sábado, 11 de junio de 2016

¿Gobierno y oposición renunciaron a la política?


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Nelson Acosta Espinoza

Bien, amigos lectores, se profundiza cada día más la crisis económica y social que confrontan los venezolanos. La población se encuentra experimentando situaciones absolutamente inéditas en la historia del país. Analistas, como Juan Vicente León, afirman que un deterioro de este calibre solo puede compararse con lo sucedido en el marco de la guerra federal. En un reciente artículo publicado en el portal Prodavinci señala lo siguiente: “Con una caída brutal de la producción, sumada a una reducción severa de las importaciones, es obvio que no hay productos suficientes para abastecer el mercado. La escasez en Caracas supera el 82% en los anaqueles y 40% en los hogares. Y es la ciudad mejor abastecida del país”.

En paralelo la conflictividad social va en aumento. La ONG que se encarga de monitorear esta situación (OVCS) apunta que en el mes de mayo “se registraron 172 protestas en rechazo a la escasez y desabastecimiento de alimentos que representan 320% más con respecto a igual mes de 2015”. Igualmente, los saqueos en contra de abastos, supermercados y establecimientos comerciales van en aumento. Todos estos acontecimientos ocurren en el marco de un significativo desequilibrio fiscal. El déficit alcanza a un 20% del PIB; inflación de tres dígitos; reducción significativa de las importaciones y contracción del PIB en más de 40% en el lapso que cubre el gobierno de Maduro.

En forma resumida este sería el contexto social y económico en donde se desplegarían las acciones de naturaleza política. Aquí, amigo leedor, me voy a permitir hacer una digresión de naturaleza teórica. Esta breve incursión me parece útil para intentar comprender la coyuntura y visualizar los escenarios futuros.

Me atrevería afirmar que la política se encuentra ausente en el tablado actual del país. Bien, ¿qué queremos decir? ¿Explica esta ausencia el incremento sostenido de los actos de violencia?

En lo que sigue intentaré esbozar una respuesta a estas interrogantes. Entiendo por política el ámbito a través del cual se administran y morigeran los conflictos que siempre se derivan de los antagonismos que son consustanciales con lo político. En toda sociedad existen controversias (económicas, sociales, étnicas, culturales, etc.) que separan a sus distintos grupos (lo político). La consensualidad y el equilibrio se restablecen a través del accionar de la dimensión política. Tengo la impresión que la oposición en Venezuela asume que las viejas reglas de la política son apropiadas para enfrentar estos inéditos niveles de conflictividad que se encuentran presentes en la Venezuela de hoy día.

Voy a intentar explicar la afirmación anterior. Estamos en presencia de una doble complejidad. Por un lado, el gobierno ha decidido no impulsar la vía de los acuerdos como instrumentos para dar salida a la actual crisis. Ha renunciado a la política y está permitiendo que la conflictividad inherente a lo político emerja en forma brusca y violenta. De ahí su estrategia de evitar, a toda costa, la celebración del referéndum revocatorio. Suena duro, pero en mi opinión esa es la realidad. La oposición, por el otro lado, tiende a observar esta situación con los viejos instrumentos hermenéuticos a través de los cuales interpretaba la realidad en la IV república. Sus insuficiencias unitarias podrían ser atribuidas a su envejecida narrativa que no descifra apropiadamente  la excepcionalidad de la actual coyuntura política. De ahí su dificultad para convertir el actual descontento social en movilización masiva con el propósito de garantizar el referéndum y las elecciones de gobernadores.

¿Qué hacer desde el campo democrático? Esta interrogante no se despeja con facilidad. Y, es así, debido que estamos asistiendo a un cambio brusco de época. A lo cual debemos agregar la devaluación de los instrumentos del accionar político del pasado. En la búsqueda de respuestas, en consecuencia,  se requerirá de mucha imaginación y originalidad.

Un punto de partida pudiera ser  iniciar la construcción de un relato que rompa con la polarización (gobierno/oposición). Seria indispensable, entonces, elaborar iniciativas de naturaleza transversal que puedan dotar de un nuevo sentido a la política y, en este orden de ideas, crear las bases para la construcción de un nuevo sentido democrático que supere a los que predominaron en la IV y V república.


Aquí vale acuñar la frase de Simón Rodríguez: “inventamos o erramos”.

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