sábado, 21 de abril de 2018

Falcón: si no emocionas, no convences


Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores, son casi treinta días lo que nos separan de las elecciones presidenciales. A pesar de su cercanía no se percibe la presencia de un clima electoral intenso. A diferencia de situaciones anteriores, la población no muestra entusiasmo y pasión a propósito de este evento electoral. Por el contrario, el ambiente político está siendo surcado por múltiples rumores. El más persistente apunta hacia una eventual suspensión de esta elección presidencial. No sería la primera vez que se cancelan estos comicios. Recordemos que la Asamblea Nacional Constituyente las había pautado para el mes de abril.

En cualquier caso, la atmosfera política no se encuentra marcada intensamente por el clima electoral. Antes por el contrario, prevalece en un amplio sector de la población un cierto desgano hacia este importante y crucial acto de sucesión presidencial. Inapetencia que pudiera transformase en una conducta abstencionista, no inducida, en amplios sectores de la población urbana del país.

Vamos a posar, brevemente, la atención sobre las posibilidades futuras del madurismo. En primer término es importante subrayar cierta debilidad política que presenta el régimen. El temor a las sanciones y la imposibilidad de tener acceso al crédito internacional, entre otras variables, coloca al presidente Maduro en una situación difícil de cara a sus aliados internos. Situación esta que pudiera presionar para suspender nuevamente las elecciones del 20 de mayo en aras de ganar tiempo e intentar organizar una nueva ronda de negociación. Es importante resaltar que una opción de esta naturaleza cuenta con simpatías dentro de sectores de la oposición democrática.

Por otra parte, la campaña electoral que despliega Falcón, hasta el momento, no ha podido motivar a los electores ubicados en la oposición. No emociona y, en consecuencia, no convence. En otras palabras, no ha podido conectarse emotivamente con la población descontenta. Aún no ha construido una mayoría electoral, política y cultural con potencialidad para desplazar al régimen socialista.

Bien, en el marco de esta descripción ¿cuál sería la estrategia apropiada? ¿Cómo responder apropiadamente a las demandas que formula la coyuntura política presente? En otras palabras ¿Qué hacer?

Desde luego son complejas las preguntas y sus respectivas respuestas. Voy a intentar describir un esbozo de explicación que proporcione líneas de reflexión que ayuden a despejar estas incógnitas.

El punto de partida para tener una visión apropiada de la coyuntura es comprender, en primer lugar, que estamos en presencia una crisis de naturaleza histórica. Los viejos moldes dentro de los cuales se practicaba la acción política ya no son útiles. De ahi las dificultades presentes en el frente opositor. Su imposibilidad para "leer" apropiadamente la actual crisis política.  En otras palabras, la presente crisis demanda la elaboración de una nueva narrativa que dé cuenta de esta situación y proponga la nueva visión de futuro. En el plano coyuntural, es indispensable inyectar a la práctica política el insumo social. El país, en la actualidad, se encuentra cruzado por una multitud de protestas de naturaleza social que carecen del acompañamiento de actores políticos significativos. Sin lugar a dudas, este distanciamiento enuncia la grave crisis que padece el estamento ortodoxo de la oposición democrática.

Aquí es importante hacer el siguiente señalamiento. El “desgano” electoral presente en vastos sectores de la población no obedece a una propuesta política específica. Por el contario, es el resultado de los numerosos errores de la dirigencia opositora y su dificultad programática de acompañar a la ciudadanía en sus luchas cotidianas. En otros términos, no han podido formular la opción apropiada que politice las innumerables protestas sociales que suceden diariamente a lo largo de la geografía del país.

En fin, la opción democrática, hasta el momento, no ha podido elaborar la propuesta que calce en las circunstancias del momento y que interpele apropiadamente a la población votante. De ahí la incertidumbre que alberga en vastos sectores de la población votante.

Sin lugar a dudas, la política es así.






viernes, 6 de abril de 2018

“Nuevo gobierno YA”

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Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores, estamos siendo testigos de una situación política inédita en el país. A propósito de las venideras elecciones presidenciales se ha comenzado a conjugar tres lógicas discursivas distintas. Esta multiplicidad, por así decirlo, es un síntoma claro del desiderátum histórico al que nos enfrentamos.

El país reclama con fuerza una apuesta que encare los gravísimos problemas que confronta la ciudadanía. Esta necesidad, a pesar de su urgencia, aún no ha sido satisfecha a plenitud. Los venideros comicios, por ejemplo, no colman en su totalidad el deseo de cambio existente en la población. Se podría asumir que lo electoral, entonces, no proporciona la respuesta apropiada que demanda la gravedad de la situación social y económica que padecemos los venezolanos.

Retomemos la afirmación inicial e intentemos describir las lógicas políticas que están en juego. La de mayor protuberancia es la que pretende prolongar el actual estado de cosas. Podríamos calificarla como la postura política que se aferra al pasado e intenta reproducir el “ancien régime”. Desde luego, esta apuesta es la que representa la reelección presidencial de Nicolás Maduro. Su ratificación, como presidente, es vital si este grupo político desea sobrevivir a los acontecimientos que lentamente se están gestando en el seno de nuestra sociedad.

Por otro lado, tenemos las candidaturas de cuatro candidatos que intentan disputar el poder al actual presidente del país. De ellos el que más resalta e intenta desplazar a Maduro es Henri Falcón. Una candidatura que surge sobre la creencia de que podría capitalizar el rechazo que existe en la población hacia el gobierno socialista. Sin embargo, su candidatura es percibida en amplios sectores de la población como restauradora del pasado. En otras palabras, no logra interpelar apropiadamente a los ciudadanos que rechazan este régimen. Su investidura es percibida como “más de lo mismo” y, en consecuencia, no consigue procesar adecuadamente el sentimiento de cambio que prevalece en la gran masa de votantes.

Por último, se encuentra la población que sufre duramente las actuales condiciones sociales, económicas, de inseguridad, etc. Que padece un deterioro progresivo de su calidad de vida. Y que no da señales de participar, en el plano electoral, a favor de las dos candidaturas mencionadas. Igualmente, vale la pena agregar que hasta el momento estos ciudadanos no han sido interpelados apropiadamente por los sectores democráticos que hacen política en el país y que intentan formular una alternativa distinta a las oficialistas. Con esta última afirmación ¿qué pretendo señalar?

Diariamente se suceden en el país diversos conflictos asociados al quehacer diario de los ciudadanos: insuficiencia en el suministro de agua, electricidad, transporte, vivienda, seguridad; altas tasas de desempleo, ausencia de liquidez, pobreza generalizada, etc. Sin embargo estos antagonismos no han sido, aún, articulados a una lógica y/o solicitud de naturaleza política. No se han politizado. En fin, lo que pretendo señalar es que existe una oportunidad de naturaleza discursiva de transformar estas distintas demandas en equivalentes frente a un antagonista o adversario. En otras palabras, lo que proporciona sentido político a estas demandas es su organización en una cadena cuyo último eslabón seria cuestionar la hegemonía de quien detenta el poder.

Desde luego, el sector de la oposición que participa en el torneo electoral no concibe su actuación en estos términos. No cuestionan la raíz que genera estas distorsiones que está padeciendo la población. Su electoralismo lo aleja de la ruta de politizar la cuestión social en el país.

Aquí se abre, entonces, una oportunidad para confeccionar una oferta que proporcione sentido político a la contingencia de no participar electoralmente en la elección presidencial. Para alcanzar esta meta se requeriría elaborar un relato que encadene connotativamente las distintas carencias (salud, desempleo, hambre, inseguridad, violencia policial, etc.) que padece la población en torno a una sola consigna. Por ejemplo: NUEVO GOBIERNO YA.

Solicitud que sería exitosa en la medida que condense estas carencias que sufre la población y sea asumida por los ciudadanos en sus luchas cotidianas. Desde luego, este es un ejemplo destinado a ilustrar, por un lado, la necesidad de elaborar una oferta de naturaleza política y, por el otro, dotar de sentido a las múltiples carencias que en la actualidad padece la población.

No tengo dudas, la política es así.


sábado, 24 de marzo de 2018

Domingo de Ramos. Tiempo de rebeldía


Nelson Acosta Espinoza
Amigos lectores este domingo da inicio a la Semana Santa. La festividad religiosa más importante en Venezuela y el mundo católico. En ese día millones de feligreses confirman su fe y amor por Jesucristo. El Domingo de Ramos los devotos conmemoran la entrada triunfal de Jesús de Nazaret a Jerusalén.

Igualmente, es importante rescatar el sentido político de esta celebración. Jesús, como Mesías servidor, que va hacia la muerte y se enfrenta a los que oprimen al pueblo. Su sacrificio, es un acto de rebeldía que denuncia a los tiranos del pasado y el presente. Este último significado tiene pleno sentido en la Venezuela de hoy.

Un grupo de venezolanos convocamos a ejercitar un acto de rebeldía política en relación a la convocatoria de las elecciones presidenciales. Se espera que este evento tenga lugar el 20 de mayo. Sin lugar a dudas, de llevarse cabo significaría la concreción de un autentico fraude electoral y, desde luego, no resolverá ninguno de los problemas que acogotan a los venezolanos hoy día. En un reciente documento un conjunto de organizaciones de la sociedad civil manifestaron su posición en torno a esta convocatoria de elecciones. “…No van a detener el proceso genocida que se acomete por la vía de la hambruna que amenaza con generalizarse y de la extrema precarización de los servicios de salud, escoltada por una gravísima carencia de medicinas. Tampoco van a frenar la acelerada pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos y de los puestos de trabajo. La patética crisis en la en la que se hunde la Patria continuará su curso destructivo, a pesar del tono festivo con el que el Régimen pretenderá disfrazar el simulacro de elecciones”.

Esta posición, desafortunadamente no es compartida por la totalidad de los actores políticos. Un numero de compatriotas acompañan la iniciativa electoral de Henri Falcón: Eduardo Fernández, Felipe Mujica, Claudio Fermín, entre otros, respaldan las aspiraciones presidenciales del ex gobernador del Estado Lara. Las razones sobre las cuales sustentan esta posición son ambiguas. Reconocen que el proceso electoral se encuentra contaminado y cuestionado. Sin embargo, insisten en participar bajo el argumento de que estarían en capacidad de interpelar amplios sectores de la población. En especial a sectores del chavismo descontento. Igualmente, Henri Falcón apuesta a transformarse en un actor de primera línea en el futuro proceso de transición que, a juicio de este actor político, inevitablemente ocurrirá en el país.

Desde luego la posición de este grupo de venezolanos es legítima. Sin embargo, en mi opinión se sustenta en una desacertada visión de la realidad social y política del país. No asumen adecuadamente el sentimiento de desasosiego prevaleciente en la población. Antes por el contrario, va en dirección contraria del malestar social presente en la ciudadanía. Y, en consecuencia, no está en capacidad de procesarlo discursivamente.

En un cierto sentido, la participación de Falcón en las presidenciales es percibida como una jugada táctica que agrega poco valor a la formulación de un proyecto político alternativo. Es percibido, en términos restauradores del pasado político reciente.

En fin, existe una profunda desazón en la ciudadanía. Es imprescindible, entonces, procesar ese malestar. Asumirlo políticamente. Transformar esta carencia en el punto de partida de la elaboración política con la cual los demócratas contestaremos el fraude político y electoral que ha convocado el gobierno.

El ejemplo de Jesús de Nazaret es aleccionador. Son tiempos de arrojo y sacrificios. Lejos de cálculos políticos. Es por ello que los demócratas “nos sentimos convocados a dar categórica respuesta, con astucia y coraje, para en unidad apuntalar el obligado cumplimiento del artículo 350 de nuestra Constitución en el marco de una CONSULTA CIUDADANA, de genuina obediencia constitucional”

No tengo la menor duda, la política es así.


jueves, 15 de marzo de 2018

Politizar el malestar social existente en el país


Nelson Acosta Espinoza.
Bien, amigos lectores, la situación política, social y económica del país se deteriora cada día más. Ese funesto experimento llamado socialismo del siglo XXI ha colocado a la nación en una situación inmanejable. Todas y cada una de las instituciones responsables de brindar seguridad y calidad de vida a la población se han destruido. Pose su mirada, por ejemplo, en instancias como educación, salud, seguridad, transporte, alimentación, pare usted de contar, y encontrará estos servicios en condiciones lamentables e incapaces de responder efectivamente a las demandas de la población. Agregue la presente situación de escasez y concluirá que el país está destruido.

En el marco de este contexto un sector del mundo político se apresta a concurrir a elecciones presidenciales, Concejos Municipales y Consejos Legislativos Regionales. Desde luego, en situaciones normales y con un grado alto de institucionalidad esta sería una salida razonable. Después de todo, en democracia se cambian los gobiernos a través del ejercicio del voto. Pero resulta y, espero no equivocarme, que esta condición (democracia) es inexistente en el país. No existen garantías para la celebración de unos comicios verdaderamente competitivos. A esta circunstancia habría que agregar que de darse la realizacion de unas elecciones con un árbitro equilibrado las  perderían. Después de todo, como lo ha señalado el padre Ugalde, “comunistas no entrega el poder por elecciones burguesas”.

Ahora bien, ¿cuál debería ser la conducta apropiada de los demócratas? Desde luego, insistir en la búsqueda de una salida democrática y presionar por la celebración de elecciones limpias como un paso en la vía de reconciliar al país. Para alcanzar este objetivo, pareciera necesario diseñar estrategias comunicacionales que tengan como objetivo politizar el malestar social presente en la población. Ahora bien, ¿qué pretendo significar con esta expresión? ¿La oposición, por ejemplo, ha intentado procesar esta dimensión constitutiva de nuestras identidades colectivas?

Bien voy a intentar reflexiona, brevemente, sobre estas interrogantes.

En principio es primordial señalar lo siguiente. El gobierno chavista madurista tuvo éxito en construir una subjetividad que ha tolerado un incremento significativo del malestar social sin mayores expresiones políticas del mismo. El asistencialismo y programas como el carnet de la patria, por ejemplo, han sido instrumentos para neutralizar las expresiones del desazón social presente en la población. En contrapartida, la oposición no ha tenido éxito en capitalizar esta sensación de malestar y traducirla en capital político. Desde luego, esta es una afirmación de tono relativo.

Soy de la opinión de que el virus electoralista, desprovisto de la dimensión social, ha contaminado las expresiones y el contenido de las propuestas del sector democrático. Sus campañas han sido diseñadas en términos convencionales y alejadas de la problemática social, cultural y psicológica que definen la subjetividad de la población susceptible de acompañar electoralmente a este sector político. En otras palabras, no han sabido manejar apropiadamente el malestar presente en la ciudadanía y traducirla en apuestas de naturaleza política.

En la actualidad existe una profunda desazón en la ciudadanía. Y los mecanismos gubernamentales para neutralizar esta sensación están devaluados. La crisis fiscal del estado ha disminuido la capacidad asistencialista del gobierno. En otras palabras, en las actuales circunstancias el punto de partida de los sectores democráticos debería ser la articulación de esta carencia y malestar presentes en la población. Y, a partir de ahí, traducir esta sensación en opciones de naturaleza política y/o electoral.

Lo que intento subrayar es que el sufrimiento cotidiano de la totalidad de la población debería constituir el punto de partida del accionar político de los demócratas. Lo electoral, en consecuencia, habría que asumirse como resultado de esta toma de conciencia. No al revés.

En fin, apropiarse discursivamente de este malestar supondría, por un lado, asumir políticamente este dolor colectivo y, por el otro, transformar este sentimiento en un insumo para la construcción de un nuevo relato que proporcione los fundamentos de la democracia por venir.

Sin la menor duda, la política debería ser así.

sábado, 3 de marzo de 2018

“Elecciones en rebeldía”


Nelson Acosta Espinoza
Amigos lectores, a continuación transcribo un importante pronunciamiento de calificadas organizaciones de la sociedad civil carabobeña. En este documento se reflexiona sobre la próxima convocatoria de elecciones y se anuncia una consulta ciudadana en fecha coincidente con el proceso convocado por el espurio CNE. La denominan elecciones en rebeldía para rechazar el fraude electoral presidencial del 20 de mayo con una sola pregunta: ¿Quiere usted que el Presidente Maduro sea reelecto? A continuación el escrito.

“Para el 20 de mayo están convocadas unas elecciones presidenciales. Pero éstas, además de representar la concreción de un auténtico fraude constitucional, no van a resolver ninguno de los problemas que hoy día aquejan a los venezolanos. Ellas no van a detener el proceso genocida que se acomete por la vía de una hambruna que amenaza con generalizarse y de la extrema precarización de los servicios de salud escoltada por una indolente carencia de medicinas. Tampoco van a frenar la acelerada pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos así como de puestos de trabajo. La patética crisis en la que nos hundimos continuará su curso destructivo, a pesar del tono festivo con el que el Régimen pretenderá disfrazar ese simulacro de contienda electoral.

La abstención pasiva no puede ser la respuesta de los demócratas. Todo lo contrario. No nos es permitido rehuir el desafío que nos propone el Régimen mafioso al pretender de manera, desvergonzadamente, abusiva y descarada adelantar tan monumental fraude.Frente a tal bufonada, los demócratas nos vemos precisados a dar oportuna respuesta, con astucia y con coraje, a fin de apuntalar, con la participación de todos, el obligado cumplimiento del artículo 350 de nuestra constitución en el marco de un proceso cívico de genuina obediencia constitucional.

Constituye un deber ciudadano rebelarnos contra esa inoficiosa farsa electoral. En este orden de ideas, “Punto de Encuentro Para la Unidad Nacional”, “IFEDEC Carabobo”, “Carabobeños por la Democracia” y el “Observatorio Venezolano de las Autonomías”, proponemos al resto de las organizaciones de la sociedad civil carabobeña así como a los partidos políticosnacionales y regionales que ejercen activismo en nuestro estado, considerar la realización de una consulta ciudadana en fecha coincidente con el proceso convocado por el espurio CNE, unas auténticas elecciones en rebeldía, para rechazar el fraude electoral presidencial del 20 de mayo con una sola pregunta: ¿Quiere usted que el Presidente Maduro sea reelecto?

Convencidos como estamos que una inmensa mayoría de los venezolanos deseamos un profundo cambio en el modelo y estilo de conducción de nuestro país, tendiente a producir estructurales y eficaces soluciones a los ingentes problemas que nos aquejan, creemos que la exitosa ejecución de la consulta que proponemos tendría un gran impacto a través de los medios de comunicación nacionales e internacionales. 

La percibimos como una acometida estratégica que le imprimiría energía movilizadora, direccionalidad y propósito a la instauración de ese demandado proceso cívico de obediencia constitucional al que hicimos referencia. En este sentido, de tener esta propuesta de elecciones en rebeldía un amplio consenso regional, bien valdría la pena que ella se transformara en una invitación desde el Carabobo, tradicionalmente libertario, al resto de las fuerzas democráticas en el ámbito nacional para transitar juntos en el diseño y construcción de una respuesta cívica, valiente y honorable a la absurda pretensión madurista de continuar destruyendo nuestro país.”

sábado, 24 de febrero de 2018

¿Qué hacer?

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Nelson Acosta Espinoza
Bien, amigos lectores, el panorama político del país tiende a ensombrecerse. La decisión de la MUD de no participar en las venideras elecciones presidenciales añade un ingrediente catalizador de potenciales antagonismos. Por otra parte, el oficialismo intentó enlazar la elección presidencial con la de los diputados de la Asamblea Nacional, Consejos legislativos y concejales municipales. Sorpresivamente el Consejo Nacional Electoral descartó, por ahora, esta alternativa. La postergó para una fecha por definir.

En fin el panorama político luce sombrío. El futuro inmediato se presenta preñado de obstáculos y dificultades. Pareciera que las normas que tradicionalmente definieron el juego político han cambiado. De hecho, el país y sus ciudadanos se enfrentan a nuevas circunstancia y reglas que precisarán la conducta de los actores políticos en el futuro inmediato. Corresponde a estos actores definir la conducta a seguir en el marco de este nuevo escenario.

En el plano de la realidad objetiva no hay dudas. Así por ejemplo tenemos: sector publico en insolvencia; caída dramática del producto interno bruto y la producción de la industria petrolera; empobrecimiento progresivo de la población a causa del fenómeno de la aceleración inflacionaria hasta el punto de alcanzar la denominada hiperinflación; éxodo masivo de venezolanos hacia los países vecinos en búsqueda de un refugio contra la crisis; el salario mínimo alcanza a duras penas 33 centavos de dólar diarios y solo alcanza para cubrir el 2% de la cesta normativa de alimentos. En fin, la población enfrenta una situación inédita en la historia del país. Ese carácter (inédito) exige la formulación de estrategias distintas a las que han prevalecido en la actualidad. En cierto sentido, los sectores democráticos deben responder, ante estas nuevas circunstancias, la interrogante de ¿qué hacer?

En principio es fundamental entender las características que definen el nuevo escenario donde tendrán que desenvolverse los actores políticos. La primera constatación es sencilla: agotamiento del electoralismo y la necesidad de posar la mirada en las circunstancias sociales que cercan a los habitantes de este país. En otras palabras: politizar la situación social de la población debe constituir una tarea urgente. A partir de este principio habría que reorganizar los partidos y movimientos sociales para que puedan, por un lado, asumir la agenda social y, por el otro, traducir estas demandas en el plano político.

Desde luego que no es una tarea fácil. Lo que se está planteando es romper en forma definitiva con la forma clásica de hacer política. Desechar hábitos, usos y costumbres que se solidificaron en el periodo democrático y que no pudieron impedir la restauración chavista. Esta última frase puede generar confusión y polémica, Así que prestemos atención a la misma. ¿Qué se intenta significar con esta expresión? ¿Restauró el chavismo viejos hábitos de la depreciada cultura democrática? Lo que se intenta significar es que el asistencialismo y el populismo no son ajenos a nuestra historia democrática. Con diferencias en énfasis han sido sustentos de las políticas públicas en la IV y V república. Y, en cierto sentido, ambos relatos comparten aspectos sustantivos.

En fin, lo que pretendo enfatizar es que estamos presenciando el agotamiento de estas prácticas y la oportunidad de reemplazar este viejo relato por uno más ajustado a las demandas de las actuales y futuras circunstancias políticas. Agotada la tentación electoralista se abre un abanico de posibilidades tácticas y estratégicas en el campo de la oposición. No desperdiciemos esta oportunidad de construir un escenario democrático para el país. Un punto de encuentro para los protagonistas de la nueva democracia.

La política es así.

domingo, 11 de febrero de 2018

¿Qué hacer en las actuales circunstancias políticas?


Nelson Acosta Espinoza

Fracasó el dialogo en República Dominicana. Hasta cierto punto este resultado era previsible. Desde luego, con esta afirmación no pretendo descalificar el equipo de expertos venezolanos que asistieron y brindaron su asesoría a nuestra delegación. Hicieron bien su trabajo. En otras palabras, era imperativo intentar la negociación en la búsqueda de una salida electoral a la crisis. Esa conducta era la apropiada y la que responsablemente demandaba las circunstancias. El gobierno por el contrario, opto por dar una patada a la mesa. Ganó tiempo y se apresta a celebrar las elecciones presidenciales. Evento, sin la menor dudad, que difícilmente logrará concitar entusiasmo en la totalidad de la población.
En forma muy resumida este es el escenario sobre el cual deberán actuar los partidos democráticos y donde se decidirá el futuro político inmediato del país. Voy a intentar profundizar en algunas de estas opciones.

Las alternativas son pocas y de difícil ejecutorias. La primera seria aceptar participar en la contienda electoral. De ser este el caso, la oposición se enfrentará a la titánica tarea de depurar y obtener garantías para el desarrollo legítimo de estas elecciones presidenciales. Los partidos que decidan participar en este evento, sin lograr la modificación de la normativa electoral, quedarán ante la historia como un grupo de pusilánimes sin voluntad para enfrentar a este régimen que, sin duda alguna, intenta utilizar esta consulta para crear la ilusión de que el gobierno tiene legitimidad porque originó su mandato en el voto popular.

Las interrogantes salen a boca de jarro. ¿Es posible obtener garantías para la realización de unas elecciones competitivas? ¿Hay tiempo suficiente para conseguir condiciones de esa naturaleza? Mi respuesta a estas incógnitas es que no es posible alcanzar el escenario apropiado para le realización de unos comicios dotados de legitimidad. De llevarse a cabo, estaríamos en presencia de una parodia electoral que no contaría con la aprobación de la comunidad internacional y, desde luego, no despertaría entusiasmo en la población. La abstención sería su consecuencia más inmediata.

Sin embargo, el presidente Maduro está decidido a reelegirse en un escenario semejante al que prevaleció con la constituyente. Corre el riego, de provocar una situación parecida a la que sucedió con el plebiscito del año 1957 y que provocó la caída del otro militar felón: Marco Pérez Jiménez.
Ahora bien ¿qué hacer? ¿Cuál sería la conducta apropiada para la población que rechaza a este régimen? ¿Cómo pueden aprovechar los demócratas esta circunstancia electoral? En fin, ¿cómo definir la conducta apropiada a estas circunstancias políticas?

Las respuestas a estas interrogantes son complejas. A esta condición hay que agregar la premura que impone el tiempo: la elección presidencial está pautada para el 22 de abril. El registro electoral permanecerá abierto hasta el 22 de febrero.
Tengo la convicción que el carácter de esta coyuntura y las tareas que ella supone son más de carácter político que electoral. ¿Qué pretendo indicar con esta distinción? En principio determinar cuál es la tarea prioritaria del momento. La podríamos definir como la imperiosa necesidad de desarrollar un punto de encuentro que propicie la unidad de los venezolanos y la solidaridad activa con los ciudadanos que sufren las terribles condiciones impuesta por las políticas del gobierno. Y, a partir de ahí, desarrollar una estrategia apropiada a estas circunstancias.

En otras palabras, me parece que en el marco del escenario presente lo prioritario sería elaborar y poner en práctica una iniciativa de esta naturaleza. Con el propósito de restaurar la confianza de la población en la política y elaborar un relato que sirva de guía en cualquiera de los escenarios futuros.

Esta iniciativa tendría una tarea prioritaria: politizar las terribles circunstancias sociales que acogotan a la población. De llevarse a cabo esta faena se restablecería la conexión entre lo social y la opción política. Vinculo que la desviación electoralista permitió que se perdiera y, que en las actuales circunstancias, reponer este lazo es vital para el desarrollo de una política que restituya la democracia y enfrente la profunda crisis que atraviesa el país.

En fin, la tarea prioritaria podríamos sintetizarla como la creación de muchos puntos de encuentro que faciliten la politización de las calamidades sociales y desarrollen una propuesta que desafíe el carácter plebiscitario de la elección presidencial.

Sin la menor duda, la política es así.


















Actuar para ganar

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SIMON GARCIA.
En Santo Domingo el gobierno hundió la posibilidad de elecciones libres y mantuvo la operación para quedarse en Miraflores por cualquier medio. Ese intento producirá más hambre, muerte, destrucción y ruina. Todos pagaremos con sangre y calamidades el bloqueo de unas elecciones democráticas, a menos que el 22 de abril irrumpa masivamente el país descontento.

Llamar ahora a la abstención es apartarse del sentido que tuvo no avalar las ventajistas condiciones oficialistas. Pero rechazarlas no conduce automáticamente a suponer, contra evidencias, que abstención tumbe dictaduras, ni a ignorar – también contra ellas – que la trampa oculta del gobierno es lograr convertir la mayoritaria oposición social en minoría electoral. No votar ayuda a ese plan.

Algunos sectores opositores argumentan de buena fe que votar es legitimar. Pero ese no es un criterio suficiente. Nuestra abstención no evitó que se eligiera la Asamblea Constituyente ni que funcionara como una realidad. Las dictaduras no se legitiman en el voto, sino en las armas, los tribunales y la minoría que manda autocráticamente.. 

¿Incurriremos en esa confusión en las elecciones presidenciales?

No votar, especialmente sin día después, es una entrega voluntaria del país a la dictadura. El imperativo moral de la oposición es crear condiciones y sumar fuerzas para rescatar la democracia y salvar al país del hambre. Votar es una acción de enfrentamiento, de lucha, de rebeldía y deslegitimación. 

¿Quedarse en casa que es?

Las encuestas indican que el 70 % de la población quiere votar y en su mayoría rechazará el modelo y la gestión de este gobierno. ¿A nombre de cual objetivo pueden las fuerzas opositoras, en medio de enfermos y sectores populares luchando por vivir, llamarlos a que rindan su derecho al voto, en vez de trabajar por aumentar este porcentaje, elevar su participación activa y preparar al país para derrotar la trampa y ganarle al fraude?

Los hoy abstencionistas son necesarios y hay que oírlos, persuadirlos. Favorecer que expresen sus puntos de vista sin descalificar a quienes consideran que el gobierno no es invencible. Su propia base popular, recibiendo bonos a costa de humillaciones, quiere ejercer el voto castigo y en su rebeldía ofrece un punto de encuentro entre fuerzas que han sido el sostén de los dos polos que se han enfrentado inútilmente estos años.

El madurismo es la forma inhumana, ilegal y violenta de ejercer el poder. Maduro no expresa a todo el chavismo y al borde del precipicio, pretende arrastrar tras de si a toda la sociedad. Maduro, debilitado internamente y aislado internacionalmente se agarrará de la abstención para manotear duro a los opositores, aumentar la desmoralización y perpetrar su fraude con menores costos.

Participar en estas elecciones será un desafío complicado para la MUD y las fuerzas democráticas fuera de ella. Si alcanza el primer milagro, seleccionar un candidato unitario, debe rodearlo del mayor respaldo de partidos, instituciones y organizaciones de la sociedad civil. Y mostrar mucha amplitud, más conexión popular y más ganas de actuar para ganar.


miércoles, 31 de enero de 2018

“Hay que diferenciar lo político de lo electoral”


Nelson Acosta Espinoza
Las condiciones sociales, económicas y políticas en el país se han venido deteriorando en forma apresurada en los últimos meses. En la actualidad somos depositario de la tasa de inflación más alta del mundo. El desabastecimiento, por otra parte, es brutal. Basta recorrer los supermercados para observar la desolación que presentan sus estantes. En fin, el empobrecimiento es total: abarca a la población con independencia de su nivel de ingreso. Nunca en la historia del país se había presentado una calamidad de esta naturaleza.

A pesar de lo dramático de esta situación los partidos que hacen oposición no han dado cuenta apropiadamente de la grave situación que confronta la población. Hasta cierto punto, su conducta no logra superar los atavismos heredados del pasado. Y, en consecuencia, la crisis supera abiertamente la estrecha percepción que sustenta su evaluación del momento político. De ahí, el escepticismo que reina en amplios sectores de la población. En fin la clase política, hasta este momento, no ha estado a la altura de las necesidades ciudadanas. Por el contrario sus intereses particulares y electorales han marcado su percepción y conducta colectiva.

Quizá, la dificultad radica en una equivocada lectura de la coyuntura. Pareciera que estos sujetos políticos no han distinguido apropiadamente la diferencia entre el momento político y el electoral. Voy a intentar, dentro de lo posible, establecer las distancias existentes entre ambas circunstancias.

En principio es importante subrayar la primacía de la política sobre la coyuntura electoral. Si se quiere la segunda (el momento electoral) es una consecuencia de la primera dimensión. Es decir, en principio se construye los requerimientos de naturaleza política y posteriormente se concretan en una apuesta comicial. ¿Qué intentamos subrayar con esta afirmación? ¿No han entendido los partidos políticos la particularidad del momento actual? ¿Se comportan con los condicionamientos que caracterizaron su conducta en el pasado?

Bien intentemos dar respuestas a estas interrogantes. El punto de partida sería el siguiente: El momento actual es político. ¿En qué sentido? En términos de acuerdo a los cuales la tarea prioritaria seria desarrollar un punto de encuentro que propicie la unidad de los venezolanos y la solidaridad activa con los ciudadanos que sufren las terribles condiciones impuesta por las políticas del gobierno. Y, a partir de ahí, desarrollar la estrategia apropiada a las circunstancias, sea estas electorales o de otro signo.

En otras palabras, me parece que en el marco del escenario presente lo prioritario sería elaborar y poner en práctica una iniciativa de esta naturaleza. Con el propósito de restaurar la confianza de la población en la política y elaborar un relato que sirva de guía en cualquiera de los futuros escenarios.

No en balde, los estudios de opinión muestran que la población siente una cierta desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales. Igualmente, apuntan a señalar la necesidad de elaborar una oferta innovadora que marque distancia con las prácticas políticas del pasado. En el fondo, la ciudadanía apuesta por la construcción de una unidad de propósito que pueda restaurar el entusiasmo electoral. Es importante subrayar, igualmente, que el rechazo al presidente Maduro no se traduce automáticamente en votos para un candidato democrático.

En este orden de ideas es importante prestar atención a una iniciativa desarrollada por un conjunto de personalidades del estado Carabobo. Me refiero al documento denominado “Punto de Encuentro Para la Unidad Nacional” que fue presentado a la consideración de la opinión pública el pasado 25 del mes de enero.

Esta propuesta coincide, en líneas generales, con las consideraciones expresadas en el presente artículo. Plantea como objetivo, por ejemplo, la construcción de la unidad nacional “…que integre a todos los sectores representativos de la sociedad venezolana…Unidad que esté por encima de los partidos y que sea representativa del mayoritario e inmenso deseo de cambio que se respira en el país”.

Bien, tenemos una oferta política ajustada a las circunstancias presentes y que recoge el sentir mayoritario de la población. Apuesto por su éxito y suscribo sus consideraciones.

Sin lugar a dudas, la política es así.


PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA UNIDAD NACIONAL*




Quienes suscribimos esta declaración de prensa dirigida a los medios de comunicación social, hacemos pública nuestra decisión de organizarnos en un movimiento generador de opinión, tanto en el ámbito regional como nacional, dirigida a promover la unidad nacional y el consenso como los procesos políticos más idóneos para:

En primer término, lograr la concertación en torno a un proyecto de país y el correspondiente plan de acción contentivo de un conjunto de líneas estratégicas fundamentales para una transición, cuyas metas sean el resolver la grave situación de crisis humanitaria e inviabilidad económica que nos aquejan, así como consolidar la reinstitucionalización de la república en todos los ámbitos de su accionar colectivo.

En segundo término, estamos persuadidos que debería continuarse activando el mecanismo de consenso, a los efectos de la selección de un auténtico candidato unitario para las elecciones presidenciales de este año. Consideramos que el consenso, como proceso integral visibilizado con absoluta transparencia hacia todos los venezolanos, es la vía idónea para lograr la recuperación del entusiasmo y la motivación en los ciudadanos por su participación electoral en tan crucial evento. En este sentido, nos parece inconveniente la ruta anunciada por algunos de los más importantes partidos que integran la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), en lo que respecta a la realización de unas elecciones primarias para la escogencia del candidato “unitario”.

Consideramos, con relación a lo planteado, muy pertinente hacer la siguiente acotación: cuando hablamos de unidad nacional, nos referimos a una unidad que integre a todos los sectores representativos de la sociedad venezolana: Iglesias; Universidades; Empresarios; Trabajadores; Educadores; Gremios Profesionales; Partidos Políticos; Jóvenes; Academias; ONGs, etc. Una unidad que esté por encima de los partidos y que sea representativa del mayoritario e inmenso deseo de cambio que se respira en el país. Nos resulta inimaginable pensar, que podamos continuar soportando por muchos años el afán destructor de un régimen el cual, superado el escollo de unas últimas elecciones que se celebrarían con algún resquicio de democracia, seguramente se abocaría a consolidar una férrea dictadura y, con ella, concretar su anhelada pretensión de eternizarse en el poder.

Precisamente, por esta razón es que necesitamos de la movilización masiva de los electores. Para derrotar ampliamente tales pretensiones y lograr el urgente e indispensable cambio que demanda la sociedad venezolana. No creemos necesario, en esta oportunidad, ahondar demasiado en el diagnóstico. Venezuela ha entrado en un preocupante estado de inviabilidad y sostenibilidad de su economía vital, cuando los empobrecidos salarios han llegado a un nivel tal que ya no se puede vivir del trabajo. Ni tampoco acudir a él, porque cada día el colapso del sistema de transporte, sus altos costos y la gravísima crisis de efectivo suponen una creciente obstaculización del fundamental cumplimiento laboral.

Venezuela ha entrado en la recurrente vivencia de una tragedia, a juzgar por los indicadores de desnutrición; de muertes innecesarias, por falta de medicamentos o a consecuencia de una extremadamente inadecuada atención de salud. Nos encontramos inmersos en el epicentro de una crisis humanitaria nunca antes vista cuya progresión dinámica debe ser detenida ya. De proseguir el Régimen en el poder, continuará profundizándose. Ya ha dado muestras hasta la saciedad de no estar en capacidad, ni tener el deseo, de producir el imprescindible cambio de rumbo que requiere el país.

No podemos, en consecuencia, darnos el lujo de perder las próximas elecciones presidenciales. El riesgo que corremos es demasiado alto. Por ello, nuestro llamado a que nos entendamos sin traumas e innecesarios enfrentamientos, para poder encarar, sin zancadillas, a un régimen abusador y corrupto. Hay que pensar primero en el país y deponer intereses personales. Nos proponemos, identificados con los principios de unidad nacional y consenso, el primordial objetivo de regenerar la confianza colectiva del país en sus líderes y, así, hacer renacer la esperanza en el voto como instrumento de cambio. Esta es la vía para lograr la cristalización de la mayoría social con la que contamos, en un gobierno de unidad nacional que ejecute una transición construida sobre la base de eficaces consensos.

*Rueda de prensa ofrecida el 25/01/2018