viernes, 6 de diciembre de 2013

Nelson Mandela: la grandeza de la sencillez


El crepúsculo es claridad: alba y aurora. Se vislumbra desde el estreno del amanecer hasta la salida del Sol. Es vespertino también. Se inicia en poniente y finaliza hasta que cae la noche. El de Mandela sintetiza los dos significados de este término. Matutino y vespertino. En su larga trayectoria dio inicio a una nueva forma de vida en su país Sudáfrica. Su crepúsculo simboliza, tambien, el fin de una era.

La extensa vida de Mandela ha recorrido casi todo el atroz siglo XX. Ha sido testigo de una etapa cruenta, pródiga en aberraciones e infortunios, una de las más terribles de la historia. Contra su persona se enfilaron distintos tipos de violencia. La política para intimidarlo; la física para aterrorizarlo y la emocional para socavar su espíritu. Todas se estrellaron frente a su orgullosa dignidad y pudo evitar caer en la tentación de la violencia. Mandela recurrió a las  armas de la sencillez, la buena voluntad, la benevolencia, la esperanza, la reconciliación, la fe… Hoy en día nadie posee tanta autoridad moral como él.

Mandela nos convoca nuevamente. Nos emplaza en un momento crepuscular de nuestra historia. Vivimos, por así decirlo,  un momento Mandela; una coyuntura que exige poner en práctica las enseñanzas que proporciona su biografía.  En el país se vive una situación lamentable de polarización social y política. Desde luego, existen razones que propician este desencuentro. Por un lado, tenemos la acumulación histórica de grandes desigualdades sociales, por el otro, un escenario  político que ha dividido a los venezolanos en polos mutuamente excluyentes. Debido a estas circunstancias, me permito sentenciar,  que para  poder dirigirnos hacia una nueva alborada será  indispensable reconocernos todos, pobres y ricos, opositores y oficialistas, como venezolanos.

Esta reconciliación es posible. Pero en su construcción deberá asumirse a plenitud que con exclusión no puede haber reconciliación. Una alternativa para la paz y la convivencia en Venezuela, es absolutamente viable sí, respetando las diferencias, somos capaces de encontrar y promover las coincidencias y construir un clima de tolerancia y respeto. Reconocer al otro, aunque piense distinto, es la clave. Esta es una de las enseñanzas de Mandiba.

En estos tiempos turbulentos, el espíritu autónomo que define el alma universitaria exclama,  junto a Mandiba, estas estrofas del poema Invictus

Soy el amo de mi destino;
Soy el capitán de mi alma.

Mandela siempre en nuestros corazones.

Viva eternamente Nelson Mandela
Paz a sus restos



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