domingo, 27 de julio de 2014

Los laberintos de la transición


Simón García

La transición es una procesión que avanza y retrocede en el seno del gobierno y su partido. Allí, todos parecen concordar en buscar medidas que alivien el calvario del país, pero no todos apoyan la idea de un viraje. Se considerará como posibilidad en la medida que se incremente el miedo cupular a que un mayor agravamiento de la crisis les pase una factura definitiva.

En la hora chiquita hay quienes sostienen que la corrección de ciertas medidas económicas, implica profundizar, en otras áreas, la disposición a marchar hacia el socialismo. Definen como existencial el esfuerzo sin tregua para reducir y liquidar a la oposición, entendida por tal cualquier actitud crítica o la expresión de malestar con las posturas gubernamentales. Es decir, el país.

Pero el viraje, al menos en política económica, ya comenzó en Londres con los anuncios del vicepresidente económico ante representantes del mundo financiero. La salida de Giordani es otro signo del abandono de la visión ortodoxa en sectores de la cúpula roja. A Fedecámaras se le está sugiriendo que acepte una propuesta de cooperación sin mirar hacia los derechos y las libertades. Un injerto del modelo chino, tropicalizado y sin las condiciones de China.

Por todo ello el viraje económico parece inevitable, mientras que la transición es discutible. Una que provenga enteramente de la voluntad del gobierno tiene la dificultad de que el presidente Maduro carece de la fuerza para imponerla en el PSUV y a que titubea ante su necesidad de evitar nuevas pérdidas de apoyo en el país y cederle banderas a sus rivales internos. ¿A quién aparte de él le conviene promoverla?
Cabello, capitán en la banda contraria, ya se anotó un punto al boicotearle abiertamente a Maduro el diálogo con la oposición.

Pero el viraje económico puede abrirle las puertas a una transición más redonda, aunque todavía esta perspectiva esté rodeada de incertidumbres sobre su forma de iniciarse, modalidad, duración y desenlaces. Por los momentos, la gente está comenzando a reaccionar ante las consecuencias, cada vez más insoportables del doble fracaso de la gestión Maduro y el modelo Chávez.

Así Maduro sea él mismo un poder vacío, es el rostro y la expresión de un régimen que lo sostiene y al cual él debe sostener. Las circunstancias lo obligan a ejercerse si pretende perfilar su liderazgo y si está convencido de que la transición es su carta salvadora. Sabe que si no actúa perderá mucho. Ya, ni en su propio campo le admiten la inhibición ante la ruina y la implosión del país.

También sabe que los pasos oficiales no bastan. Las fuertes medidas económicas exigen algún grado de consentimiento de los principales actores institucionales y políticos del país, incluyendo a la oposición. Así que inicialmente el gobierno intentará que otros compartan la carga a cambio de nada, aunque el agua al cuello suele volver lúcidos a los obcecados.

La oposición también sabe que toda transición supone una redistribución del poder entre los actores antagónicos, la formulación de nuevas reglas institucionales y una relegitimación que estará condicionada por mostrar capacidad para resolver los problemas, voluntad de unificación del país y formulación de cambios económicos, institucionales y políticos. No puede contentarse con una transición de repostería.

El tema de la transición es una oportunidad para comunicarle nuevamente a la sociedad los aspectos alternativos que califican a la oposición y para acompañar sistemáticamente a los más débiles en sus luchas y a toda la población frente al paquete de ajustes que el gobierno quiere hacerle tragar al país sin compensaciones. Tiene que movilizar sus fuerzas y presionar por aquello que necesita conquistar.

Para ello, los partidos deben entender que la lucha por el liderazgo no es un asunto de tirar una parada ni de competencias por quien aparece como el más radical. La verdadera lucha consiste en estar, eficaz y constantente, con la gente. La oposición tiene los líderes y los partidos para hacerlo, pero ¿podra hacerla unida?

1 comentario:

Gonzalo Montañez dijo...

Rescato la frase transición de repostería. La transición pasa por la capacidad de darle un carácter formal con estrictas normas de juego a la re composición nacional. Plantear cualquier cambio sin esta condición lleva directo al fracaso. Solo la demanda colectiva de un proyecto de país pudiera consolidar estas acciones y no desde encerronas o decisiones veladas promovidas por alguno de los bandos que se dicen representar a los ciudadanos.