sábado, 4 de noviembre de 2017

Hacia la construcción de una nueva hegemonía política


Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores, el país se encuentra en una situación complicada. Pareciera que existe un desajuste entre la vida cotidiana y el sistema político. O, expresado en otros términos, la política no enuncia en su justa dimensión lo que acontece en la vida diaria de los ciudadanos. Por el contrario, esta dimensión de la vida colectiva va a contrapelo de la cotidianidad ciudadana. En otras palabras, los venezolanos enfrentan la crisis más profunda en su historia republicana. Y, sin embargo, no existe aún un relato que dé cuenta de esta situación y proponga una salida efectiva que permita superar este impase histórico. Quizá, esta ausencia constituya el signo inequívoco de la naturaleza de la crisis que soporta la nación.

Entiendo que estas afirmaciones son un tanto contundentes y, en cierto sentido, su generalidad no permite adentrarse con precisión en lo sucedido en los últimos acontecimientos políticos y electorales. Sin embargo, este distanciamiento me parece apropiado. Hay que tratar de discernir el sentido histórico de estos eventos para poder explicar sus resultados.

Formulemos algunas interrogantes. Quizá las respuestas a estas dudas permitan comprender la situación límite que padece la nación. Por ejemplo, ¿cómo esclarecer los últimos resultados electorales? ¿El ventajismo y otras argucias proporcionarían repuesta a esta interrogante? ¿Por qué los sufridos votaron por los responsables de su sufrimiento? ¿La elección de gobernadores, por ejemplo, abrirá sendas para la solución de los gravísimos problemas económicos, sociales y políticos nacionales? ¿Cómo explicar que en el marco de la crisis más profunda que ha vivido el país, sus responsables salgan victoriosos en esta contienda electoral?

Desde luego son preguntas complejas que apuntan a dos situaciones distintas. Por un lado, a la coyuntura. Vale decir, a lo que sucedió empíricamente. Por el otro, a su significación de naturaleza histórica. En el primer caso, ya se han elaborado los respectivos análisis y despejado algunas de las interrogantes formuladas al inicio de este breve escrito. En general los observadores coinciden en apuntar dos variables que explicarían estos resultados. Primero, el ventajismo clientelar utilizado por el oficialismo. Sin rubor alguno manipularon las necesidades de la población a través de los “puntos rojos” electorales, los “carne de la patria” y las bolsas CLAP. En otro ángulo, es necesario anotar la falta de vuelo estratégico de la oposición. Carencia esta que se evidenció en sus profundas diferencias y desconfianza que minaron la capacidad operativa de este grupo político. Desafortunadamente, en la actualidad, lo descrito tiende a profundizarse. Se observa una división alimentada a través de descalificaciones mutuas que desprestigian a este grupo opositor ante la opinión pública.

Ahora bien, ¿cuál es el sentido histórico de estos eventos? ¿Qué ponen en evidencia? Bien intentemos esbozar algunas reflexiones a partir de estas dos interrogantes. En mi opinión el país se encuentra bajo el imperativo que implica el cierre de un periodo histórico. Me refiero al lapso que se inició en el año 36 y que comienza dar muestra de agotamiento a finales de la década de los años setenta. Sobrevive artificialmente gracias a los aumentos sucesivos de la renta petrolera e inicia su clausura con el llamado socialismo del siglo XXI. En otras palabras, más allá de la actual coyuntura lo que se está poniendo sobre el tapate es el fin de una época y los síntomas del inicio de otra etapa histórica. Desde luego, para colocar el cierre definitivo al pasado se requiere de actores colectivos que comprendan esta peculiaridad histórica y, en consecuencia, elaboren el o los relatos que vayan construyendo un nuevo sujeto político sobre el cual apuntalar el futuro político del país.

Sin lugar a dudas, este es un proceso lento y complejo. Sin embargo, soy optimista. Estos últimos acontecimientos pueden servir de acicate para apresurar el surgimiento de estos nuevos relatos y sujetos políticos que inicien la construcción de una nueva hegemonía política en el país.

No tengo dudas, la política tiene que ser así.

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