 que transfería la administración del Teatro Municipal de Valencia al ejecutivo nacional. Revocatoria que no fue producto de gestiones del gobernador Ameliach, sino de la fuerte oposición ciudadana a este instrumento de despojo. La "obediencia debida", en esta ocasión, funcionó en las dos direcciones, para la usurpación y devolución de este ícono de la ciudad de Valencia. En fin, el gobernador Ameliach carece de la autonomía que supone el ejercicio de la función pública para la cual fue electo. El rollo de los ciudadanos valencianos es, pues, con el presidente Maduro.

El país está siendo pisoteado por diversas autoridades estadales que, al igual que nuestro gobernador, carecen de autonomía y obedecen exclusivamente a los dictados del gobierno central. No me canso de señalarlo. El conflicto político en la Venezuela actual es aquel que opone, por un lado, los que practican la obediencia debida y, por el otro, los ciudadanos que ejercen de forma real la llamada democracia participativa y protagónica. Es imperativo, entonces, "enmarcar" los graves problemas nacionales (seguridad, vivienda, desempleo, inflación, escasez, etc.) en esta narrativa descentralizadora, autonómica y federal.
Hay que luchar unidos con la finalidad de derrotar a quienes ejercen el autoritarismo como forma de gobierno. En el caso de la ciudad de Valencia, es necesario arreciar la lucha y dotarla de una connotación de carácter nacional. Ello implica, entre otras cosas, experimentar otras formas de expresión (marcha cívica, por ejemplo) y enlazarla con situaciones parecidas que se están sucediendo en otras capitales del país (Barquisimeto, Maracaibo, Barinas, San Cristóbal, entre otras).

Finalmente, dejemos el “pescueceo” y entrompemos la obediencia debida con la desobediencia ciudadana.


Otro Pote de Humo



Asdrúbal Romero Mujica

Las redes sociales han alcanzado una intensa agitación, a raíz de la publicación en Gaceta de las nuevas providencias del CADIVI que no desaparecerá sino que cambiará de cachucha. De todos los tweets que he alcanzado a leer, voy a compartir dos con ustedes por haberme parecido particularmente inteligentes. De Alicia Hernández, a quien no conozco pero me gustaría conocerla, cito textualmente: Al Gobierno no le preocupa tu molestia por el cupo. Al contrario. Hace que no hables de “las otras cosas”.

Evidente, mi querida Watson –le diría yo si la tuviese cerca. El Gobierno ha tenido éxito en su maniobra distractora. Todo el mundo anda rechinando los dientes por los benditos cupos y poco se habla de lo “otro”, a menos que sea una víctima del “nuevo esquema de vida” en el que nos vemos inmersos. Por ejemplo: alguien a quien le hayan robado la batería de su automóvil –la “nueva moda”- y no logre conseguir en el mercado otra para reemplazarla. El Gobierno, no totalmente satisfecho con su éxito, se ufana en publicitar, incluso internacionalmente, que el “nuevo esquema cambiario” le permitirá ahorrar 1.576 millones de dólares, cuando este monto representa apenas un 3% de la cuantiosa deuda cuya obligación de pago es inmediata.

Este gobierno es tan opaco en su administración, que se nos hace extremadamente difícil, a quienes queremos hacerle un seguimiento al problema de la escasez de dólares, lograr juntar las cifras que nos permitan armar el rompecabezas. Como lo dice Julio Jiménez Gédler (alias @Juliococo) en otro tweet que no es de los dos que comentaré: “A esta fecha, aún no conocemos cuánto petróleo se produjo, cuanto se vendió y a qué precio, ni cuantos dólares entraron en 2013”. Así es, la opacidad es marca de fábrica de este régimen para poder seguir engañando. Pero, poco a poco, las cifras de la verdad van emergiendo y, por cierto, ellas se van ajustando al oscurísimo escenario que habíamos avizorado. Por ejemplo, en esta semana que transcurrió, la firma Ecoanalítica publicó un informe en el que se detallan las deudas en dólares con el sector privado: ¡51,9 millardos! Aclaremos algo: no se trata de una deuda contraída por el Estado con compromisos de pago a futuro. Ya se sabe que la deuda externa del país es mucho mayor y tampoco se conoce con exactitud a cuánto alcanza ya. La deuda a la que se refiere Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, involucra sólo montos que ya debieron haber sido cancelados al sector privado, por concepto de importaciones autorizadas por CADIVI y no liquidadas, expropiaciones no pagadas, compromisos de pago incumplidos con contratistas internacionales del sector petrolero y empresas mixtas de la Faja del Orinoco, y así podríamos continuar con un prologando etcétera. Este es el monto que tiene de cabeza al Gobierno y del cual no quiere que se hable. Por eso, aparenta haber trabajado intensamente estas primeras semanas de enero para emerger, finalmente, con la “gran solución” que se cranearon: el novedoso “esquema cambiario” que les permitirá ahorrar, ya se los dije, apenas un 3% del faltante de caja que tienen. Porque viene a ser eso, después que se rumbearon los dólares, lo que quieren que pase debajo de la mesa es ese vulgar, aunque gigantesco, faltante de caja; como cualquier cajero que se hubiese ido a la discoteca a rumbearse el 97% de una nómina que debía cancelarse al día siguiente.

Traigo a colación el segundo tweet, éste de Rafael Uzcátegui (alias @fanzinero): “Si a ud lo que más le molesta ahora es la reducción de Cadivi tiene problemas de percepción de la realidad”. Gravísimos, le añado yo. El problema es que en ese monumental faltante de caja están los 463 millones que le adeudan a Empresas Polar, la mayor productora de alimentos procesados en nuestro país que ya advirtió sobre el riesgo de paralización de sus operaciones. En la misma línea, advierte el Presidente de Fedecámaras, Jorge Roig, en El Nacional (24/01): “Empresas se paralizarán por falta de divisas”. Según él, las líneas de crédito internacionales que todavía no se han cerrado para Venezuela, están a punto de serlo. ¿Hacia dónde vamos? Cierre de empresas, desempleo masivo, dantesca escasez e hiperinflación. Todo esto se veía venir, pero algunos parecen más preocupados porque ahora sus compras en Amazon les saldrán más caras. ¿Qué será esto? ¿Domesticación?

En ese escandaloso faltante de caja está el papel que le hace falta a los periódicos para poder circular normalmente. Me decía la Lic. Tibisay Romero, con ocasión del acto de “Valencia se respeta” el 23 de enero en la Plaza Sucre: “el problema del papel es mucho más grave de lo que la gente se imagina”. ¿Y el de las líneas aéreas? A todo esto habría que sumarle el problema de las divisas para este año. Ya Ramírez dijo: el sistema cambiario dispondrá de 42 millardos de dólares para todo el año –otra cifra que nos habíamos craneado a pesar de la opacidad gubernamental. No se sabe si a este monto habría que sustraerle lo correspondiente al servicio de la deuda, que algunos estiman hasta en 18 millardos (Econ. Jose Luis Saboin), pero en nuestra cacería de información pronto lo sabremos. Aun no siendo así, el monto es a todas luces insuficiente para atender las necesidades de una economía a la que se le ha mantenido artificiosamente engañada.

El problema más grave para el Gobierno es el faltante de caja. No halla cómo resolver y trata de esconder la implosión de su equivocado modelo, además plagado de corrupción e ineptitud. Se dice por allí que tiene ya varios meses conversando, secretamente, con el FMI para un crédito por 50 millardos ¡Bingo! No me consta que sea verdad, en todo caso: no me imagino a este socialismo del siglo XXI vendiéndole a sus ya alborotadas bases el tipo de ajustes al que obliga el FMI, ¡aunque caraduras serán hasta la sepultura! Tampoco alcanzo a imaginarme al FMI haciéndole ese gran favor político a este gobierno. Aquí lo que nos sale es obligarles a que renuncien. 

Con este régimen, ya va resultando harto evidente que no hay salida. ¡O salen ellos o implosionaremos todos!