sábado, 17 de septiembre de 2016

Preso pero libre




Asdrúbal Romero M.

Finalmente pude leerlo. Había intentado conseguir el libro en Valencia y no me había sido posible. Justo unos días después de mi salida del país lo presentaron, pero, obvio, ya yo no podía estar presente. En mi primera visita a La Central de Callao, mi librería preferida en Madrid,  lo adquirí y en apenas tres días leí, reflexioné, medité sus doscientos ochenta páginas. La mejor síntesis que puedo aportar del libro contentivo de las anotaciones de Leopoldo López hechas en Ramo Verde –las que logró salvar- es que todo militante activo por un cambio en nuestro país debería leerlo.



No es un libro de denuncia, aunque contenga algunos pasajes en los que López nos entera de situaciones y ejecutorias que hablan, por sí solas, del tipo de personas que están al frente del Régimen: ¡de lo que son capaces! Que Dios nos agarre confesados, si no logramos acopiar las fuerzas suficientes para liberarnos de su pretensión opresora. La idea- objetivo que motiva al autor a escribirlo es sencilla: dejar un registro del cúmulo de sus experiencias en la prisión. También, sus anotaciones constituyen una herramienta, una de muchas, en la lucha personal que debe librar, permanentemente, contra ese enemigo inagotable que es el tiempo. Así lo califica Leopoldo: “el tiempo es la mayor fuerza que debemos dominar para mantener la estabilidad emocional”.



El libro es una ventana a esa lucha encomiable. Asomarse a ella es insuflarse uno mismo, como lector, de la energía necesaria para continuar en esta lucha personal que todos debemos dar. El inmenso perjuicio que este régimen ha perpetrado a nuestras vidas, es razón suficiente como para tomar su salida como un asunto personal. Les confieso que soy una de esas personas que requiero de cuando en cuando una mascarilla de oxígeno energizante. Mi principal enemigo es la desesperanza al ver que el tiempo pasa; que la crisis económica y social profundiza su acción empobrecedora con paso indetenible, y acelerado, causando daños de los cuales cada vez tomará más tiempo recuperarnos y que, a pesar de esta realidad ya aplastante, los que nos oponemos a este régimen no logramos alinear todas nuestras fuerzas como para lograr el inmediato golpetazo de timón que requiere el país.



Mi visión de la crisis como estudioso de los procesos dinámicos ha tenido una influencia preponderante en mis decisiones y actitudes políticas. Estuve de acuerdo con La Salida, -como fue planteada y no como lo terminó siendo al caer en el enfrentamiento provocado por el Régimen-,  porque ya para aquel entonces, consciente de lo que se nos vendría encima, sentía que ya no había más tiempo que perder. Si en aquel momento, era válido decir que Venezuela descendía en un ascensor a una velocidad de 5 metros/mes y ya nos encontrábamos a la altura del sótano 20, ahora vamos por el 120 a una furiosa velocidad de descenso de 50 metros/mes. He insistido en esta metáfora gráfica para tratar de trasmitir la visualización de este viaje hacia un desastre humanitario de proporciones que la mayoría no alcanza a imaginar. Le cuesta a esa mayoría ver lo que uno ve.



Lo más preocupante es que los actores políticos tampoco parecen verlo – es mi hipótesis, porque si lo estuviesen viendo no tendría perdón de Dios todo ese movimiento browniano de intereses subalternos que uno observa-. Por esta razón, me pareció perfecta la frase que los amigos del IFEDEC Carabobo se ingeniaron para titular un comunicado que preparamos, entre varias organizaciones, para ser entregado a la MUD Carabobo: “El Tiempo de la Política no es necesariamente el Tiempo del Pueblo”. El tiempo de la política va a unas revoluciones muy inferiores de lo que el desarrollo dinámico de la crisis ya va demandando. Les confieso que yo esperaba un quiebre político a las alturas de finales de abril e inicios de mayo, los meses siguen pasando y la crisis desarrollando velocidades de deterioro insoportables. El evento del 1S, magnífico, excelente, sólo una crítica: tardío.



Quizás, como lo dice mi estimado Francisco Contreras -un profesor jubilado de la UC muy prolífico en el tratamiento de temas sobre la crisis-, los expertos hemos fallado al no saber transmitir las dimensiones de la crisis ni su potencial trágico. Habrá que reconocerlo. En todo caso, ha sido en esa mezcla de no sé cuánto de incompetencia y cuánto de impotencia que se ha cosechado mi desesperanza. Justo por esta razón me ha calado tan hondo la frase del torturador a la que Leopoldo hace referencia en su libro: “No sólo debes sacarles la sangre, más importante es arrancarles la esperanza”. Esa es la intención de los carceleros de Leopoldo y no lo han logrado. Muchas menos razones tengo yo para dejarme quitar la esperanza de vivir en una remozada Venezuela en la que se garantice que todos los derechos sean para todos sus ciudadanos. Un lema motivador que lo resume todo.



Después de la lectura de un buen libro ya no eres el mismo. En alguna medida, ese libro ha logrado un cambio en tu interior. Estoy seguro que “Preso pero libre” será un buen libro para cualquier venezolano comprometido con el cambio. Su potencial de transformación será distinto para cada lector, para mí ha sido como un regaño viviente: hay que continuar la lucha; tu esperanza y motivación no se las puedes entregar al enemigo.



Leopoldo ha logrado con este libro colocarse en la antípoda moral a este régimen. Su cúpula corrupta y antipatriótica bien lo reconoce, de allí su insidia particular para perseguir a la dirigencia de Voluntad Popular.  Ha sido tremendamente acertado y oportunísimo en el tiempo en la caracterización del Régimen. En lo económico: empobrecedor hasta límites que todavía no alcanzo a comprender serán nuestros conciudadanos capaces de soportar. En lo político: confrontamos a una dictadura. Cito: “Todavía me sorprende que haya personas, dirigentes, de la oposición que se niegan a asumir frontalmente que estamos en dictadura. Hoy son muchos menos que el año pasado, pero todavía hay quienes no terminan de entender que, de no asumir que estamos en dictadura, no podemos definir con claridad una ruta para salir de ella”.



Leopoldo ha asumido riesgos en aras de un despertar del pueblo que, en mi opinión, todavía no se ha producido en el nivel cónsono con el daño que se le ha perpetrado. Su llamado a asumir riesgos sigue vigente y me permito enfocarlo con particular énfasis hacia la dirigencia política: si no existe la disposición a asumirlos, “será muy difícil lograr que se dé un proceso de cambio profundo”. Les reitero la invitación a leer este libro de cuya lectura, seguro estoy, emergerán con un mayor compromiso de lucha.    








1 comentario:

Nelson Romero dijo...


Hermano. Puedes tener por cierto que la circulación del libro será clandestina o solo por Internet. Por lo demás, Asdrúbal, así como el tiempo de los políticos, no es el mismo del pueblo y el de DIOS es perfecto, así mismo no se sabe cuando los políticos cansados de sus desaciertos darán paso a unos pueblerinos que sabrán como revertir paso a paso, como las hormigas, un asunto que estaba cantado desde el 1998, ratificado cada año y extra potenciado en el 2002 (Recuerda la presentación en PP que vimos), pero como lo afirma Leopoldo, según tus
propias palabras, nadie quiso creer.